Llegamos al área de Oncología del Hospital de Especialidades Infantiles. Con el entusiasmo de siempre recorrimos los pabellones invitando a los niños y niñas a sumarse a nuestra actividad. La mayoría salió al área en donde "hacemos la magia". Uno que otro se queda en su cama.
En esa ocasión creo que los niños nos pintaron la cara, o tal vez fue cuando decoraron un guante de látex, no recuerdo muy bien. Lo que no puedo olvidar es que una enfermera con corazón gigante me dijo que había un niño que, si le insistía, sí se animaría a salir, y que ese niño lo necesitaba mucho.
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Con todo el ánimo que pude, fui hasta la cama del pequeño. Pensé encontrar a un niño silencioso, cabizbajo y retraído; lógico que estén así, entre la quimioterapia y sus efectos, y el contexto hospitalario que no ayuda. Pero grande fue mi sorpresa cuando al llegar con él vi a un niño sonriendo, con una tranquilidad que se le notaba en el rostro, sentadito muy erguido y con tremendo buen humor.
Al verlo así, le dije con voz firme y animosa: "Vamos campeón, acompáñame a la actividad". Su respuesta me cimbró, y es algo que marcó mi vida. Quizá él no estaba consciente de lo que decía, quizá sí. ¿Cómo un niño de unos ocho años, con cáncer y en condiciones de extrema pobreza podría inteligir esa respuesta y esa conversación?
Cuando le dije que me acompañara a la actividad, su respuesta fue: "¿Tú qué eres?". Me quedé impresionado con su pregunta, y de forma rápida contesté que era voluntario, pero él insistía: "No, ¿tú qué eres?". Sin saber exactamente qué quería, le dije ahora: "Soy alguien muy alegre, que te invita a nuestra actividad". El niño, desaprobando con la cabeza mi nueva respuesta, dijo: "No, tú no eres alguien muy alegre, tú eres alegría. Yo soy enfermedad, pero si tomo mis medicinas y mis quimios, pronto seré salud, y también seré alegría, como tú".
Al escribir estas líneas, se me vuelve a erizar la piel. Vuelven a rodar las lágrimas. Se acentúa el agradecimiento infinito por estos privilegios de vida. Un niño de ocho años, con cáncer y en condiciones de extrema pobreza, me acaba de dar una gran lección que me acompañaría el resto de mi vida.
Y comparto esa pregunta con ustedes: ¿Tú, qué eres?
Yo te lo diré: eres el buenos días que das, eres el gracias que dices a alguien de servicio, eres la sonrisa que regalas a un desconocido, eres el abrazo sincero a un ser querido, eres la oración que elevas ante la necesidad, eres la fuerza que sacas en la adversidad, eres el consejo que das, eres la actitud que tomas ante los problemas, eres el entusiasmo al recibir buenas noticias, eres la ayuda que brindas cuando se necesita, eres todo lo que haces.
Sólo que, cuidado, pues también se podría ser lo contrario. Por eso, hoy, en el ocaso de este difícil año, te invito a que seas generosidad, a que seas amor, a que seas solidaridad, a que seas empatía. Hoy, puedes ser muchas buenas acciones con quienes más necesitan.
Encuentra una necesidad, una causa, y sé las acciones con que puedas colaborar.
Dime, ¿tú qué eres?
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Rescoldos
Te sigo invitando a que te sumes a Fundación Madai, estamos haciendo una gran colecta de mantitas, las cuáles se les dan a niños en situación vulnerable con un abrazo, y su sonrisa siempre es la mejor recompensa. Únete, hace falta ayuda. Puedes pedir información en mis redes o al 2226142944.
@RafaActivista
rafaactivista@gmail.com