Marcelina Romero *
“La libertad es la posibilidad de aislamiento. Eres libre si puedes alejarte de los hombres, sin que te obligue a buscarlos la necesidad de dinero, o la necesidad gregaria, o el amor, o la gloria, o la curiosidad, que no pueden encontrar alimento en el silencio y la soledad. Si te resulta imposible vivir solo, has nacido esclavo. Puedes tener toda la grandeza de espíritu, toda la grandeza del alma: eres un esclavo noble o un siervo inteligente, no eres libre”.
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Fernando Pessoa
Soy argentina, resido en Estados Unidos. Es aquí donde me encuentra este virus llegado para quedarse una temporada en nuestras vidas. Las pandemias han sido siempre una fórmula de éxito comercial en el cine, en la televisión, en la literatura… sin embargo, hoy, en lo cotidiano, el protagonista llamado Coronavirus no nos está resultando simpático ni fácil de llevar. La miniserie que nos toca vivir está ambientada en diversas ciudades del mundo, las más visitadas. Este capítulo recrea las peripecias de toda la raza humana en busca de una solución que contraria a su naturaleza: “sociabilizar”. En la vida real tampoco existe el país donde a través de una junta de expertos se encuentra el antídoto, justo antes de que aparezcan los créditos. Esta vez no. Estamos asistiendo a una desesperada carrera contra el tiempo llevada a cabo por un grupo de investigadores, biólogos y médicos para evitar la propagación de esta pandemia mortal.
El coronavirus nos va marcando el minuto, con muertos, más contagiados y recuperados. Vivimos inmersos en una serie cuyo final sabemos que será abierto. El mundo entero corre la misma suerte: desesperación e incertidumbre. El coronavirus, de manera caprichosa, coloca a las potencias del mundo bajo la lupa en una nueva competencia global. Día tras día verificamos qué país encabeza la lista ya no en temas relacionados con la economía, o el crecimiento como ocurría dos meses atrás. Ahora la noticia es una: qué país encabeza el top ten en casos declarados erigiéndose como epicentro del foco infeccioso.
Las acciones de nuestros representantes nos genera aún más miedo, no estábamos preparados y no lo estamos, los egos aún juegan un papel muy importante, los bolos piensan que pueden sacarle protagonismo, acá el que gana es el coronavirus.
El capítulo lleva nombre: “Aislamiento”. Ciudades enteras vacías, detenidas, majestuosas en sus propios colores, solitarias, sin humanos a la vista. Hoy, la especie humana, en su absoluto aislamiento, pone de manifiesto lo peor y lo mejor de su naturaleza: miedo, desesperación, individualismo, egoísmo… pero también, felizmente, la solidaridad, el espíritu de colaboración con el prójimo, la compasión, la entereza. Transitamos una oportunidad única para dar un vuelco a tanta desigualdad mundial. ¿Seremos capaces de aprovecharla?
(*) Master en Comunicación Política y Gobernanza Estratégica, George Washington University; miembro de la Red de Politologas -mujeres dedicadas a la Ciencia Política Latinoamericanista- y del National Association of Hispanic Journalists (EEUU). Síguela en Twitter: @lmarcelinaromer