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Opinión



El reto de la reestructuración de la educación

Lunes, Julio 22, 2019 - 07:28
 
 
   

Es el reto de la apertura de amplias avenidas de elección, que respete la libertad de criterio

“El reto de la reestructuración en la educación y en otros ámbitos consiste en el abandono o la atenuación de los controles burocráticos, las órdenes inflexibles, las formas paternalistas de confianza y los arreglos rápidos del sistema con el fin de escuchar, articular y reunir las voces dispares de los profesores y demás partícipes de la educación (sobre todo, los alumnos y sus padres). Es el reto de la apertura de amplias avenidas de elección, que respete la libertad de criterio profesional de los docentes y refuerce su capacidad de decisión. Es el reto de la construcción de la confianza en los procesos de colaboración…”

Andy Hargreaves. Profesorado, cultura y posmodernidad.

http://www.terras.edu.ar/biblioteca/17/GSTN_Hargreaves_Unidad_2.pdf

Hace unos días apareció en mi TL de mi cuenta de Facebook una publicación de una directora escolar en la que se quejaba de que le habían regresado su documentación oficial de fin de curso por un detalle mínimo –y muy absurdo- de formato.

Resulta que según decía ella, todos los formatos estaban perfectamente revisados y la información relevante –nombres, calificaciones, registros, números de matrícula, etc.- era correcta. La puntuación y ortografía era impecable y se cuidó al máximo –por experiencias negativas previas- todo lo relativo a requisitos formales que exige la SEP para la entrega de esta documentación que se realiza cada fin de ciclo escolar.

Pero al revisar todos los papeles, el burócrata en turno les rechazó los documentos porque faltaba que hubieran puesto en el encabezado la leyenda: “2019. Año del Caudillo del Sur, Emiliano Zapata”. Por este detalle tuvieron que repetir todos los documentos, con la consecuente duplicación de tiempo y trabajo, para volver a llevarlos para la entrega.

Como esta hay miles de anécdotas más que muestran como nuestra Secretaría de Educación Pública que debería de ser “el Ministerio del futuro” -según decía Pablo Latapí Sarre- y tener como misión central la reflexión permanente y la generación de estrategias para la construcción de la educación de vanguardia que contribuya a la realización del país que necesitamos con urgencia, sigue siendo simplemente una especie de ventanilla de control burocrático, dedicada a justificar su existencia por la vigilancia estricta de detalles realmente insignificantes que no añaden valor a los procesos de formación de las futuras generaciones.

El Sistema Educativo Nacional (SEN) sigue teniendo una estructura vertical, centrada en el la vigilancia y el control, sustentada en la desconfianza en la capacidad de los centros educativos y sus actores, con prácticamente nula apertura a la crítica, el disenso y las propuestas innovadoras. En síntesis, tenemos en el sistema educativo una organización de muy baja complejidad.

El mismo lenguaje refleja esta visión administrativa y burocrática donde lo pedagógico está prácticamente en el último lugar. Por ejemplo, quienes tienen a su cargo la coordinación de los esfuerzos de una zona escolar se llaman “Supervisores” –antes incluso se llamaban “Inspectores”- y tienen un perfil totalmente burocrático en lugar de buscar en ellos un liderazgo pedagógico innovador y los Asesores Técnico Pedagógicos (ATP) que tienen un título un poco más orientado hacia la mejora educativa han sido últimamente ignorados en los primeros documentos de la (Contra) reforma de este sexenio.

Esta visión administrativo-burocrática se refleja hacia el interior de las escuelas en una ola de exigencias de carácter técnico para los docentes que tienen que cumplir con un inmenso conjunto de tareas de carácter logístico que van desde el llenado de formatos hasta la participación en juntas y actividades de planeación y evaluación que en muchas ocasiones son simplemente parte de una cultura de cumplimiento –como me decía un profesor alguna vez, de “cumplo” y “miento”- que según la investigación educativa reciente, por ejemplo la de Hargreaves que es el autor del epígrafe de este artículo- muestran que se ha reducido progresivamente el espacio pedagógico en la actividad cotidiana de los profesores.

La burocracia y la visión administrativa que piensa que por llenar formatos y realizar programas hiperdetallados y por controlar rígidamente con reportes los resultados se va a mejorar la calidad de la educación está ahogando el verdadero sentido del proceso educativo que es el del encuentro entre profesores y estudiantes para crecer integralmente en interacción con el pretexto de ciertos contenidos o elementos disciplinares.

Resulta urgente un replanteamiento del sistema educativo para generar las condiciones estructurales que faciliten este encuentro pedagógico en lugar de ponerle obstáculos por la sobre carga de trabajo administrativo de los profesores y directores escolares.

Esta reestructuración debería basarse, como dice Hargreaves, en el abandono o atenuación de los controles burocráticos, las órdenes inflexibles y las formas paternalistas de relación para poder más bien escuchar, articular y reunir la diversidad y la heterogeneidad de los sujetos de la educación. Este es un verdadero desafío de apertura de “amplias avenidas de elección” para cada comunidad escolar en diálogo, con pleno respeto a la libertad de criterio profesional de los maestros y reforzar la capacidad de decisión.

Se trata básicamente de la construcción de confianza en los procesos de colaboración que implica una formación integral de las nuevas generaciones.

Ojalá el proceso de nueva reforma educativa en el que nos encontramos se oriente hacia esta reestructuración en el sentido pedagógico y no continúe o incluso refuerce la visión burocrática y centralizadora que ha dominado a nuestro sistema educativo. Dudo que suceda, pero como dice Morin respecto al futuro de la humanidad en el quinto volumen del Método: “nada está escrito. Tampoco lo peor”:

Con motivo de receso vacacional de verano, este artículo no aparecerá las próximas dos semanas. Nos volveremos a encontrar en este espacio el lunes 12 de agosto.


Semblanza

Martín López Calva

Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala, maestro en Educación superior por la misma universidad y en Humanismo universitario por la Universidad Iberoamericana Puebla. Ha sido dos veces “Lonergan Fellow” por el Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007). Fue coordinador del doctorado interinstitucional en Educación y enlace de la UIA Puebla en el campo estratégico de “Modelos y políticas educativas” del sistema universitario jesuita (SUJ) desde agosto de 2007 hasta marzo de 2012 y académico de tiempo completo en esta universidad desde abril de 1988 hasta marzo de 2012 donde obtuvo el reconocimiento de académico numerario e imparte hasta la fecha cursos de licenciatura y posgrado en el área de Educación. Tiene experiencia docente a nivel de licenciatura, posgrado y formación de profesores en la UIA Puebla, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla, Universidad de las Américas Puebla, Universidad Anáhuac y otras desde 1988. Actualmente es Director académico de posgrados en Artes y Humanidades de la UPAEP. Ha publicado diecisiete libros sobre temas educativos (los más recientes: Educación humanista –tres tomos- en Ed. Gernika y Gestión curricular por competencias en educación media y superior, en coautoría con Juan Antonio García Fraile), diez capítulos en libros colectivos y alrededor de 45 artículos en revistas de educación.

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