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OPINIÓN

Diseñemos políticas migratorias con los ojos del migrante

Pongámosle el rostro humano que merece.

Fernando Manzanilla Prieto

Soy Fernando Manzanilla Prieto, desde hace 20 años la vida me ha dado el privilegio de servir a las familias poblanas. Mi mayor anhelo es que a mí Estado le vaya bien. 

Lunes, Julio 29, 2019

El fenómeno migratorio es un tema que atañe a todas las autoridades del mundo y, por su propia naturaleza, es una materia muy controvertida.

Durante muchos años, cada estado decidía libremente sobre qué personas autorizaba ingresar a su territorio, así como las circunstancias y los procedimientos que debían realizar para su ingreso.

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Sin embargo, en las últimas décadas, el traslado de las personas de un país a otro ha crecido considerablemente hasta convertirse en un tema prioritario en la agenda de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), incluso, nuestro país fue uno de los impulsores para colocar el tema en la agenda multilateral, desde las conferencias de población y desarrollo, allá por la década de los 80.

Al poco tiempo se estableció el Foro Mundial Sobre Migración y Desarrollo (FMMD), un espacio abierto al diálogo y al debate, pero que desafortunadamente no se tradujo en acciones concretas.

El primer acuerdo negociado en la Organización de las Naciones Unidas que atiende el fenómeno en sus distintas dimensiones y etapas del ciclo migratorio, fue el conocido Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular, mismo que contempla el origen, tránsito y retorno de los migrantes.

Dicho acuerdo fue ampliamente criticado en su momento por dos posturas mal entendidas; la primera, referente a su obligatoriedad jurídica; y la segunda, respecto a que la ONU tendría control sobre las fronteras o las políticas migratorias del conglomerado de países, políticas públicas que jamás fueron concebidas de tal manera.

El pacto identifica las causas que originan la migración, mismas que deben ser atendidas a fondo por cada uno de los estados; en segundo lugar, refiere la vulnerabilidad sistemática en tránsito, a la vez que genera condiciones a largo plazo en el ciclo migratorio.

En el documento, se plantearon distintos objetivos de beneficio al migrante, a los estados y, finalmente, a las comunidades receptoras de personas y de origen.

Cabe resaltar que todos los objetivos tienen en común el trabajo de cooperación, es decir, buscan que a través de alianzas entre los distintos órdenes de gobierno y con la sociedad civil e iniciativa privada, se atienda el fenómeno migratorio.

Tenemos el reto de avanzar en una agenda diplomática muy ambiciosa, una en la que todos los países tengan algo por ganar, pero especialmente, que los beneficiados sean las y los millones de personas y familias que por distintas situaciones abandonan su país de origen para buscar mejores oportunidades de vida en otro sitio.

Dejemos de ver el fenómeno migratorio como un tema meramente de seguridad, pongámosle el rostro humano que merece, con la comprensión de que sólo podemos implementar políticas públicas de bien común, si observamos al migrante con los ojos del alma.

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