El periodista Raymundo Riva Palacio escribió que el presidente López Obrador “ha claudicado de su juramento constitucional…” (que protestó cumplir y hacer cumplir ante el Poder Legislativo) … de ser presidente de la República para todos los mexicanos” (El Financiero 14 02 22). En caso de ser así, y todo indica que sí, ignoro cuáles sean las implicaciones legales; pero al parecer ninguna tratándose de la figura presidencial. En la legislación vigente el Presidente es inatacable, punto.
Estamos de vuelta en el umbral de las facultades metaconstitucionales que se arrobó el presidencialismo priista en los tiempos más espesos de partido único; cuando la suerte de todos los mortales se hacía depender de la voluntad de una sola mano, como escribió don Daniel Cosío Villegas acerca de Luis Echeverría, en aquellos tomitos publicados por la añorada editorial Joaquín Mortiz.
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El caso es que, como ha dicho otro comentarista cuyo nombre omito (“La impunidad presidencial”, en Milenio 15 02 22), el Presidente se encuentra debidamente protegido por un escudo para violar las leyes. Un hecho considerado como “abuso de moral de privilegio jurídico”.
El Presidente de la República sólo puede ser condenado por traición a la patria, corrupción y delitos electorales. Un territorio de impunidad debidamente institucionalizado por razones muy entendibles, pues el Presidente de todos no está para distraerse pleiteando en los juzgados, sino para desempeñar tareas de muy elevado rango.
Luego entonces, el Presidente puede cruzar la línea (de lo moralmente rechazado, pero legalmente permitido) cuantas veces quieran sin correr riesgo de nada. Como en efecto lo hace de manera sistemática y consecutiva para defender intereses que no necesariamente son los de la mayoría. Porque, aclara este mismo comentarista con información proporcionada por la Barra Nacional de Abogados, “el presidente goza de una impunidad validada por las leyes consustanciales a su puesto”, pues es inmune en tribunales que no sea por traición.
En buen mexicano: el presidente Andrés Manuel López Obrador tiene manga ancha para aprovechar los recursos institucionales del cargo y salir en defensa de la “honorabilidad” de su primogénito, puesta en duda por el ejercicio de la libertad de prensa y una asociación civil. Y hacia ellos (Loret y Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad) apunta amenazante todas sus armas metaconstitucionales.
Hay otros comentarios más encendidos en las ediciones recientes, pero menos puntuales sobre lo que realmente está en juego cuando se descuida la gobernanza y los grandes temas nacionales son abandonados al garete. A la buena de Dios. Con sus actos, el Presidente parece reeditar la fórmula de Vicente Fox: “¿por qué yo?”, cuando no se trata de miembros de su cofradía.
Es posible que de manera inconsciente se coloque en el papel que más le gusta y mejor le sale: el de opositor a rajatabla. Con la salvedad de que ahora está del otro lado de la puerta. El Presidente es muy claro, y no tiene empacho en repetirlo cuantas veces se precise: es él y los suyos (los buenos), contra los demás (los malos). La sumisión como acto de fe entra en la primera categoría; los que disienten de su credo, se les persigue y combate.
Lo cierto es que a medio gobierno no se avizoran soluciones para ninguno de los grandes problemas endémicos que en campaña ha prometido resolver nomás de sentarse en la silla. Para un espíritu endemoniadamente narcisista como el suyo, eso duele, y duele en el alma. Es frustración y la frustración irrita.
Tomemos al azar el caso de la inseguridad de los aguacateros de Michoacán y su impacto en la economía nacional y el empleo, por estos días un tema muy en boga. Los productores no puedan exportar sus cosechas al mercado gringo porque las bandas criminales incrementaron inmisericordemente las cuotas del pago de piso. El escándalo escaló a las planas nacionales porque la extorsión ya alcanzó incluso a las autoridades sanitarias de aquel país radicadas en México.
Interrogado al respecto en viaje de trabajo por el norte del país, el Presidente respondió con un mohín de fastidio. Desestimó la denuncia y dijo que lo que realmente pasa es que hay intereses económicos y políticos ocultos. Pero que todo ya fue arreglado y que los agricultores ya vendieron sus cosechas.
"En todo esto hay muchos intereses, económicos, políticos, hay competencia; no quisieran que el aguacate mexicano entrara a Estados Unidos o predominara por su calidad en aquel país.”
La Asociación de Agricultores y Empacadores Exportadores de Aguacate de México (APEAM) parece tener otros datos: han denunciado pérdidas de por al menos 20 millones de dólares diarios durante este fin de semana, de acuerdo con Milenio. Además de que la paralización de actividades afecta a más de 500 mil empleados. El acoso a transportistas es con alta tecnología como para inhibir incluso los censores de rastreo aéreo.
No nos engañemos Michoacán, Guerrero y el sur del Estado de México es una región literalmente tomada por las bandas del crimen organizado. No de ahora, hay que decirlo. Cobró fuerza durante los sexenios pasado y antepasado, pero también es muy cierto que en este gobierno no se ha hecho nada, absolutamente nada para recuperar el territorio y garantizar condiciones de propiedad a la población.
No hay explicación razonable para entender cómo es que ante los niveles de inseguridad y violencia las fuerzas armadas y policiales son distraídas en tareas que por ley y eficacia técnica no les corresponden. Es lamentable escuchar a la secretaria de Seguridad Pública hablar de vacunas, cuando México tiene o tuvo uno de los modelos de vacunación que fue referencia mundial de política pública exitosa.
El gobierno civil se ha empequeñecido en aras del gobierno militar y policiaco. Lo cual es equivalente a incompetencia declarada. Parte de la solución a los males nacionales pasa por lo básico. La elección de los gobiernos locales, y este gobierno del presidente Obrador se han empeñado en elegir a los peores de sus filas.
¿De verás hay quien cree que los gobernadores de Morena electos el año pasado en Guerrero y Michoacán tienen el perfil para resolver la crisis de gobernabilidad que acecha a ambas entidades?
El presidente Obrador lleva 22 días concentrado en la defensa de su primogénito, José Ramón López Beltrán, frente a las sospechas que pesan sobre su posible participación en un eventual conflicto de intereses vinculado a PEMEX. La empresa eje del nuevo nacionalismo mexicano, y fuente de la popularidad del presidente. El nuevo Cárdenas.
Las revelaciones del periodista Loret de Mola y de Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI) han puesto en duda, por decir lo menos, el discurso del Presidente de que él “no es como los del pasado”, y lo colocan en la condición terrenal de que todos los gobernantes son iguales, sean del PRI o del PAN.
Otra vez: ¿el Presidente ha claudicado de su deber de ser Presidente para todos los mexicanos? ¿Ha hecho a un lado los preceptos constitucionales que juró cumplir y hacer cumplir? ¿Su cuarta transformación la conduce en consonancia con lo jurado ante el Legislativo?
En septiembre de 2006, en el Zócalo de la Ciudad de México, cuando se conoció que había perdido la elección presidencial, López Obrador pronunció estas palabras:
"Ya decidimos hacer a un lado esas instituciones caducas que no sirven para nada e impulsar la revolución de la conciencia para que el pueblo decida. ¡Que se vayan al diablo con sus instituciones! ¡Vamos a tener un Gobierno de la República!"