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OPINIÓN

Liberalismo y emociones

La arbitrariedad con la que se tomó la UDLAP fue vivido por muchos como “una probadita de tiranía.”

Víctor Reynoso

Sociólogo por la UNAM, maestro en Ciencia Política por la FLACSO y doctor en Ciencias Sociales por El Colegio de México. Profesor jubilado de la UDLAP. Sus líneas de trabajo como investigador son sistemas electorales y sistemas de partidos en México, democracia y cultura política. Autor de diversos libros y artículos especializados.

Miércoles, Marzo 2, 2022

El día anterior a la entrega del campus de la UDLAP, un reportero me entrevistó. “Ya tenemos los datos duros. No necesitamos más de eso. Háblanos tú de las emociones”, me dijo. Quizá se equivocó. Quizá los “datos duros”, lo que de verdad cuenta y trasciende, son las emociones; siempre y cuando se sitúen en su contexto y se establezcan sus causas.

Las emociones han tenido mala prensa. Efraín Bartolomé ha subrayado el desfase entre el impresionante desarrollo que han tenido nuestras facultades científicas, y nuestro atraso emocional. Estaría de acuerdo con Harari: gracias a la ciencia y la tecnología vivimos como en un cuento de hadas. Pero males como la depresión, el suicidio, el daño que hacemos a los demás, siguen presentes. Algunos han aumentado.

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En política el tema de las emociones ha sido poco analizado. Pocos libros hay como el de Martha Nussbaum, Emociones políticas, que traten el tema. Pero si las emociones es lo que nos mueve, su estudio es necesario.

Nussbaum escribe desde la óptica del liberalismo. Éste es, ante todo, la defensa de las personas frente a los posibles abusos de otras personas y del poder político. Es, básicamente, lo mismo que constitucionalismo: el sometimiento de la autoridad a un conjunto de normas que nos protegen.

Lo contrario es la tiranía: el poder arbitrario de un grupo o de una persona que roba, encarcela, asesina. Sus fundamentos varían mucho: desde la atribución de características divinas al tirano, hasta la justificación fáctica: te tiranizo porque puedo, porque tengo el poder, “haiga sido como haiga sido” que llegué a detentarlo.

La arbitrariedad con la que se tomó el campus de la UDLAP y se mantuvo tomado por casi ocho meses fue vivido por muchos como “una probadita de tiranía”. Una violación fragante de los principios del liberalismo: la protección de las personas en función del derecho.

Otro rasgo de las tiranías o de los aspirantes a tiranos: mentir abiertamente. Intentan, y a veces lo logran, volverse dueños de muchas cosas, entre ellas la verdad.

¿Qué emociones generó? Enojo, rabia, temor, vulnerabilidad, incertidumbre. La lista es larga, y seguramente nuestra pobre educación en materia emocional nos impide expresarlas y analizarlas pertinentemente.

La protección frente a autoridades que, con sus actos, pueden generar emociones negativas es uno de los temas del liberalismo político. Nuestro Presidente es un liberal. Algo sabrá de eso.

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