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Jueves, 14 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Sin lugar para los indios

El gobierno ha decapitado al INALI y otros organismos igualmente vitales para la civilidad nacional

Ociel Mora

Es vicepresidente de Perspectivas Interdisciplinarias, A. C. (www.pired.org), organización civil con trabajo académico y de desarrollo económico de grupos vulnerables; y promotora de acciones vinculadas con la cultura comunitaria indígena y popular. Su línea de interés es la Huasteca y la Sierra Norte de Puebla.

Miércoles, Marzo 2, 2022

Al Territorio del Nómada en su aniversario

Se omite con mucha frecuencia que, hacia finales del virreinato, en la Universidad se enseñaban las lenguas indígenas, y había una corriente de pensadores criollos que defendían el derecho de los indios a expresarse en sus propios idiomas, no obstante, el malestar de la burocracia virreinal. Sin embargo, esa misma burocracia consintió que en los juzgados de indios la lengua oficial fuera el náhuatl. No el castellano.

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Las más de las veces, los indios educados resultaban ser mucho mejor entendidos que los sabios peninsulares recién llegados a la Nueva España en posiciones de mando. Con la guerra de independencia y la conformación de México como país libre y soberano, llegó la modernidad y entonces todo el pasado indio se convirtió en el mayor obstáculo para hacer del nuevo país, la estrella polar del orbe. Los indios fueron culpados del fracaso de los liberales.

El tema de fondo es que en doscientos años de gobiernos independientes ninguno de ellos ha sabido qué hacer con los indios ni como individuos ni como colectividades. Ni ahora ni antes se ha conocido una política que en verdad se propongan redimirlo en su dignidad integral. Gobiernos van y gobiernos vienen y ellos siguen postrados en el último lugar de la estructura mexicana. No porque tengan mala suerte sino por decisiones políticas implementadas por los sucesivos gobiernos nacionales. En 200 años nadie ha escuchado su clamor.

En el mejor de los casos, los indios son reducidos al papel de escenografía de la grandilocuencia del populismo en turno, sea cual sea el color del partido gobernante. Salvo en el intersticio del imperio de Maximiliano, el indio fue elevado a la categoría de dignidad humana. Esto no lo digo yo, lo dicen dos eméritos historiadores: don Luis González y Jean Meyer (El indio en la era liberal, 1996).

La de los indios es una cuestión histórica. Por ejemplo, en diciembre de 1820 (hace 200 años), La abeja poblana, el primer periódico fabricado en Puebla, abogaba por ellos. Creía que la solución a su atraso pasaba por una buena educación. Encontraba que la brecha entre la educación que recibía un español y un indígena era como la de dos países diferentes. La unidad nacional, entonces en formación, estaba obligada a destinarle un lugar a la población indígena si quería prosperar.

Mantener al indio por lo tanto, en tutela, bajo la mentira de su minoría, con l asombra de leyes que no gobiernan, es impedirle la vía constitucional que le prometió para ilustrarlo, dar empleo, y otros puestos públicos; es sumergirlo por tercer vez en un mar de ignorancia y miseria.

En el mundillo de los expertos se menciona el nombre de Juan de Dios Rodríguez Puebla. Un indígena que llegó a ser abogado y político destacado en las primeras décadas del siglo XIX. Provenía de una familia indígena en extrema pobreza. Gracias a una beca inició sus estudios en el Colegio de San Gregorio, una escuela fundada para indígenas durante la Colonia. De allí pasó a San Ildefonso donde estudió Filosofía, Teología y Derecho Civil. En 1824 era un gran abogado y un gran parlamentarista.

Como tal publicó el opúsculo El indio constitucional:

¡Esta es vuestra suerte, indios infelices! La tiranía nos ha educado en las tinieblas de la ignorancia para ocultaros lo deplorable de vuestra situación; os ha despojado de los derechos que os concedió la naturaleza; os unció al formidable carro del despotismo; y aún quiso degradados de ser hombres, con tanto empeño, que un Romano Pontífice se vio necesitados a declarar que erais racionales, ¡amargas lágrimas se desprenden de mis ojos al recordar represión tan inaudita! Qué, ¿vosotros nos sois formados de la misma masa que el resto de los demás hombres? ¡Infelices! El despotismo de vuestros opresores no quedó satisfecho con trataros peor que a los brutos, deseaba despojaros del entendimiento, de esa potencia la más noble de todas las que os dio el Autor de la naturaleza (Flores Rodríguez, “Juan de Dios Rodríguez Puebla, en defensa de la instrucción para indios”).

Este Rodríguez Puebla fue diputado del primer Congreso mexicano y disputó con los grandes de su época, como José María Luis Mora y Valentín Gómez Farías sobre la orientación del nuevo país y el destino del indio dentro de él. Mora y Gómez Farías representaban el sentir de los criollos, el grupo triunfante; Puebla, el de los indios puros de su clase. Mora pedía que el Congreso declarara que “ya no existen los indios”. Rodríguez Puebla defendía en el Congreso de 1820 un sistema de educación planeado y encabezado por indios, en sus propias lenguas. No pudo como no han podido los que lo han sucedido en el reclamo de un lugar decente para los primeros mexicanos.

Lo cierto es que los indios siguen postrados en el último peldaño. Incluso ahora. La celebración del Día de las Lenguas Indígenas (o cómo se le llame) pasó desapercibida para las autoridades nacionales y locales. El patrimonio cultural de los pueblos indios no está en las prioridades del presente gobierno.

Las acciones que se organizaron en torno de la fecha provinieron de activistas sociales y académicos. Fueron conversatorios en las que se lamentó la abolición del Instituto Nacional de las Lenguas Indígenas (INALI), la amenaza de muerte de varias lenguas vernáculas, y la poca importancia que el gobierno otorga al valor cultural de las lenguas orales. En esos conversatorios se escucharon quejas por el desmantelamiento de instituciones que en el pasado estaban dando resultados, pero ahora desaparecidas.

En la Cámara de Diputados, legisladores de oposición reclamaron a la titular de la Secretaría de Cultura por el INALI durante su comparecencia. Las razones aducidas por el Ejecutivo es que no desaparece, sencillamente sus funciones pasan a depender de la estructura burocrática del Instituto Nacional de los Pueblos Indios (INPI).

Es conocido que el INPI nació con muchas limitaciones y con grandes incompetencias técnicas. Lo cierto es que aquella noble institución surgida justamente durante el gobierno de la transición, el de Vicente Fox, con el fin de fortalecer el patrimonio lingüístico nacional, fue decapitada en este gobierno por las mismas razones que decapitaron otros organismos igualmente vitales para civilidad nacional; también vinculados con la ciencia y la cultura.

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