Cartas a Gracia
Tal cual se comentaría en la carta enviada el pasado 28 de febrero, Gracia, no pasarían muchos días -ocho para ser exactos-, para que Delfina Gómez Álvarez, titular de la oficina educativa del gobierno federal, confirmara la denuncia formulada recientemente por Mexicanos Primero: desaparece el Programa Escuelas de Tiempo Completo (ETC). “Sin embargo -añadiría en la mañanera- se está haciendo, en atención a algo que siempre ha preocupado, se está haciendo un análisis de cómo podemos trabajar el aspecto que estaba dentro de la Escuela de Tiempo Completo que era el tiempo completo y alimentación. Sé que puede causar inquietud y por qué no, alguna molestia, pero me sorprende mucho el que se comente que no se ve el beneficio del programa Escuela es Nuestra.”
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Comentario que, sin dudar, provocaría respuestas por parte de las casi cien mil maestras, maestros y de adscritos a ese programa, lo mismo que entre 3 600 000 y 7 200 000 de madres y padres y de familias afectados por la medida; y de una buena parte de los 1.6 millones de niñas y niños que perderían la oportunidad de tener una mejor alimentación que les proveía el componente alimentario.
Delfina señalaría el porqué de la medida y que lo mismo que el parágrafo anterior, se reproduce literalmente a fin de evitar equívocos. Los “dimes” rezarían de la siguiente manera:
“Haciendo ese balance es algo que para nosotros es prioritario, ahorita darle la atención a esas escuelas que tienen esas necesidades, y por ello La Escuela es Nuestra se va a enfocar principalmente a que el recurso que se asigna para La Escuela es Nuestra sea ocupado para esa situación”; generando así una falsa polémica que implicaría elegir entre dos sopas: o se aplican los recursos a suplir carencias de servicios básicos y mantenimiento de los edificios escolares denunciadas por diferentes vías, o bien se destinarían al pago de salarios a las y los docentes que se hacen cargo de las escuelas con jornada ampliada y de 3 600 000 alumnas y alumnos a los que atienden, y aunque al final, sólo quede de una: destinar los recursos -5 mil millones de pesos- a infraestructura.
El dilema sería falaz, Gracia, y se presentaría sólo para buscar el aplauso de algunas centenas de comités escolares de administración participativa que se integrarían al programa La Escuela es Nuestra, a quienes se les entregarían recursos para el mantenimiento de los edificios escolares y gastos menudos que, como madres y padres de familia, niñas, niños y personal docente planteles adscritos al Programa Escuelas de Tiempo Completo, serán afectados por su cancelación.
El preludio de la cancelación aludida se asomaría en la reunión que sostendría la jefa de la oficina educativa con las y los senadores miembros del Movimiento de Regeneración Nacional, en las postrimerías del primer mes del año en curso y que de ella darían cuenta, tanto la relatoría de la sesión de marras como el Boletín SEP no. 24, Reciben programas educativos incremento presupuestal 2022, en los que anunciara la asignación de 13 964 millones de pesos, “lo que representa un aumento del 13.7%” en relación al asignado en 2021, ignorando cualquier referencia al Programa Escuelas de Tiempo Completo (ETC).
De pronto Gracia, las Escuelas de Tiempo Completo adquirirían la categoría de un derecho humano “aspiracional” cuyo crecimiento -en términos de la incorporación de un mayor número de escuelas- y de permanencia dependiendo del techo presupuestal asignado, por ahora cancelado. Sus resultados podrían medirse y reflejarse en el mejoramiento de los aprendizajes esperados y de los impactos logrados en el ámbito nutricional y de seguridad pública, entre otros rubros. No obstante, podrían parecer limitados si se considerase el espectro de las escuelas de tiempo completo (27 063 escuelas de acuerdo a Rubén Rocha Moya) respecto al total de escuelas de educación básica (228 852 escuelas consignadas en las Principales Cifras del Sistema Educativo Mexicano 2020-2021).
Aún así, el resultado de la comparación causaría asombro: solamente 1 de cada 10 instituciones se habrían incorporado a este rubro en 15 años de existencia y atenderían a poco más 3 600 00 estudiantes de un total de 24 597 236 alumnas y alumnos, cuya relación equivaldría a 1.5 estudiantes que asistirían a la ETC por cada 10 niñas y niños del subsistema citado; quienes recibieran apoyo alimentario -según se desprendería de declaraciones del exsenador citado- equivalente tan sólo al 0.39% de la población escolar que asistiría a las escuelas de educación básica -preescolar, primaria y secundaria-.
Sin embargo, y mientras Delfina recapacita y reconsidera los daños que ocasionaría el cierre del programa decretado, titulares de 13 entidades federativas, actuando con mayor sensibilidad social -según consignan diversos medios- abrirían algunas puertas laterales y darían entrada a la permanencia de las escuelas de tiempo completo con jornada ampliada existentes en sus localidades. Los medios darían la primicia al gobierno de Nuevo León y sería emulado posteriormente, por los de Puebla y la CDMX, a los que se sumarían otras diez entidades entre otras el Estado de México, Querétaro, Yucatán, Chihuahua, Nuevo León y Guanajuato.
La aspiración popular por hacer efectiva la gratuidad de la enseñanza en los términos planteados en el Artículo 3° Constitucional y en la Ley General de Educación, implicarían la responsabilidad del Estado por asumir los gastos de quienes asisten a las escuelas de educación obligatoria; erogaciones públicas que deberían cubrir el costo del transporte escolar (ida y vuelta); libros de texto y útiles escolares, uniformes, calzado, y por lo menos, dos alimentos. La gratuidad implicaría desterrar de la política pública, las aportaciones voluntario/obligatorias que en dinero y en especie aportan actualmente madres, padres de familia y con los que se pagan tanto el agua, “el teléfono y la luz”; adicionalmente, las licencias de protección civil, el visto bueno de bomberos, los peritajes estructurales, de gas y del tendido eléctrico y, “con lo que sobra”, se contratan intendentes, veladores y apoyo secretarial. Cierto, Gracia, como tú comentas, la gratuidad de la educación en México a diferencia de la que vivieras en Estados Unidos, pareciera un cuento chino.