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OPINIÓN

La postura de AMLO ante los feminicidios

Coincido, los que votamos por él tenemos esperanza y lo vamos a ayudar.

Laura Carreto Tirado

Licenciada en Relaciones Internacionales, Maestra en Ciencias Políticas ambos grados por la BUAP. Especializada en temas migratorios y en la Relación México-Estados Unidos. Ha investigado y escrito al respecto en libros y revistas 

Lunes, Marzo 16, 2020

AMLO: un presidente que hizo historia al ser elegido con 53-58% de los votos (BBC: 2018) el inolvidable domingo 2 de julio de 2018. Uno de sus simpatizantes Francisco Soriano maestro de arte de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) ante el evidente triunfo expresó ante la BBC: “Esto es extraordinario. Una victoria para los mexicanos que queremos paz y justicia”, “lo único que pido AMLO es que siga como va, que no olvide que está ahí por la gente que votó por él, espero que cumpla sus promesas”. “Tenemos esperanzas y lo vamos a ayudar”.

Coincido, los que votamos por él tenemos esperanza y lo vamos a ayudar. Reconozco que es un presidente diferente a sus antecesores; sencillo, que viene desde abajo, de la lucha colectiva, sensible a las causas sociales (algunas), que prioriza por primera vez a la población más humilde y a la vez se muestra cercana a ella. Pero AMLO debe saber que dentro de esa gran población por la que él siempre ha luchado, están las mujeres. De 125 millones mexicanos: 51.1% somos mujeres, es decir más de la mitad. Por lo cual es urgente que no vea con indiferencia el asunto de la violencia de género, feminicidios y desapariciones.

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La ola constante de feminicidios y violencia de género que se han desatado en los últimos años en México, han llegado a cifras alarmantes; definitivamente las “gotas” que derramaron el “vaso”, fueron los casos del intento de feminicidio de la saxofonista oaxaqueña: María Elena Ríos, quemada en cara y cuerpo con ácido por órdenes de su ex pareja: Juan Vera Carrizal; el feminicidio de la regiomontana Abril Pérez Sagaón mandada a matar por su ex esposo Juan Carlos García. Además de los casos recientes: la poblana Ingrid Escamilla desollada por su pareja y la niña “Fátima” violada y ultimada por un hombre que le pedía urgentemente a su esposa una “novia muy joven”. Estos han sido definitivamente focos alarmantes por lo cual la sociedad, el gobierno y medios de comunicación ya no pueden seguir siendo indiferentes ante este problema social tan evidente.

Las voces de hartazgo en todo México se escucharon el 8 de marzo “el Día Internacional de la Mujer”. Miles de mujeres mostraron solidaridad en las principales ciudades de nuestro país, en la capital marcharon según cifras del gobierno CDMX unas 80 mil mujeres, sin embargo, el periódico “Publimetro” hace un cálculo de 120 mil, 40 mil más que la cifra que calcula el gobierno de Claudia Sheinbaum.

Mientras miles protestaban por la ola de violencia, los feminicidios continuaban: durante el 8 de marzo y 9 de marzo (un día sin mujeres) 11 mujeres fueron asesinadas.

En este 2020 debido a su gran número, las marchas feministas fueron históricas: una respuesta de enojo al número cada vez más creciente de víctimas de violencia machista. Parte de la inconformidad colectiva ha sido la respuesta del presidente ante esta situación tan grave.

Equivocadamente el presidente percibe las protestas feministas como un asunto personal; dice que en estos movimientos hay infiltrados conservadores, como si el ataque fuera directo hacia él. Sin duda en estos días de conmemoración por el día de la mujer, más de uno salió “feminista,” incluso aquellos políticos de partidos que se han opuesto históricamente al derecho a decidir. Las feministas defendemos nuestro movimiento, el cual es: legítimo, independientemente político y autónomo.

AMLO no debe sentirse acusado, ni víctima de una conspiración conservadora. La lucha feminista es una expresión de protesta, no sólo al presidente, sino al sistema estructural al que hemos estados expuestos hombres y mujeres a lo largo de nuestra historia; que particularmente en nuestro país es un patriarcado en su máxima potencia, que ha permitido: 1) Los diez feminicidios que ocurren a diario; 2) La corrupción de las autoridades; 3) Los encabezados y portadas amarillistas: donde las asesinadas han sido expuestas, medios de comunicación que abusan de la libertad de expresión que existe en el país, en pocas palabras: publicaciones sin ética; definitivamente estos minimizan la situación y no consideran que su papel también es clave para la erradicación de esta enfermedad social.

El presidente ha insistido en que no intentará una nueva estrategia para detener los feminicidios. El martes 10 de marzo, cuando se le preguntó que: si consideraría un nuevo enfoque del problema, López Obrador respondió: "No, por el contrario, vamos a reforzar la misma estrategia de analizar las causas de la violencia". (The Guardian, 2020). Enumeró una lista de posibles soluciones: "encontrar formas de vivir en una mejor sociedad” (asegurando) que “no hay desempleo”, “que hay buenos salarios”, que se está evitando la desintegración familiar, que hay salarios adecuados, que los valores están siendo fortalecidos". No usó la palabra "feminicidio" no mencionó el problema de violencia género o preocupaciones específicas concernientes a la seguridad para las mujeres (The Guardian, 2020).

La “omisión” de posición del presidente respecto al derecho a decidir, el matrimonio igualitario y los derechos de las mujeres coincide con su cercanía con los pastores de iglesias cristianas. En marzo de 2019 el presidente se reunió con los pastores de la “Confederación Nacional de Iglesias Cristianas Evangélicas (Confranternice). Arturo Farela, de 65 años, originario de Frontera, Coahuila, uno de los pastores miembros fue recibido dos ocasiones en los primeros cien días de la gestión del presidente, quien expresó ante el periódico “El País”: “Dios nos ha abierto unas gigantescas puertas porque hemos sido invitados a colaborar con el Gobierno Federal en algunos programas sociales”, dijo Farela (El País, 2019).

La postura de AMLO es contradictoria, pues estaría violando los principios y la lucha de su figura más venerada: Benito Juárez, quien propuso “Las leyes de Reforma” (1855-1863) y quien tomó las armas para luchar por la separación del estado y la iglesia. Por consecuencia el presidente estaría violentando las propias leyes de nuestro país: a la Constitución Mexicana; no debería haber ningún acercamiento, ni asesoría, ni intromisión de ninguna corriente religiosa, sea cual sea.

Y es que la contradicción fue desde la campaña, al hacer alianza con el desaparecido partido de derecha Partido Encuentro Social (PES) el cual era un partido religioso, aunque nunca lo reconocieron abiertamente, es bien sabido que era conformado por personas cristianas evangélicas; su lema era: "transformar a México desde la familia y los valores", AMLO expresó su intención de buscar la creación de una "constitución moral" para su país, dijo ante miembros del PES que serviría "para promover un paradigma moral del amor a la familia, al prójimo, a la naturaleza y a la patria". Un mes y medio después de llegar al poder, circuló desde ese momento “la cartilla moral”: se trata de un documento cuyo objetivo es "moralizar la vida pública de México", sanar y reconstruir el tejido social; donde se reproducen los principios depositados en un texto de 1944, del escritor y diplomático Alfonso Reyes: llamado precisamente la “Cartilla Moral” (El País, 2019)

Después de los feminicidios de Ingrid Escamilla y la niña Fátima, un grupo feminista se manifestó el 18 de febrero, enfrente de Palacio Nacional en la CDMX para mostrar su enojo por la respuesta del presidente quien dijo que el problema de los feminicidios se solucionaba con la “cartilla moral” (el cual es divulgado a través de organizaciones evangélicas); además de decir que cuando él era de oposición “nunca se rompió ningún vidrio” y que invitaba a las feministas a protesta de manera pacífica (Diario de Yucatán, 2020)  

AMLO parece no escuchar a todo aquel que lo contradiga y cuestione sus políticas, pero debe tomar los comentarios de la gente que votamos por él; realmente preocupa su falta de empatía. No debe cerrar los ojos en este tema tan grave, si el presidente se considera de izquierda debe ver el ejemplo del presidente de la Argentina quien también lo es, pero a diferencia, que, Alberto Fernández si se ha comprometido con las argentinas en proponer ante el congreso la legalización del derecho a decidir. Si López Obrador fuera una persona receptiva y abierta ante estos temas estaría dispuesto a capacitarse por las grandes feministas de este país, tenemos grandes representantes a nivel internacional seguro lo harían con gusto; además de pensar objetivamente sobre la separación de la religión y estado, por la que tanto luchó su máximo líder.

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