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      Entre la prudencia y la imprudencia

      Domingo, Enero 9, 2022
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      En Puebla habrá que estar atentos a los hechos que pretenden demostrar quién tiene el poder
      Periodista en activo desde 1974; ha dirigido, conducido y colaborado en diversos medios de comunicación escritos, radiofónicos y televisivos. Actualmente dirige el portal losperiodistas.com.mx y escribe Por Soleares, espacio de análisis político. Autor del libro Orígenes de la Cocina Poblana.
      Entre la prudencia y la imprudencia

      Quizá por decreto o por las presiones cotidianas de quienes son presa del sistema financiero, los poblanos regresamos a la aparente normalidad con las clases presenciales a la cabeza de una serie de decisiones que por cierto son bien acogidas por el sector privado de la entidad. Salvo, claro está, que la UDLAP lleva meses cerrada y no precisamente por la pandemia.

      “Nadie prueba la profundidad del río con ambos pies” dice un antiguo refrán cuando se trata de anteponer a las decisiones el concepto de la “prudencia”. Pero la economía de Puebla, pese al esfuerzo del sector oficial y los empresarios, no anda bien.

      Cientos de locales en las principales zonas comerciales están vacíos, los anuncios de “Se Renta” aparecen por doquier y la inflación viene haciendo lo suyo para cerrar el año con 7.36 por ciento, la cifra más alta en los últimos 20 años.

      Los bolsillos de los poblanos están afectados, la tortilla alcanza los 20 pesos el kilo y los limones subieron casi el 50 por ciento en los últimos días del año; quizá esas cantidades no sean significativas para muchos, pero para el pueblo bueno y sabio, sí que lo son.

      Por si fuera poco, la cobranza del gobierno federal vía IMSS o Infonavit se ha radicalizado desde hace varias semanas. Hay una feroz cobranza contra quienes por una u otra razón no han podido cumplir con sus obligaciones y se acercan al cierre definitivo de sus microempresas.

      La premisa de cumplir los deberes sin arriesgar la vida, parece que ha quedado en segundo plano, lo importante, dicen los empresarios y los patronos de universidades, es reactivar la economía, cumpliendo así uno de los requisitos del sistema financiero sin sentido humanista.

      Y el gobierno, los gobiernos, van de la mano de estas tendencias, pues para mover la maquinaria el Estado necesita dinero, para mantener la estructura de gobierno, se necesita dinero, para terminar las macro obras de la 4T se necesita dinero, para todo se necesita dinero y quienes lo generan, aprovechan las ventajas y hacen negocio y pagan impuestos.

      Curiosamente el presidente López Obrador hizo el reconocimiento a Carlos Slim de haber pagado 28 mil millones de pesos en impuestos en México, por la venta de América Móvil en Estados Unidos. ¿Sabrá Andrés Manuel cuánto tendría que haber pagado Slim si la operación se hubiera registrado en Estados Unidos?

      Por supuesto que Slim sí lo sabe, aquí pagó menos, y además se los devuelven en obras públicas que ejecutan sus constructoras.

      En fin, un escenario para los gobernantes harto complicado. El caso de Puebla reviste especial curiosidad y atención.

      Miguel Barbosa ha insistido en temas como desmantelar el Tren de Cholula, por sus altos costos de mantenimiento, o la Estrella de Puebla, que pretendió ser cambiada a la zona San Francisco para favorecer a un grupo de inversionistas, o el desmantelamiento de la ciclovía del Blvd. Hermanos Serdán, más lo que se acumule en estas semanas dentro de una estrategia del más puro estilo priista, donde el nuevo gobernante no le da mantenimiento a lo hecho por el anterior y con ello además de pretender borrar sus acciones, usa el dinero para hacer su propia obra para trascender entre sus gobernados.

      Habrá que estar muy atentos a los hechos de estas semanas que pretenden, entre otras cosas, demostrar constantemente quién tiene el poder, quién tiene el mando, quién manda en la plaza. Y con ello se irán decantando los deseos transexenales y los aspirantes a la sucesión irán comiendo del plato que el gobernador decida.

      Un dicho de Aristóteles quizá tenga cabida en este escenario: “el hombre es dueño de su silencio y esclavo de sus palabras”.

      O por lo menos, así me lo parece.

       

       

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