Según cifras oficiales marzo fue el mes con mayor número de denuncias por violencia doméstica. El confinamiento y la crisis económica han disparado las agresiones contra mujeres y niñas durante las primeras semanas de la emergencia. Muchas de ellas están acudiendo a albergues y refugios para protegerse de la violencia. Pero ahora, han surgido dudas sobre ¿qué tan adecuados son los protocolos en estos refugios para que las personas no corran el riesgo de contagiarse del Covid-19?
En días pasados, el Secretario General de Naciones Unidas, Antonio Guterres, alertó al mundo sobre "un estremecedor repunte global de la violencia doméstica" contra mujeres y niñas. El confinamiento al que nos ha obligado la pandemia, ha tenido un impacto negativo sobre millones de hogares de todo el mundo, aumentando los niveles de violencia intrafamiliar.
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En México, según los datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, cada día, alrededor de 4 mil mujeres piden auxilio telefónico debido a una situación de violencia de género. Ante el incremento de las denuncias por violencia intrafamiliar, que en marzo se dispararon a más de 26 mil, el Instituto Nacional de Desarrollo Social (el INDESOL) hizo un anuncio importante.
El pasado jueves, dio inicio la entrega de recursos para la operación del Programa de Apoyo para Refugios Especializados para Mujeres Víctimas de Violencia de Género, sus Hijas e Hijos. Esta es una muy buena noticia. No obstante, es muy importante tomar las medidas preventivas necesarias para que las mujeres y niñas que acudan a estos albergues y refugios estén libres de riesgo de contagio por Covid-19.
Pensando en ello, el día de ayer presenté un punto de acuerdo en la Cámara de Diputados para exhortar a las autoridades federales y estatales, a que actualicen los protocolos de albergues y refugios públicos, para que las personas que se vean en la necesidad de acudir a ellos cuenten con la certeza de que permanecerán en un lugar libre de contagio por Covid-19.
En la propuesta que envié al Congreso, hago especial énfasis en los albergues para mujeres y menores. Sin embargo, este exhorto es extensivo a todas las instalaciones de este tipo que albergan a personas que requieren un lugar para resguardarse por alguna razón específica.
Recordemos que, además del efecto de dispersión del virus, generalmente los refugios, albergues y campamentos son lugares de hacinamiento que intensifican el contacto personal. Y bajo las circunstancias que nos impone el virus, esta situación resulta en extremo riesgosa.
En Singapur, por ejemplo, donde las medidas aplicadas para contener la pandemia habían dado buen resultado, recientemente se presentó un rebrote muy agresivo. Después de una investigación y seguimiento de las cadenas de transmisión, se descubrió que el foco de contagio había sido un albergue donde prevalecían condiciones no supervisadas de hacinamiento.
Singapur tuvo que enfrentar este rebrote con medidas de aislamiento para cerca de 300 mil trabajadores concentrados en zonas que presentaban condiciones de insalubridad.
Tengamos en cuenta que esta crisis de salud seguramente se extenderá por meses, hasta no contar con una vacuna. Ello significa que veremos varias oleadas del virus, unas más intensas que otras. Así que, para evitar que alguna de ellas nos obligue nuevamente a cerrar la economía, es necesario que la autoridad de salud intensifique la aplicación de las medidas epidemiológicas en albergues y campamentos, para garantizar el bienestar de quienes acudan a estas instalaciones en busca de protección.
De esta forma, no solo estaremos seguros de que las mujeres, niñas, migrantes, personas en situación de calle y, en general, grupos vulnerables, estarán libres de Covid-19. También evitaremos que un rebrote en estos refugios y albergues públicos vuelva a poner en jaque a todo el sistema de salud.