Desde estas Notas a la Carrera recordaremos a Monseñor Onésimo Cepeda Silva con mucho afecto y respeto, que Dios le bendiga en su camino hacia la eternidad.
Al enterarme del fallecimiento de Monseñor Cepeda me conmovió y entonces pensé en toda la polémica y revuelo que siempre causaban sus comentarios. De hecho, también me vino a la mente una anécdota que me ocurrió en la universidad en donde cursé la Licenciatura en Derecho:
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Estando en el aula, recuerdo que comenté a unas compañeras una breve y simpática anécdota que presencié de Monseñor Onésimo Cepeda. Un compañero de esos que nunca faltan -frustrado y amargado-, me dijo que ese momento seguramente lo había visto en la televisión, e ipso facto le dije que no era cierto, ¡que yo lo había presenciado! La verdad no me interesó ampliar explicaciones, sólo me interesa saber que lo que yo digo es verdad. En mi caso, las anécdotas que he vivido a veces son muchas más hermosas, que las que he platicado.
En la Ciudad de México he tenido la magnífica oportunidad de conocer a tanta gente extraordinaria, sólo a mis hijos y a mí nos constan el buen trato que hemos tenido de gente maravillosa, las historias que hemos vivido y a quienes hemos tratado. No acostumbro a darle explicaciones a nadie de mis actuaciones ni de mis actos.
Mi acercamiento con el mundo católico de la Ciudad de México
Me había casado muy joven a escondidas de mis papás. Una vez que vino la separación del primer matrimonio, comencé a viajar los fines de semana a mi querido Distrito Federal, en ese entonces. Desde antes me hice amiga de muchos artistas y políticos. Mi sentido de libertad sería un motivo más para continuar enriqueciéndome con uno de los temas que más amo: las bellas artes. Exposiciones, conferencias, fiestas taurinas, en fin, desde niña había pensado que siempre iba a vivir en la Ciudad de México, nunca pensé vivir fuera de él, pero la vida te cambia los planes y me enviaron a Tehuacán.
En tantas visitas de fin de semana a la Ciudad de los Palacios, un día entré a la majestuosa Catedral Metropolitana ubicada en la Delegación Cuauhtémoc. En esa misma delegación nací y disfruté mis primeros años de vida (Santa María la Ribera). Un día al andar merodeando en la plancha del Centro Histórico decidí entrar a la Catedral. Ya una persona de Tehuacán, don Enrique, me había dicho: “Usted maestra Oli, que viajaba constantemente a la Ciudad de México, debería pasar a saludar a don Norberto, él fue Obispo en Tehuacán. Le va a dar gusto que lo salude.”
Y así lo hice. Debido a una confusión de nombre y apellido con un familiar de don Norberto, tuve la oportunidad de saludarle a él mismo personalmente. Mi visita fue agradable y los siguientes veinte años se hicieron cotidianas mis visitas en la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México, lugar al que recurrentemente llegaba varias veces al mes. Durante más de cuatro lustros, tuve la oportunidad de conocer a muchas personas, desde los altos jerarcas católicos; así como también importantes líderes de otras religiones. Es ahí, en octubre de 2004 que saludé de mano por ejemplo al líder tibetano, el Dalai Lama, así como a otros líderes de la Iglesia Ortodoxa. Todo esto se lo agradezco eternamente al señor Cardenal Don Norberto Rivera quien siempre tuvo esa deferencia hacia mi persona.
En tantos años fui testigo de las personalidades que recibía el Señor Cardenal; desde personas con mucho poder político, empresarios, diplomáticos, así como también personas de escasos recursos. Retraté a muchas de esas personas y algún día publicaré esas fotos. Ya decíamos que en la Sacristía tuve la oportunidad de conocer y tratar a todo personaje que lo visitara e inclusive sólo a mí se me permitía retratarme con tan distinguidos personajes. Mucha gente me trató muy bien, no tengo por qué hablar mal de ellos, si mis recuerdos son agradables.
Monseñor Onésimo Cepeda Silva: una personalidad que impactaba
Conocí y traté a Monseñor Onésimo Cepeda Silva, era de estatura alta, alegre y franco al hablar, quizás por su forma tan directa al expresarse podría herir susceptibilidades; su personalidad impactaba, podría confundirse con arrogancia, sin embargo; en temas de Iglesia es ahí donde se quitaba el sombrero, en el fondo estaba convencido de que tenía un compromiso muy fuerte con la iglesia que representaba.
Él había elegido ser religioso, venía de una cuna con pañales de seda, siempre tuvo espíritu empresarial y era un político natural. Fue abogado, torero, cantante. Era polifacético, a mí y a mis hijos siempre nos trató excelentemente bien. Muy amable y firme para expresarse, era a veces un poco mal hablado, pero para el caló o para la jerga citadina, no era algo que sorprendiera realmente; quizás uno se podría sorprender porque se espera que como religioso fuera más cauto, pero se nota que era sincero, y las groserías en una persona sensata van a doc.
Era un señor alegre como él sólo sabía él serlo, a veces pensamos que porque son religiosos no tienen derecho a expresarse abiertamente, ¿por qué no? La alegría le ayuda al que lo es, al que la siente... si eso daña o potencializa la enviada de otros, pues ni modo. Siempre que nos dicen que un religioso es abierto nos ofende, pensamos que el prototipo de un alto purpado debe ser en su personalidad y actitud de cierto modo conservador, diplomático, casi casi un santo y las cosas no son así; hay quien con su alegría dignifica más a Dios que con sus amarguras y frustraciones. Recuerdo a la hermana Sofía Retana Colín a quien he admirado profundamente; era extraordinaria, alegre, franca, sincera y muy dicharachera. Los religiosos deben ser como son, no como quisiéramos o nos han dicho que deben ser. Los seres humanos pedimos perfección para otros y no para nosotros mismos.
Era un hombre polifacético
El Excelentísimo Sr. Monseñor Cepeda se consagró como sacerdote en el año de 1970. Fue el primer Rector del Seminario Conciliar de Cuernavaca Morelos; fue profesor de Teología, también fue el primer Obispo de Ecatepec. Hizo muchas cosas a favor de la gente humilde, buscó ayudar a los religiosos que se quedaran sin casa, lo seguía mucha gente humilde.
El pasado martes 1 de febrero cuando hablé vía telefónica con el Señor Cardenal Norberto Rivera Carrera me manifestaba su tristeza por la partida de una persona a la que él trató. Don Norberto es amigo de todos, se llevaba muy bien con Monseñor Onésimo Cepeda Silva. También en la misma semana falleció uno de los Obispos Auxiliares de las Arquidiócesis Primada de México, Monseñor Antonio Ortega Franco. Así es la vida, todos cumplimos un ciclo. Los religiosos así lo hicieron.
La partida de Monseñor Onésimo Cepeda es nota en medios internacionales. Don Onésimo supo conciliar muy bien su vida religiosa y su vida empresarial, ayudó a mucha gente de escasos recursos. Intentó ser político, la vida le daba para seguir disfrutando todo a lo que él estuvo dispuesto a vivir.
Descanse en Paz Monseñor Onésimo Cepeda Silva
Ya para despedir nuestras Notas a la Carrera hago de su conocimiento que la pashmina que porta don Onésimo Cepeda en la imagen de este texto, fue un obsequio que les entregó el Dalai Lama a los religiosos que asistieron ese día, en aquel octubre de 2004.