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Opinión



De pata de perro, por Zacatlán

Martes, Octubre 8, 2019 - 14:23
 
 
   

Una vez más, sí, pero a mi siempre me ha parecido una población de encanto

En cuarenta y ocho o setenta y dos horas no se hace un cronista, ya lo sabemos. Pero ir con los ojos bien abiertos y la sensibilidad a flor de piel te lleva a disfrutar todo lo que miras, respiras y sientes donde te paras.

El pasajero en el tiempo recorre Zacatlán. Una vez más, sí, pero a mi siempre me ha parecido una población de encanto, con mucho de color y algo de magia.

Sus calles del centro admirablemente limpias. Limpísimas, no exagero.  Se observa orden, buen gusto, con flores por doquier, aleros de las viejas casonas, esas extensiones de los techos de dos aguas que son lo mismo hoteles de golondrinas que puntos románticos en las alturas.

Los balcones, los portones, sus tiendas, hasta sus depósitos de basura con sentido eco lógico. Se aprecia orden y concierto.

Su casi religioso acatamiento al paso vehicular “uno por uno”, y el respeto al peatón realmente ejemplar en todo el estado. Todo esto contrasta, por ejemplo, con Chachapa, por decir algo, esta ciudad tan cerca de Puebla y tan lejos de la civilización. En este último lugar no hay ¡una sola calle ordenada y limpia! Y así está al paso de los años, parece realmente un pueblo sin ley.

La imagen que uno registra de Zacatlán indudablemente nos remite a sus habitantes. Hay educación, hay civismo. Seguramente les ha llevado años a todos, vecinos y autoridades, crear esta gratísima impresión de aprecio por la calidad de vida.

Y no es excepción. Es la regla: la gente que cruza calles y esquinas, y sobre todo el visitante, son tratados con especial comedimiento.

Esto mismo se aprecia en la mayor parte de los lugares de servicios, como tiendas, vinaterías o restaurantes. La amabilidad está muy multiplicada. En algunos casos es un hábito común.

 Hay lunares, claro, como un restaurante famoso por su ubicación geográfica, con magnífica cocina…a pesar del gesto seco y desabrido eterno de sus dueños. Esa impresión siempre he tenido, por lo menos…Creo que este sitio es exitoso, a pesar de los propietarios.

Suelo decir en alguna charla: no somos culpables de la cara que tenemos, pero sí somos responsables de la cara que ponemos. ¿Qué nos cuesta...? Una sonrisa abre puertas, y nada cuesta…

La actitud es una disposición de ánimo. Pongámosle un poquito de mascabado. Como una meserita que vi, admirable en verdad: por la mañana atentísima en un restaurante, a mediodía dispuesta al máximo en otro, y por la noche en la calle vendiendo unos trozos de pay. Si la lucha por la vida tiene un nombre, es el caso de esta simpática chica.

Zacatlán es su paisaje, su cocina, su hospitalidad, su gente, todo esto junto es motivo de orgullo, de orgullo serrano y poblano.

Es oportunidad de conocer viejos amigos que uno no conocía, sí, es correcta la expresión.

Y es también saludar a nuevas amistades, tomar café, vinos o cremitas, comer deliciosas carnes ahumadas o chile con huevo, talyoyos y pan con queso.

Encontrarse con Javier Del Valle, el empresario y director de turismo, un funcionario que siempre está organizando, promoviendo o aprendiendo algo. Su testimonio fotográfico invariablemente es un novedoso registro de cosas que hace por y para su tierra.

Alejandro Barrios, amigo periodista, excelente guía y promotor zacateco; el decano de los cronistas, don Miguel Rodolfo Salinas, un auténtico archivo vivo de pasajes históricos, personajes y recuerdos. Por cierto, muy justo sería que alguna institución le editara sus “textos sueltos” o “prosa varia” como él le llama al registro de lo que sabe.

El maestro Nemesio Barragán Solís, quien con orgullo nos muestra su más reciente libro que está por presentar, sobre los músicos de Zacatlán o quienes ahí han vivido, un trabajo sumamente interesante; Nemesio es quien rescató del anonimato a don Pedro Escobedo, este hombre estatua que pone a bailar a la gente en plena calle. Me refiero al autor del famosísimo danzón “Zacatlán”, cuya efigie en acero preside en una esquina del zócalo la vida de todos quienes por ahí pasan.

En pleno zócalo conocemos a Ricardo Rivera Núñez, quien con orgullo nos muestra la hermosísima “Casona Márquez Galindo”, una antiquísima residencia de la familia Máquez, una dinastía emblemática de esas tierras, gente de trabajo y lucha. Esto último es literal, varios de sus ancestros participaron activamente en guerras y movimientos armados del país.

Él nos muestra una curiosa y original foto realmente de colección: uno de sus familiares sentado a la diestra nada menos que con el entonces todavía no general Ignacio Zaragoza. Ambos en sus etapas estudiantiles pero ataviados con trajes, muy elegantes.

La casa es como un museo, muchas fotos de personajes del mundo taurino, mobiliario, alfombras y decorado como si el tiempo del porfiriato se hubiera congelado; además, sus balcones ofrecen una visión del zócalo zacateco realmente envidiable. El mezcal y la hospitalidad de Ricardo son el complemento perfecto…

Ir al Callejón del Hueso es obligadísimo. La compañía de Alejandro Barrios abre puertas y ventanas. Ahí se construyen los nuevos vitromurales de Zacatlán. Es como la joya de la corona de los murales en las paredes del cementerio, que se han vuelto visita obligada para todo visitante.

Este nuevo sitio era un rincón de mala muerte. El ingenio, el admirable empeño del trabajo de voluntarios, y el arte de todos juntos, están convirtiendo el callejón en un lugar que será algo así como el corazón emblemático de esta hermosa ciudad.

Con millones de trocitos de cerámica, piedra, vidrio, espejos y otros materiales, confeccionan sobre las paredes las calles, sitios, esquinas, quioscos, edificios y demás sitios característicos de esa ciudad. Lo hacen con dedicación casi devocional y con detalles sorprendentes en verdad. Su trabajo y amor a su tierra merecen el reconocimiento y apoyo de todos.

Zacatlán es un digno pueblo mágico, aparte de su belleza arquitectónica por su gente. No dudo que, como toda ciudad, tenga claroscuros, es natural. Pero en cada nueva visita se aprecian detalles de un lugar progresista, con espíritu de trabajo, de esfuerzo, de buen ánimo frente a las dificultades del diario vivir.

Después de todo, las penas con pan son buenas…y si el pan es de Zacatlán, y las manzanas de Adán, ganas dan…!!!

xgt49@yahoo.com.mx


Semblanza

Xavier Gutiérrez

Es periodista desde 1967. Ha sido reportero y director de medios impresos y conductor de programas de radio y televisión. En su trayectoria periodística ha sido articulista, columnista, comentarista y caricaturista. Es autor del libro “Ideas Para la Vida” y ha desempeñado cargos públicos en áreas de comunicación. Desde hace diez años conduce el programa de televisión “Te lo Digo Juan…Para que lo Escuches Pedro”.

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