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OPINIÓN

Tambores de guerra y sirenas de alarma (II)

Dos fuerzas luchan en la zona de conflicto de Ucrania donde los escenarios afectan el orden mundial

Rodrigo Rosales Escalona

Periodista y analista político en medios locales y nacional, filósofo, docente en nivel superior, activista social, comprometido con la justicia.

Martes, Marzo 1, 2022

Previo al combate o instantes del mismo, el miedo acelera la adrenalina, esta al corazón; la garganta y boca seca, preparándose a vivir sin morir.

Lo cierto es que, durante el combate y durante el miedo a lo incierto, dos fuerzas luchan en el hombre: la conciencia del deber y el instinto de autoconservación. Cuando interviene una tercera fuerza, la disciplina, entonces vence la conciencia del deber, porque se lucha para ¡no morir, sino para vivir!

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En la primera entrega de este texto, describí de manera general los tipos de guerra, con el fin de orientarnos sobre el conflicto bélico en Ucrania, donde el ejército ruso está actuando. En esa descripción se podrá ir ubicando parte de los escenarios donde antecedentes, intenciones e intereses político-económicos como geográficos, son parte esencial para explicarnos el problema.

Antecedentes

Mientras hoy la parte del mundo occidental con predominio político, económico y militar de Estados Unidos, acuerdan una serie de sanciones económicas, financieras, productivas, aéreas y más, contra el gobierno del presidente ruso, Vladimir Putin por su invasión militar contra Ucrania, el cerco no nada más recae en esos puntos, también está el mediático contra espacios periodísticos rusos como RT, Sputnik y otros, sin olvidar que abarca a la red de Google, al grado que Anonymous anunció que oficialmente está en guerra cibernética contra el gobierno de Rusia: “El colectivo Anonymous está oficialmente en guerra cibernética contra el gobierno ruso”, se lee.

El objetivo es presionar por todos los medios para que Putin acepte negociar su salida de las acciones militares.

Desde declaraciones de los jerarcas políticos europeos y el presidente norteamericano Biden, quienes elevan el grito de que en Ucrania hay una masacre contra la población civil, así como que son miles de soldados rusos los muertos en batalla, incluyendo armamento de todo tipo. Vamos, hasta la Federación Internacional de Judo lo ha destituido como presidente de esa organización por su invasión a Ucrania, pues el judo es una disciplina de vida y no de muerte.

Pero el punto crítico que desató la guerra fue cuando el presidente ruso reconoció la independencia de los territorios separatistas prorrusos de Donetsk y Lugansk, al este de Ucrania, en donde días atrás se iniciaron enfrentamientos que violaron el cese al fuego pactado entre 2014 y 2015 en el Acuerdo de Minsk.

Al culminar la Segunda Guerra Mundial (SGM), queda claro que el espectro geopolítico cambia rotundamente, porque vencido el nazismo alemán, como el fascismo italiano y el imperio japonés por parte de los aliados, la Unión Soviética, incluyendo a China, quien desde 1937 a 1945, fueron ocho años de lucha encarnizada contra el Imperio de Japón, quien masacró a su población en un promedio de más de 14 millones, lo que representa el segundo país en pérdidas de vidas entre civiles y soldados, después de la Unión Soviética con 27 millones de vidas.

De inmediato, la geografía europea queda dividida entre el bloque capitalista y el soviético, al dividir a Alemania en Occidental y Oriental (del Este), donde se impuso el famoso “muro”. La URSS y su bloque de países que componía con Rumanía, Bulgaria, Polonia, Albania, Hungría y Checoslovaquia. El caso de Yugoslavia es distinto, si bien luchó contra el nazismo con su comandante Bros Tito, siempre mantuvo su política de amistad con la URSS. Al final de la guerra, quedó asentado su independencia del bloque socialista.

La Guerra Fría entre los dos mundos tienen otras guerras, principalmente la económica y política, donde la batuta norteamericana usó su poder económico para incluir a sus aliados capitalistas a su libre albedrío; a su vez, la URSS también esgrimió sus intereses.

Al derrumbe de la URSS en 1989, el primer impacto es el desmoronamiento del bloque socialista, cuyos aliados orbitan inseguros, hasta que las circunstancias políticas los acercan al capitalismo y batuta norteamericana y a ser incluidas en la OTAN, menos Ucrania.

En esos países exsoviéticos, Estados Unidos encontró la oportunidad de incluirlos a la OTAN; con ello, se instalaron bases militares, misiles de largo alcance y otras armas, siendo Ucrania el espacio entre balas y “paz” simulada. Todo aparentaba calma y concordia, hasta que una vez más Estados Unidos con la administración Biden, pretende que Ucrania ingrese a la OTAN, lo cual implicaría que en la espalda de Rusia estuvieran los cañones, fusiles y misiles.

Cierto es que en Ucrania jamás existió una coincidencia social y cultural incluso religiosa, porque en la SGM, las fuerzas nazis al invadir la URSS, quedó claro que los rescoldos nacionalistas ucranianos, en casi un 40 por ciento, no se activaron en la defensa contra el nazismo, al grado de que formaron filas como aliados de ellos.

Una vez que el factor geopolítico cambia entre naciones que corresponden en coincidencia a intereses norteamericanos, a diferencia de Rusia, este último se fue reconstruyendo y definiendo en planificar su economía hacia fortalecerla en todos los sectores productivos, intelectuales y tecnológicos; así también ejercen influencia ante el mundo con crear estructura financiera y bancaria, que la hace competitiva. Para Estados Unidos significa un adversario en todos los sentidos, porque el tiempo demuestra el fracaso neoliberal, donde Rusia y China entran el en juego económico y tecnológico, y por tanto militar.

Además de la política de gobierno y económico de Ucrania de impedir que dichas repúblicas logren su independencia, tal como la Península de Crimea, donde se encuentra el puerto histórico de Sebastopol, que luego de un conflicto armado entre sus habitantes prorusos contra Ucrania, Rusia ingresa en su apoyo y consiguen independencia e incorporación a su país.

De acuerdo con Javier Espadas en su nota La Guerra de Ucrania, del Maidán al Donbás publicada en El Orden Mundial, “Víktor Yanukóvich, el entonces presidente de Ucrania, viajó a Moscú el 17 de diciembre de 2013 para aceptar la oferta de su homólogo ruso, Vladimir Putin, de exportar gas natural a Ucrania a precio reducido. Rusia también extendería una línea de crédito de 15.000 millones de dólares para evitar la bancarrota del Gobierno de Kiev. Con ese viaje, Yanukóvich puso fin a meses de acercamiento a la Unión Europea, con la que había estado negociado un acuerdo de libre comercio.”

En ese proceso, emergen agitaciones contra dicho gobierno, lo que las movilizaciones deriva en un choque social en la céntrica plaza de Maidán de Kiev que acabará derrocando al presidente. En la región de Donbás, en el este del país, los sucesos de Maidán darán origen a la guerra civil.

Continúa señalando Espadas: “Inmediatamente después se formó un gobierno de transición y se convocaron elecciones presidenciales para el 25 de mayo, que ganaría el oligarca Petró Poroshenko, conocido por su apoyo a los manifestantes del Maidán. Sin embargo, la caída del gobierno no fue recibida de la misma manera en toda Ucrania. En las regiones de Donetsk, Lugansk, Crimea y en la ciudad de Sebastopol, en el sureste del país, donde la mayoría de la población es rusoparlante, Yanukóvich había recibido más del 70 por ciento de los votos en las presidenciales de 2010, alcanzando el 90 por ciento en algunas zonas. Allí pronto se organizaron grupos contrarios al Maidán para mostrar su oposición a los sucesos de Kiev. La postura prorrusa de Crimea se explica porque la península había pertenecido a Rusia hasta hace pocas décadas, pero las razones de los habitantes del Donbás —que incluye los óblast de Donetsk y Lugansk— eran algo más complejas.   Donetsk y Lugansk son regiones muy industrializadas ricas en recursos como el carbón, que les permitían aportar un 20% del PIB del país en 2013.”

Sin embargo, bajo el nuevo esquema capitalista, las condiciones laborales y salariales de los obreros mineros disminuyeron y perdieron poder adquisitivo. Para el 27 de febrero de 2014, grupos neonazis toman el Parlamento de Crimea en la ciudad de Simferópol. Poco a poco, esos hombres fueron capturando las bases militares de Crimea, encontrando poca resistencia a su paso. A pesar de la resistencia de las milicias del Donbás, no fueron suficientes para impedir que fuerzas neonazis cometieran todo tipo de crímenes contra la población civil.

Cabe destacar que, durante ese período, si se revisan medios de comunicación occidentales y norteamericanos, se reducen a destacar el conflicto bélico sin ir a fondo de las consecuencias que padeció la población. Los neonazis fueron apoyados por Estados Unidos y España, Francia, y el ejército de Alemania.

Desde entonces, nace una agrupación neonazi con el nombre de Brigada Azov, que desde el fin del conflicto, en 2014, para el proceso de pacificación, se buscaba garantías de que Ucrania, y con ella el Donbás, no acabaría integrándose en instituciones occidentales como la Unión Europea o la OTAN. Además, a pesar de agitadas negociaciones, el 5 de septiembre de 2014, llegó el Protocolo de Minsk, llamado así por haberse negociado en la capital bielorrusa. El Protocolo de Minsk se fraguó en el marco del Grupo de Contacto Trilaterial -que reúne a representantes de la OSCE, Ucrania, y Rusia y los rebeldes- y con la mediación de Alemania y Francia. Este acuerdo establecía un alto el fuego inmediato verificado por la OSCE y el autogobierno local de ciertas áreas de las regiones de Donetsk y Lugansk. La ley de autogobierno, aprobada en 2014 por tres años y extendida ya en dos ocasiones, exime de responsabilidad penal a las personas involucradas en los eventos del Donbás, garantiza el derecho de los habitantes a usar el ruso en los ámbitos privado y público, y reconoce el derecho de estas áreas al autogobierno de conformidad con la Constitución ucraniana.

Pues bien, ese acto de pacificación no se cumplió, porque el gobierno ucraniano y su ejército, junto con la Brigada Azov, neonazi, constantemente atacaban a Donbás y sus dos regiones de Donetsk y Lugansk, quienes reclamaban su independencia y soberanía, fijando un derecho histórico como cultural más del idioma mayoritario, el ruso.

Como ya se expuso en la primera parte, los intereses económicos norteamericanos por el convenio comercial entre Alemania y Rusia de que el gas llegara a través de Ucrania y Polonia deriva en un mayor costo por derecho de paso, que Ucrania exigía incremento de costo, se determinó la construcción de un proceso de tubería por el mar y llegar a Alemania, lo cual le restaría beneficio a Estados Unidos, en cuanto a que su gas licuado es de mayor precio. Si en el proceso de paz de 2014 se estipuló que Ucrania no ingresaría a la OTAN, nuevamente el águila imperialista norteamericana insiste en su ingreso, condiciones que Rusia no acepta.

A su vez, el gobierno del presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, continuó en su política de permitir que la Brigada Azov neonazi, de agredir a ambas repúblicas del Donbás con continuos bombardeos de todo tipo, asesinando civiles, destruyendo infraestructura y escuelas. La tensión se incrementó al grado que ambas repúblicas deciden ser independientes y no bajo el esquema de Ucrania. El resultado era lógico, en cuanto a que Rusia no aceptaría que en su frontera el imperialismo norteamericano tuviera una cabeza de playa militar con la OTAN.

Por más que se emitieron reclamos rusos de exigir se cumplan acuerdos y no atacar a la región de Donbás, las condiciones se dieron.

Entre este mar conflictivo, lógico que el imperio no esperaría que Rusia lograra avanzar en sus objetivos, cercando y buscando no llegar a una salida diplomática, para ubicarse en un embudo pretoriano; es decir, someter a su libre juego al presidente Zelenski a que justificara que Ucrania está al borde de la invasión rusa.

Se tejieron diversas advertencias de que tal día se daría la invasión, que no, otro día más, hasta que la Brigada Azov actuó en mayor dimensión contra ambas repúblicas que ya habían recibido el apoyo de Putin de garantizarles su independencia; motivo por el cual la agresión norteamericana se da con iniciar conductas al cercar la economía rusa en diversos factores.

Si la invasión rusa se da, se le acusa de atrocidades, de obligar a miles de ciudadanos a huir y refugiarse en otras naciones. La prensa occidental daba y da cuenta de eso y emitir falsas noticias para sembrar pánico y malestar internacional para justificar que Biden convoque a sus países aliados en la ONU y OTAN, de un cerco total.

Como líneas arriba se señala, solamente dichos medios son los que pueden emitir bajo un plano definido, donde se impide que medios rusos también sean contraparte. No existe balance informativo como tampoco la llamada libertad de expresión.

Ya sea en la guerra civil en Minsk, en el conflicto de Kirov, como tampoco en otras latitudes donde Estados Unidos sembró que su nación, fue agredida en Vietnam; en Irak donde supuestamente existían armas de destrucción masiva, que al final, la verdad y los hechos marcan a esa nación como mentirosa.

Si bien el gobierno de Andrés Manuel López Obrador ordenó que un avión de la Fuerza Aérea Mexicana viajará a Rumania para trasladar a los mexicanos que escaparon de la guerra; mediante su comunicado de la cancillería y de Marcelo Ebrad, bajo el principio constitucional y de la Doctrina Estrada, rescatemos un punto que enfatiza que, si bien no estamos con cualquier intervención o invasión, pondera que nuestra nación “ha sido invadida dos veces por Estados Unidos, así como dos más por Francia”. Al buen entendedor, pocas palabras.

Si el mundo occidental pega el grito al cielo de que Putin declaró que otro de sus objetivos en Ucrania es desnazificarla, lo tachan de mentiroso; pero, él tiene razón, porque si vemos el mapa europeo y en el propio Estados Unidos, como en Ucrania, el neonazismo está presente desde la década de inicio de los sesenta, al grado de que gobiernos europeos financian y permiten su formación y desarrollo, incluso la misma OTAN lo acepta. Es cuestión de revisar la historia y presente, insisto, el hecho de que exista la Brigada Azov, lo demuestra plenamente. Investigar a fondo, documentar, para reflexionar y formar un criterio no marginal.

El cerco informativo como intención de castrar la historia, de momento, somete a la población a ignorar que Donbás padeció peores crímenes de 2013-2014 a la fecha, como también masacres en otras latitudes del mundo, donde agencias norteamericanas y europeas estuvieron ciegas y sordas a los lamentos desesperados de civiles que clamaban por sus vidas. Son pueblos insignificantes para el imperialismo neoliberal agonizante, pero cruel.

No olvidemos que, si hoy Biden ejerce presión contra Rusia, en octubre de 1962 las superpotencias se enfrentaron cara a cara y casi provocaron una guerra nuclear. A este período se ha denominado “Crisis de los misiles”. Esta crisis empezó el 14 de octubre, cuando un avión espía estadounidense detectó instalaciones balísticas soviéticas en la isla de Cuba, a sólo 145 kilómetros de Estados Unidos, situación que enfrentó a Nikita Kruschev y J.F. Kennedy, amenazando de que si no quitaban los misiles, las consecuencias serían de otra forma, dado que Kennedy no aceptaba que los misiles estuvieran a un paso de su seguridad. Entonces, si la intención es que Ucrania pertenezca a la OTAN, la referencia es lógica.

México ya está en Rumania, esperando traer a mexicanos; algunos no podrán hacerlo porque tienen vida hecha en Ucrania

En el tintero de la historia aún falta para saber en qué culminará. También nos falta detallar que, si Rusia está sometida a sanciones, las consecuencias serán globales. Al respecto, es de considerar explicar ese gran detalle crítico ya actuante, incluso para los mismos Estados Unidos.

rodrigo.ivan@yahoo.com.mx

Publicaciones y referencias

Mijaíl Baklanov, La internacional negra, Prensa Novosti, Rusia, 2020
Pascual de la Parte, F. El imperio que regresa. La guerra de Ucrania 2014-2017: Origen, desarrollo, entorno internacional y consecuencias. Edit. Universidad de Oviedo, 2017
Ruiz Ramas, Rubén. Ucrania: de la revolución del Maidán a la guerra del Donbass. Comunicación Social Editores y Publicaciones, Madrid, 2020
Ezquivel Hutín, Ignacio. Ucrania. Crónica desde el frente. Indie Libros, España, 2021
Taibo, Carlos. Rusia frente a Ucrania: imperios, pueblos, energía. Colección Relecturas, Madrid, 2022
Espadas, Javier. La guerra de Ucrania, del Maidán al Donbás. 21 mayo, 2020
https://elordenmundial.com/guerra-ucrania-maidan-donbas/
Ucrania: la historia del Batallón Azov
https://www.pagina12.com.ar/404472-ucrania-la-historia-del-batallon-azov
El «Batallón Azov», la extrema derecha Nazi y el Gobierno de Ucrania: Lo que no cuenta la prensa privada de Occidente y apoyan los gobiernos de Estados Unidos y la OTAN.
https://www.revistadefrente.cl/la-extrema-derecha-nazi-y-el-gobierno-de-ucrania-lo-que-no-cuenta-la-prensa-privada-de-occidente-y-apoyan-los-gobiernos-de-estados-unidos-y-la-otan/

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