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      El edadismo

      Martes, Marzo 29, 2022
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      Una forma de discriminación por razón de edad perpetuado por mandatos, roles y estereotipos
      Consultora jurídica, emprendedora social e investigadora independiente. Se desempeña como periodista cultural, narrativa y de opinión. Ha recibido el Premio Municipal de la Juventud y el Galardón Poblano Distinguido. Trotamundos y otras manías.
      El edadismo

      La vejez se increpa y la juventud se exalta o la juventud se cuestiona y la vejez se enarbola. El edadismo es una forma de discriminación por razón de edad perpetuado por mandatos, roles y estereotipos arraigados en nuestra cultura.

      Es común escuchar: “estás muy chiquito(a); ya estás en el segundo, tercer o cuarto piso; eres un(a) chavoruco(a) o un(a) ruquenial, estás viejo(a); no hagas esto o aquello porque ya no tienes edad; compórtate conforme a tu edad; “de joven cirquero, de viejo payaso”, etc.

      Existe una fijación en la memoria colectiva por contabilizar la edad que ha lacerado ámbitos como el laboral donde se ha acotado el derecho al trabajo, condicionado decisiones en temas como la maternidad o el matrimonio; impuesto títulos por encima de los nombres que van desde niño(a), joven o señorita, señor(a), don, doña, abuelo(a) o deformaciones oprobiosas como escuincle, ñor(a), ruco(a), etc.

      ¿Cuántos años tienes?, una pregunta recurrente que al contestarse incide en apreciaciones subjetivas que validan o incapacitan; por ello algunas personas omiten o alteran su edad y llegan a aseverar que los 30 son los nuevos 20, o los 40 los nuevos 30 y así sucesivamente. Los niños quieren ser grandes, los adolescentes mayores de edad, los adultos prefieren ser llamados jóvenes y los adultos mayores son llamados viejos o personas de edad.

      Los microedadismos y los microviejismos están ampliamente extendidos que se hace necesario ampliar la visión cuantitativa y biológica de la edad. Hemos llegado a un punto donde los cuestionamientos sobre nuestras edades son frívolos y las respuestas fatuas, quizá porque es el número de años que ya no se tienen o el número de años que se desconocen para el porvenir.

      La edad biológica de una persona ha sido dividida en períodos que sirven para la toma de decisiones en sectores públicos y privados, los menores de edad son aquellos con menos de 18 años en proceso de desarrollo biopsicosocial y sin capacidad legal para ejercer sus derechos salvo que se emancipen. Sufren discriminación por razón de edad; sus necesidades, falta de experiencia y opiniones muchas veces no son consideradas y en contrasentido, los adultos mayores son comparados erróneamente con niños derivado de la disminución en su vitalidad y se les atribuyen títulos de abuelos, aún cuando no tengan nietos.

      En el sistema mercantilista sólo importa la edad productiva y consumista, sin embargo nuestras edades no nos definen como personas. Tenemos afianzado que el valor de una persona está en su vitalidad y en su capacidad de producción y obtención de recursos; la cultura de lo burlesco, la mercadotecnia y otros acentúan estos prejuicios y el etiquetamiento social.

      Tratemos a las personas sin subjetivismos, sin primacías o menoscabos y sin que su edad o cualquier otra condición influyan en nuestra percepción sobre sus derechos, libertades personales y libre desarrollo de la personalidad.

      Me encantan las personas que aseguran que ya no cumplen años y sólo cumplen sueños.

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