La Inteligencia Artificial (IA) es una poderosa herramienta que favorece y potencializa la expansión y eficiencia de las tecnologías en todos los ámbitos. Al mejorar la capacidad de los sistemas a través de la información y los datos, la IA posibilita la optimización de las tareas y la facilitación de los procesos, desde nuestras búsquedas de contenido en las plataformas digitales, hasta tareas más complejas como la planeación en los sistemas de producción y distribución en un conglomerado de empresas. Esta tecnología con la que interactuamos todos los días ha hecho más sencilla nuestra relación con el uso de nuestros dispositivos electrónicos, y aunque pase desapercibido, cuando nuestro teléfono utiliza el auto corrector o termina las frases por nosotros cuando escribimos un mensaje, ya estamos utilizado IA.
El año pasado, la Comisión Europea propuso una regulación a la Inteligencia Artificial en donde se reconocía que si bien la adopción de sistemas de IA aportaría beneficios sociales y crecimiento económico, así como que mejoraría la innovación y la competitividad, también advirtió que ciertas características podrían dar lugar a nuevos riesgos vinculados a la seguridad de las personas usuarias y sus derechos fundamentales. Por tanto se instó a que las nuevas normas propuestas garanticen que los sistemas utilizados sean seguros, transparentes, éticos e imparciales, y que éstos se encuentren bajo el control humano. Un punto medular del marco jurídico que se persigue en Europa reside en la confianza de la población como requisito previo. Y para ello, la transparencia se posiciona como un elemento medular.
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De acuerdo con los planteamientos en el “Libro Blanco sobre la Inteligencia artificial, un enfoque europeo orientado a la excelencia y la confianza”, a fin de favorecer un uso responsable de la IA, la creación de la confianza y las garantías de reparación resulta importante que se facilite información adecuada de manera proactiva sobre sus sistemas. Facilitar información clara, objetiva, concisa y fácilmente comprendida será imprescindible para el conocimiento y consentimiento de las personas ante el uso de las tecnologías y los sistemas de IA.
En esa misma tesitura, la Organización Mundial de la Salud ha reconocido que la transparencia es un principio fundamental para el uso ético de los sistemas de IA. En el primer informe mundial sobre Inteligencia Artificial aplicada a la salud coordinado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), esta instancia internacional propone esquemas en donde los sistemas de IA garanticen la transparencia, la claridad y la inteligibilidad, a fin de que se documente y se hagan de conocimiento público los usos y efectos que tendrá dicha tecnología.
Como podemos apreciar, el debate sobre la IA y su alta vinculación con los derechos humanos, entre ellos el de la protección de datos personales resulta sumamente pertinente, pues de ello depende que el futuro de nuestras interacciones con la tecnología sea siempre desde un ángulo que garantice las libertades y derechos de todas y todos.
Este 28 de enero se celebrará la decimosexta edición del Día Internacional de la Protección de Datos Personales; y en el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales nos uniremos a esta conmemoración con una serie de paneles en donde reflexionaremos sobre la importancia del derecho humano de protección de datos personales ante el uso de la Inteligencia Artificial (IA). Este foro, que sumará a los sectores público, privado y a la sociedad civil, busca consolidar el compromiso para desarrollar una IA más segura y justa.
El foro “Inteligencia Artificial: perspectivas y prospectivas desde el derecho de protección de datos personales y la privacidad”, coordinado por mis colegas, la comisionada Josefina Román Vergara y el comisionado Francisco Javier Acuña Llamas, será transmitido por las redes sociales del Instituto.
Las y los invitamos a sumarse a esta deliberación este viernes 28 de enero.