Antes que otra cosa, quisiera mostrar mi beneplácito y reconocimiento a los colectivos ciudadanos que apoyan a las víctimas de acoso sexual y violencia familiar o cualquier otro delito en contra de las mujeres. Han logrado que exista una presión real a las fiscalías de todo país para que estos reprobables delitos no queden impunes.
En la mayoría de las denuncias por delitos contra mujeres existe una víctima y un delincuente. Y digo en la mayoría de los casos, ya que lamentablemente, aprovechando que estos temas para la sociedad son muy sensibles, algunas mujeres han iniciado un nuevo método legaloide de extorsionar o lograr desquites con sus exparejas y pongo un breve ejemplo.
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El caso de una pareja de jóvenes donde al parecer la dama es de las denominadas en el lenguaje juvenil como persona tóxica. Pues resulta que el hombre al terminar la relación debido a sus constantes problemas, la dama apoyada por su mamá, lo denunció por violación y secuestro haciéndole la vida imposible y todo por el despecho que sufrió la dama. Sé de otro caso de una joven que inicio una relación sentimental con un hombre maduro al que le pidió remodelaciones para su casa; al no acceder a su petición, ahora ella lo señala por acoso sexual y pide a cambio dinero para retirar la denuncia.
Estos lamentables ejemplos se dan debido a la molestia o necesidad que tienen algunas damas -en algunos casos, y aprovechan que son de los delitos que se investigan inclusive sin pruebas o evidencias, sólo basta con la simple declaración para iniciar una averiguación y aquí empiezan las historias de terror de los denunciados, ya que en estos casos la palabra supera cualquier prueba.
Que estas lagunas legales sean aprovechadas por algunas personas -que reitero son las menos- y sean motivadas por necesidad económica o despecho, lo podría entender; pero nunca justificar. Sin embargo, que un jurista como se hace llamar el que también es gobernador de Puebla y me refiero a Miguel Barbosa por desquite o despecho utilice estas reprobables conductas para encarcelar a todo aquel poblano que le moleste o le estorbe en su maquiavélica forma de gobernar nuestra entidad, es algo aberrante.
Vayamos al caso en específico. Conozco a Francisco Romero Serrano, quien hasta este lunes era el Auditor Superior del Estado. Lo conozco desde siempre, compartimos la misma profesión y actividad, hemos hecho trabajo profesional como equipo, somos amigos salvo por un periodo que él me negó su amistad porque le recomendé alejarse del ahora gobernador, pues le iba a ir muy mal. Se molestó y me retiró el habla. Después de que el tiempo me dio la razón, nuestra amistad quedó a salvo y él mismo me lo dijo.
Desconozco que pasó en esa trágica noche en el Fraccionamiento La Vista, origen de su calvario, y lo desconozco porque no he visto ningún video o escuchado alguna persona que se diga testigo de hechos, y que conste que platiqué con uno de sus vecinos y le pregunté si había visto o escuchado a Francisco Romero Serrano haciendo un escándalo, golpeando mujeres y niños afuera de la casa donde vive y me dijo que no vio ni escuchó nada.
Lo que sí he visto es un video que circula en las redes sociales donde Paco Romero, como le decimos sus amigos, está con su esposa Josseline Zurita y ella declara que jamás ha sido golpeada y muchos menos su hijo. La presunta víctima niega los hechos y aun así hay una averiguación, al parecer una orden de aprehensión y Paco Romero ya dejó de ser el Auditor Superior del Estado.
En este hecho no hay víctima, pero sí hay un probable delincuente. Al no ser víctima Josseline -porque lo niega-, para mí no se tipifica ningún delito de los denunciados. Lo que sí habrá es otro preso político si detienen a Paco.
Pobre Puebla tan lejos de Dios y tan cerca de la mano negra de Barbosa.