Se calcula que durante los dos años de pandemia por Covid-19, unos cinco millones de estudiantes de todos los niveles, desertaron de sus escuelas, lo cual implicará un reto de grandes proporciones tanto para el gobierno federal como para los gobiernos de las 32 entidades del país.
Pero más que pensar en los números de niños y jóvenes que dejaron la escuela por la imposibilidad de tomar clases a distancia y por no tener recursos para pagar el internet o porque no pudieron adaptarse a ese modelo, o por las razones que fueran, lo que debía preocuparnos es el retroceso en general que se dio en el rubro del aprendizaje para nuestros niños y jóvenes.
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De acuerdo con la Encuesta para la Medición del Impacto de la Covid-19 en el país, publicada por el INEGI, en el ciclo escolar actual 2021-2022, se inscribieron 32.9 millones estudiantes, es decir el 60.6 por ciento de la población de entre 3 a 29 años; y “por motivos asociados al Covid-19 o por falta de dinero o recursos no se inscribieron 5.2 millones de personas (9.6 por ciento del total de 3 a 29 años).”
Los resultados presentados por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) en estas últimas semanas confirman los escenarios más pesimistas de los expertos en educación, que temían una alta deserción escolar tras el cierre de los colegios como medida de contingencia debido a la pandemia.
De acuerdo con los datos arrojados por la encuesta, el 26.6 por ciento de los estudiantes destacó que uno de los motivos asociados al Covid-19 es que “las clases a distancia son poco funcionales para el aprendizaje”; mientras que el 25.3 por ciento dijo que alguno de sus padres o tutores se quedaron sin trabajo, y el 21.9 por ciento que carece de computadora, teléfono o algún dispositivo para conectarse a internet. La mayoría de los afectados correspondieron a estudiantes de escuelas públicas.
Las cifras revelan que actualmente 16 millones de familias en México no tienen ningún tipo de conexión para que los estudiantes pudieran acceder a las clases en línea.
El cierre de los planteles escolares significó un gran gasto para las familias. De acuerdo con la misma encuesta del INEGI, el 28.6 por ciento de las familias de los estudiantes tuvieron que hacer un gasto extra en teléfonos inteligentes. Un 26.4 por ciento tuvo que contratar algún servicio de internet fijo y 20.9 por ciento adquirió mobiliario como sillas, mesas, escritorios o adecuar un espacio para el estudio.
Lo verdaderamente grave es que el 58 por ciento de los encuestados dijo que no se aprende o se aprende menos que de manera presencial, 27 por ciento dijo resentir la falta de seguimiento al aprendizaje, y el 24 por ciento consideró que los padres tenían poca capacidad pedagógica para apoyarlos en sus conocimientos.
Además de que urge que los estudiantes vuelvan a las aulas, también es apremiante poner en marcha una estrategia de inversión en educación para paliar un poco el retraso que nuestros niños sufrieron en dos años de pandemia. Desde 2018, la prueba estandarizada Planea mostraba que el 80 por ciento de los estudiantes no alcanzaba los conocimientos esperados en matemáticas, lectura y escritura. Es decir, sabían leer, pero no tenían una comprensión de los textos.
Un estudio elaborado por el Centro de Estudios Espinosa Yglesias advierte, en este contexto, que se requiere de una variedad de inversiones que deben ejecutarse a la par del programa de becas: “Además de los esfuerzos conducentes a mejorar y reducir las brechas en la calidad de la enseñanza, existe otra serie de cuestiones a atender. Una que resulta central es la inversión en infraestructura para el aprendizaje. La pandemia ha puesto al descubierto y profundizado una brecha crucial en la formación escolar: el acceso a bienes y servicios como las computadoras y el internet.”
El estudio “La educación ante la pandemia de COVID-19. Vulnerabilidades, amenazas y riesgos en las entidades federativas de México”, elaborado por Rodolfo de la Torre intenta responder a los desafíos que se enfrentará México en el rubro educativo para los próximos años, a la luz de los impactos provocados por la pandemia por Covid-19.
“También hay que realizar inversiones amplias en comedores o cafeterías, de las que carecen 60 por ciento de las escuelas de educación básica en la ciudad, en conjunto con la provisión de transferencias en especie como los desayunos escolares”, entre otros factores.
México tiene muchos especialistas en educación que ya han formulado propuestas sobre las estrategias que deberá de tomar el gobierno para enfrentar los graves daños que sufrimos en el tema educativo mexicano. De no hacerlo, los impactos a largo plazo serán muy graves y acentuarán la desigualdad.