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      La batalla por la energía en México

      Miércoles, Abril 27, 2022
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      El debate sobre el futuro de la energía necesita mayor rigor e información y ser menos visceral
      Doctor en Física por la Universidad de Michigan (EE. UU.), especialista en temas de Física de Altas Energías y del Cosmos. Estudios en temas de educación en el Seminario CIDE-Yale de Alto Nivel (2016). Premio Estatal Puebla de Ciencia y Tecnología (2009). Miembro del SNI, Nivel lll.
      La batalla por la energía en México

      Durante estos años hemos sido testigos del debate que se ha presentado en los medios e incluso en la academia, sobre las medidas que impulsa el gobierno de la 4T en diversos ámbitos. Es un debate que se mantiene de manera constante, y muchas veces parece más visceral y estridente que riguroso e informado, lo cual impide analizar su consistencia lógica o su viabilidad técnica.

      Tomemos por ejemplo el caso de la energía, cuya reforma propuesta por la 4T ha sido rechazada recientemente en el Congreso mexicano. Del lado de la oposición se argumenta que tal reforma hubiera traído un retroceso, que terminaría por afectar la inversión extranjera. Se dice que se trata de un paso más en contra de la modernidad, con medidas que no lograrían atender la demanda de energía a futuro. Se alega que con esa reforma tampoco se hubieran logrado que los precios de la electricidad o los combustibles, se mantuvieran o bajaran para el consumidor.

      Un lector promedio de los diarios, ya no digamos un especialista, bien podría levantar la ceja y preguntarse qué tan rigurosos son esos argumentos. Por ejemplo, con sólo leer las noticias sobre el aumento descomunal de los precios de la electricidad en España, se justifica que uno se pregunte si lo que está defendiendo la oposición no sería justamente el causante de dicha crisis. Sumado a ello, vemos las noticias acerca de las medidas que están impulsando gobiernos de Europa, como Francia y Alemania, para que el estado asuma un papel más activo en el asunto de la energía.

      La opinión de muchos comentaristas en nuestro país, parece olvidar las crisis que ha vivido el sistema económico mundial, desde principios del siglo XXI, las cuales deberían obligarnos a dudar de la validez del dogma neoliberal. Esa corriente ideológica propone dejar por completo que las fuerzas del mercado rijan el funcionamiento de la sociedad.

      Desde un punto de vista científico se puede argumentar a favor o en contra de una cierta teoría, pero cuando la realidad choca contra las predicciones del modelo, una actitud honesta debería llevarnos a analizar la validez de las hipótesis fundamentales de la teoría. Es en ese punto donde se distingue el pensamiento del político y de los intereses económicos, respecto del auténtico pensamiento científico. Mientras los primeros tratan de ocultar los datos o ajustarlos a sus objetivos, para los segundos se trata de confrontar los modelos con la realidad y cuando fallan las predicciones se debe buscar una explicación alternativa.

      Así pues, podemos preguntarnos sobre los problemas de la oferta de electricidad en nuestro país. Por ejemplo, durante los sexenios del PAN y de Enrique Peña Nieto, se presentaron algunos casos de inundaciones en diversos estados del sureste. Se dijo entonces que eso había sido provocado por el uso limitado de las hidroeléctricas, en parte para cumplir los contratos con las empresas españolas asociadas con la producción de electricidad. Incluso se publicaron en los medios diversos estudios para contrarrestar estas acusaciones, en los cuales de una manera hasta candorosa se reconoce que la razón por la cual no se usa todo el potencial hidroeléctrico está asociado con los mecanismos de oferta y demanda de energía, en un sistema parcialmente privatizado.

      El sistema funciona de un modo tal que, si se genera una mayor oferta de energía, esta tiene un menor valor, mientras que cuando la demanda es mayor, el precio de la energía sube. Puede ocurrir que las generadoras privadas tengan un costo menor, entonces ese sistema preferiría usar menos energía de las hidroeléctricas, para que el consumidor pague un precio menor. Sin embargo, en esa ecuación parece importar poco la seguridad de la población.

      Ese caso ilustra lo peligroso que es dejar que las fuerzas del mercado dominen un sector estratégico del país. La prioridad de las empresas es la ganancia, pero muchas veces esto puede ser perjudicial para la sociedad. En un sistema democrático es mediante las leyes que se trata de establecer controles mínimos para evitar abusos de parte de los poderes económicos. Sin embargo, puede ocurrir que existan resquicios legales que permitan esos abusos, es el caso, por ejemplo, de los altos precios de la electricidad en España.

      Ahora bien, en el caso del gobierno tampoco se presentan de manera clara los argumentos técnicos que permitan apreciar todas las bondades de la reforma que propusieron. Al Presidente le parece una mejor estrategia apelar a las emociones de la mayoría, que le dan un voto de confianza reflejado en sus altos niveles de aceptación. Sin embargo, esa estrategia no parece estar interesada en ganar a los indecisos y mucho menos a los opositores.

      Lo ha dicho muy claro AMLO, que prefiere 90 por ciento de honestidad y 10 por ciento de capacidad. Sin embargo, con esa ecuación parece difícil plantear un escenario con un futuro que conjugue la modernidad con la justicia social; entendida esta modernidad como un objetivo que permita un crecimiento económico equilibrado, con un mayor desarrollo humano, que elimine las desigualdades y esté en armonía con la naturaleza.

      En ese escenario de modernidad deberían jugar un rol las nuevas fuentes de energía, ya sean la solar, eólica, o incluso la nuclear. Se esperaría que el Estado jugara un papel más activo, por ejemplo, para promover el uso de calentadores solares en las viviendas, o incluso en las empresas. 

      En ambos lados del espectro político parece seguirse de manera inercia un modelo de consumo de energía que favorece el individualismo sobre lo colectivo. Se habla de un aumento del consumo energético y todo lo que debe hacer el gobierno y la sociedad para cumplir con esa demanda, pero poco se habla del impacto ecológico de tal consumo. Existe un divorcio casi total entre la academia y universidades con el gobierno y las empresas para discutir la importancia  de promover el ahorro de energía, ya sea desde las conductas sociales o mediante el desarrollo de productos o equipos más eficientes, que consuman menos energía.   

      En el mundo se presentan avances que parecen muy pequeños pero que tienen un impacto enorme sobre el consumo global de energía, este es el caso de los LEDs, un invento que lograron los investigadores de Japón gracias a la aplicación de la llamada mecánica cuántica, un regalo de la ciencia para el mundo.

      Así pues, en el país se escuchan las voces afines a un extremo del espectro político que favorece los intereses privados a ultranza, con muy poca empatía por los intereses y necesidades de la mayoría. En el otro extremo se escucha el ruido de los representantes de un sector de la sociedad que parece otorgar su confianza a la 4T, sin necesidad de que se le presenten los detalles del plan a futuro. Por ahí también, en algún punto intermedio o indefinido, se escuchan las voces de aquellos que, aunque son amigos de Sócrates, aseguran ser más amigos de la verdad.

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