A ella sirven, ella los juzga o los premia, los alaba o los desprecia.
Tienen una herramienta común, la información. Su narrativa, la explicación de lo que se hace, la transparentación de sus dichos y de sus hechos.
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Ahí están, en una vitrina a los ojos de todos.
La ética es la balanza.
Van en líneas paralelas. A veces se juntan. Coinciden en ocasiones. No tienen por qué unirse, tampoco reñir.
El reto es la convivencia sana, madura, civilizada. Como la vida misma.
Este es un juego de ideas.
Se vale discrepar, se vale coincidir.
Me parece que este punto es un serio, muy serio pendiente en el caso de nuestro país en los nuevos tiempos.
Hay un novedoso modelo de gobierno, pero creo que este ingrediente de la democracia, el inteligente entendimiento con los medios, es un pendiente.
Hay comunicación, pero hace falta buena comunicación.
Esto requiere, a mi parecer, dejar afuera los prejuicios y las etiquetas y ofrecer información veraz, de ambas partes.
El presidente es un extraordinario comunicador, pero hace falta dosificar su presencia en medios, cotejar su visión con la realidad y dar respuestas consistentes con la enorme expectativa que ha creado en su gobierno.
En esto, unas cucharadas de prudencia no sobran. Y la aplicación de la ley de modo inteligentemente vertical.
En Puebla se ha dado un diferendo entre el gobierno estatal y E-consulta.
Hay grandes crisis y pequeñas crisis. Una grande crisis es perder a un miembro de la familia. Una pequeña crisis es sufrir un machucón. El caso ni a machucón llega.
Pero hay que atenderlo con voluntad e inteligencia.
La palabra clave es buena disposición.
El sexenio apenas empieza, es muy temprano para abrir frentes.
Revisemos un poco la historia reciente.
Mario Marín gobernador enfrentó una crisis. Lo hizo pésimamente. Lo hizo únicamente por la vía jurídica y regando dinero por todos lados.
Un par de semanas después de su conflicto con Lidia Cacho me reuní un par de horas con Valentín Menéses, su director de comunicación. Me pidió mi opinión y sugerí no una sino 20 salidas, aisladas o combinadas. Perdón por hablar en primera persona.
Había alternativas. Cité dos casos en donde problemas mayúsculos se habían superado exitosamente. Una comprometedora y estúpida conversación entre Emilio Gamboa y Kamel Nacif. En diez días era solo una mala anécdota.
El otro, un grave conflicto de violencia con muertos y heridos del gobernador Cárdenas en Michoacán.
En quince días era parte de la historia.
En ambos casos se encaró la crisis de frente, con franqueza, con reconocimiento de culpas y respuestas evidentes.
Marín no aplicó ninguna sugerencia. Nadie lo bajó del pedestal que él mismo se erigió.
Resultado: hoy es prófugo de la justicia.
Hay estilos.
El gobernador Guillermo Jiménez Morales era, es, un encantador de serpientes en el trato con los medios.
Cuando surgía una desavenencia con un periodista o medio, al día siguiente lo estaba revisando en forma y fondo.
Se sentaba en un desayuno o comida laaargo con un comunicador. Escuchaba por igual razones y sinrazones. Una gran tolerancia y prudencia estaban también sentadas a la mesa. Igualmente el sentido humano.
Se discutía, se analizaba, se debatía. A lo mejor no había acuerdos para siempre, pero esta clase de acercamientos se repetían y así se pavimentaba un largo camino de convivencia y respeto recíprocos.
Con don Julio Scherer eran cíclicos sus encuentros cada dos o tres meses, por citar un caso.
El caso Melquiades Morales. Alguna vez le dije: usted hace la mitad del trabajo que corresponde al director de comunicación.
Era un manjar para los medios. Atendía a todos, todo el tiempo y de buenas.
No quiere decir que dijera sí a todo. No, tenía sus reglas. Tenía sus normas. Lo vi debatir y convivir con una gran urbanidad y entereza con Aguilar Camín, Federico Reyes Heroles o López Dóriga.
En tales ocasiones cumplía aquél consejo del reloj: mostrarlo sólo cuando te pregunten la hora. Exhibía con naturalidad sus lecturas, su cultura. Lo hacía hasta de manera discretamente elegante.
La historia enseña siempre, pero requiere buenos alumnos. En la política, en los negocios y en la vida, cuando uno no aprende la lección, la paciente historia se la repite a uno.
En el caso que nos ocupa se trata de un juego de inteligencia, de sensatez.
Esto es un juego, y hay que tomarlo con buena actitud, sin prejuicios, descalificaciones o estigmatizaciones.
Se trata de una convivencia a mediano plazo, de un sexenio. No digo de largo plazo porque, ya se sabe, a largo plazo todos estamos muertos.
El diálogo, la comunicación inteligente, sigue siendo el camino más corto entre dos entidades.
Los gobernantes duran un periodo que marca la ley, los medios quedan.
Una de las acepciones de la palabra pontífice es, el que construye puentes.