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OPINIÓN

Las vallas (muro de la paz) y su simbolismo

En la forma de comunicar está el fondo de gobernar. “Ni te veo, ni te escucho”

Alesandra Martin

Consultora en Comunicación Política e Imagen para candidatos a diversos cargos de elección popular. Master en Psicología Social. Ocupó cargos de dirección en comunicación social para Ayuntamientos y el Congreso de Puebla

Lunes, Marzo 8, 2021

Las vallas que rodean al Palacio Nacional colocadas para impedir que las manifestaciones del 8 de marzo se acerquen al inmueble gubernamental, tiene varias lecturas y la mayoría   dejan una percepción poco más que errónea la estrategia del gobierno federal.

Los simbolismos para comunicar impactan en la percepción colectiva, en su mayoría con un efecto mucho más permanente que las palabras. Los símbolos juegan con imágenes que nos hacen generar una percepción de la realidad y emociones ya sea positivas o bien, negativas.

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Los colores, las formas, las figuras, todas ellas forman parte de los simbolismos. Asociamos cuando el impacto del símbolo es fuerte, tanto para incluso no olvidar la representación que hacemos de ese símbolo.

Mucho de la política está basada en simbolismos, porque en política la percepción es realidad. Y en México. el gobierno federal ha errado en la manera de comunicar llamando a las vallas que se han colocado en el recinto gubernamental que con tal osadía: “El muro de la paz”. La percepción de la imagen, que circulan por redes sociales, no se asocia con paz y mucho menos ahora, que las feministas han aprovechado estos muros metálicos utilizándolos como lienzo para escribir el nombre de las mujeres desaparecidas o víctimas de feminicidio.

El poner vallas entre los colectivos de mujeres y Palacio Nacional, recinto en el cuál no sólo despacha el presidente Andrés Manuel López Obrador sino que además habita en el, ha sido una estrategia mal calculada, poner vallas metálicas que en efecto son un muro, tiene un efecto inmediato de asociación de que el Presidente, ni las oye ni las ve.

El costo político electoral de frenar el ingreso a Palacio Nacional a los colectivos feministas, es probable que se haya medido, y resulte más conveniente que no encuentren eco a sus demandas en un México sumamente machista. El resguardo de los inmuebles históricos para que las mujeres no hagan desmanes, ha sido una estrategia poco aceptada.

 

El simbolismo de esa valla es histórico: “Ni las oigo ni las veo” y las mujeres lo que han hecho con esos muros que a través de su dolor, rabia, miedo, tristeza, los utilizan para escribir los nombres, resultó aún más eficiente para el impacto negativo al Presidente.

 

Pero hay algo más que se ha olvidado porque ni mil vallas, ni mil personas pueden detener el cambio tan acelerado que ya han empezado, en la conciencia de los hombres y mujeres, en su actuar y en las almas de muchas y muchos que se han sumado a la bandera de causas de este colectivo.

Ese movimiento ha logrado lo que ningún movimiento en las últimas décadas se ha conseguido: visibilizar sus causas y que nuestro país y el resto del mundo, pongan los ojos en sus colectivos.

Ha conseguido ser un movimiento social emergente, un movimiento genuino, una expresión colectiva espontánea, en la cual están involucrados sujetos sociales que coinciden en una representación social compartida de la realidad, no buscan el ascenso al poder, no hay partidos políticos detrás de estos movimientos.

El clima en nuestro país abona para el surgimiento de movimientos sociales emergentes; el clima emocional me refiero porque la causa está por demás justificada y permite que un movimiento que ha surgido desde el colectivo de mujeres que comparten la lucha feminista, ahora puedan sumar no sólo a ciudadanos que no son activistas sino a partidos políticos y gobiernos de los tres órdenes.

Y se ha dejado de lado esta lectura que no conviene estratégicamente al gobierno, no escucharlas ni recibirlas, resulta contraproducente ya que en un gobierno de izquierda – el primero en México- se esperaría que las causas de las minorías sean arropadas por los gobernantes ofreciendo resultados eficaces y eficientes.

No se debe olvidar que hay tiempos electorales, que el movimiento de las mujeres no se difuminará, por el contrario, se acrecentará. La pandemia, aceleró los cambios que tarde que temprano debían suceder, “la globalización digital “en gran parte fue un elemento que marca el inicio de una nueva era en el que las mujeres serán centro de atención.  No querer ver ni escuchar que estamos iniciando una nueva era que será imposible frenar los cambios, sería iluso y con altos costos sociales y políticos.

 

Twitter: @AlesandraMartin

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