Este fin de semana tuve la oportunidad de acompañar a Karla Martínez Lechuga, pre candidata a la diputación federal de la Alianza Va por Puebla por el distrito de Huauchinango, a una gira de trabajo por cuatro municipios de la llamada Sierra baja. Francisco Z. Mena, Venustiano Carranza, Pantepec y Jalpan.
A pesar de que han pasado muchos años desde que acudí con un candidato a la diputación federal por estos municipios, es grato recorrer los caminos de la sierra y constatar que siguen siendo generosos a la vista.
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Desde el calor tropical de aquella zona, la diferencia se siente con la parte alta de la Sierra. Y también, hay que decirlo, la pobreza, que lamentablemente sigue cabalgando triunfante en esa región.
El primer punto que tocamos fue Z. Mena o la Mesa de Metlaltoyuca, específicamente en el restaurante “La Choza”, ahí, juntito a la gasolinera de la cabecera municipal. El profesor Hildeberto Aguilar, presidente del PRI municipal, ataviado con su blanquísima camisa con bordados de aves y flores multicolores y su cabello cano, dio el recibimiento a la manera de un patriarca del partido a la joven precandidata y lo primero que hizo fue elogiar su puntualidad: “Muchos candidatos nos han venido a visitar y ninguno ha sido puntual. Es la primera vez que veo que un candidato lo es”.
Luego vino el discurso de la profesora Eldaid Prior Leyva. Discurso sublime. Lleno de una retorica superior, de esas que ya no se dan en las nuevas generaciones de profesores. Halagó la juventud y decisión de la candidata y exhortó a la unidad del partido, entre los dos precandidatos que ahí se encontraban a la alcaldía municipal; Alfredo “Cuco” García y Danny Arely Solís.
Quien quiera que sea el nominado, dijo la profesora Prior desde la autoridad que le dan los años y la experiencia, quien no lo sea debe sumarse al otro.
Los aludidos intentaron mover la cabeza afirmativamente, pero lo hicieron tan débilmente que apenas se les pudo creer.
Luego vino la parte de la convivencia. El Zacahuil y el café caliente. Ufff.
Fue difícil abandonar ese paraíso para dirigirnos hacia Mecapalapa, donde ya el calor arreciaba. Ahí, fuimos recibidos por Iván Santos y su esposa, Katy Ávila. Ella es candidata a la alcaldía de Pantepec. Karla Martínez destacó en su discurso que es tiempo de las mujeres y de los jóvenes. La candidata a la alcaldía la secundó.
El tercer punto fue Venustiano Carranza, donde Gerardo Vargas, ya con un calor sofocante para los que íbamos de la Sierra alta, nos recibió para sostener una reunión donde los participantes, pidieron que Karla no fuera como los otros. Que una vez que son electos, nunca regresan al Distrito.
El último punto fue el rancho de Martín Vargas, primo de Ardelio Vargas Fosado, hoy flamante subsecretario de gobernación y padre de la alcaldesa, Lupita Vargas Vargas, quien también busca la reelección.
Nada más de entrar, el panorama que se ofrece a los ojos es de charrería plena: un lienzo charro propio y caballos por dondequiera. Con su buen anfitrionía, los presentes hicieron saber a los precandidatos Chucho Vargas y Karla Martínez, la necesidad de mejorar los caminos, particularmente el que lleva de Apapantilla a Jalpan.
En todos los eventos, los asistentes refrendaron el apoyo a la joven candidata, quien abre un camino para un cambio generacional en la política serrana.
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Fuerte polémica fue la que se armó en el cabildo de Huauchinango cuando amigos de la finada Leticia Animas, propusieron ponerle su nombre a la Casa de la Cultura de Huauchinango. La mayoría de los regidores, coincidieron en que, si se buscaba preservar el nombre de la reportera serrana, quien después ocupó un cargo como funcionaria federal, debía ser el recién rehabilitado Auditorio Municipal. Pero sus amigos se opusieron. E insistieron en que fuera la Casa de la Cultura. Entonces comenzó la discusión. Incluso, Julio Castillo, regidor de Cultura y Turismo, quien ese día le fue aprobada su licencia como tal para ir a contender por la diputación local por Morena, planteó algo que pareció lo más coherente: Que la actividad más visible de Animas fue el periodismo, más allá de lo cultural, por lo que se le pusiera su nombre a una sala de prensa. Incluso, tuvo un altercado con Guillermo Garrido, amigo de Leticia, a quien le reclamó algo a voz en cuello relacionado con su abuelo, el ex regidor y profesor Ángel Castillo.
Ufff.
Al final los regidores, con tono desganado, aceptaron que la Casa de la Cultura llevara el nombre de la funcionaria fallecida.