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Opinión



La presentación de balances autoculpatorios

Miércoles, Julio 10, 2019 - 14:36
 
 
   

Cuesta a bajo en su rodada, dijera Gerdel

Durante la pasada contienda electoral extraordinaria para la elección de gobernador en el estado de Puebla, de manera un tanto estrambótica se denunció un fraude al fisco a cargo de uno de los contendientes.

La denuncia no correría a cargo de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público único sujeto competente para llevar a cabo la formulación de la misma, sino de un particular en lo que se dejaba traslucir un mero intento de escándalo periodístico

La denuncia en cuestión señalaba que el entonces aspirante al gobierno de la entidad, habría recibido en el pasado, en su carácter de administrador de una institución autorizada a recibir donativos deducibles del impuesto sobre la renta, cantidades que superaban el cinco por ciento del ingreso de la misma, máximo permitido por la ley para que dichas instituciones realicen erogaciones en tal rubro.

Resultando del todo improcedente la acusación dada la falta de legitimidad procesal del denunciante, el vocero del candidato en cuestión decidió hacerle un flaco favor al declarar que las cantidades adicionales, habían sido recibidas por el susodicho aspirante, no en función de gasto corriente como administrador, sino en virtud de honorarios profesionales devengados por servicios prestados; explicación que dicho sea de paso, resultaría del todo autoinculpatoria en el desahogo de una observación de auditoría forense.

Vocero que, siendo alcalde de la capital de la entidad en cuestión, un cuarto de siglo atrás, había protagonizado un episodio en el que se habría autoinculpado de actos irregulares en el manejo de los recursos públicos, o bien, en su defecto cometido un error que denotaría su total desconocimiento en materia de balances contables, peso al pregón propio de la época de que sólo en el sector privado entienden bien las cosas.

El martes 26 de marzo del 1996, se publicó en la sección “Golfo-centro” del diario “El Financiero” un desplegado suscrito por el Alcalde del Municipio de Puebla” bajo el escalofriante título de “ESCANDALOSO ENDUEUDAMINETO” y bajo el sugerente subtítulo de: “Engaño e Irresponsabilidad en la Anterior Administración Municipal”.

El desplegado de marras contenía una imputación a la administración municipal que le precedía, de la que señalaba, había ocultado deudas y compromisos a cargo del Municipio de Puebla hasta por un monto de 169 millones de pesos.

En desplegado en cuestión, en lo que pretendía ser un conato de estado financiero, se establecía en el rubro denominado: “FALTANTE DE EFECTIVO PARA CUBRIR COMPROMISOS POR EL PERIODO COMPRENDIDO DEL 15 DE FEBRERO AL 31 DE DICIEMBRE DE 1996”.

Estado Financiero en el que se señalaba que había un faltante que ascendía a 142 millones de pesos, equivalente al 61 % de los ingresos estimados para el Municipio de Puebla durante el ejercicio fiscal de 1996.

Los referidos 142 millones de peses que faltaban para cubrir los compromisos del municipio en cuestión durante el ya señalado ejercicio presupuestal, en virtud de que, 64.1 no habrían sido presupuestados por la legislatura estatal, existiendo un faltante adicional de 77.9 millones de pesos para hacer frente a los referidos compromisos.

La pregunta obligada para el responsable de la publicación del desplegado en cuestión es ¿por qué le faltaban al alcalde denunciante 77.9 millones de pesos que si habrían sido presupuestados por el Congreso del estado de Puebla para el ejercicio presupuestal del Municipio de Puebla correspondiente al ejercicio fiscal de 1996, haciendo por demás la salvedad conducente de que dicha suma le faltaba a él y no a su predecesor?.

En diciembre de 1998 durante la etapa final de la gestión del munícipe en cuestión, Armando Gracés Cozar , a la sazón Contador Mayor de Hacienda del Congreso del estado de Puebla, señaló que la autoridad responsable del caso no habría solventado de manera satisfactoria un faltante por 81 millones de pesos en la cuenta pública del Municipio correspondiente, precisamente al ejercicio fiscal de 1996.

Tras el referido señalamiento, el sujeto de la observación en cuestión exhibió documentación que le permitió justificar hasta un 80% de la cifra materia del señalamiento de marras, quedando sin solventar 15 millones de pesos que motivaron que Armando Garcés Cozar anunciara la interposición de una denuncia penal, que, por lo demás, jamás fue encausada procesalmente.

“Veinte años, no es anda” dice la letra escrita por Alfredo Lepera para el célebre tango de Gardel, y, efectivamente, hay quién nada aprende en veinte años.


Semblanza

Atilio Peralta Merino

Nací en ésta ciudad, en la sala de maternidad “Covadonga” de la Beneficencia española, “tal vez un jueves como hoy de otoño”, dijera parafraseando a Cesar Vallejo, y de inmediato me trasladé a las islas del Caribe, entre brumas mi primer esbozo de recuerdo es el vapor de un barco que desembarcó en la Dominicana, Isla a la que jamás he vuelto y que no registro en la memoria consciente, desconozco si habríamos arribado a “Santo Domingo” o si todavía sería “Ciudad Trujillo” acababa de tener verificativo la invasión auspiciada por la OEA y, al decir de mi señora madre, era en ese momento el lugar más triste que habría sobre el planeta tierra. Estudié orgullosamente con los jesuitas hecho que me obliga a solazarme en la lectura de james Joyce, y muy particularmente en “El Retrato del Artista Adolescente”, obra que conocí gracias a mi amigo y compañero de andanzas editoriales juveniles Pedro Ángel Palou García, y asimismo orgulloso me siento de mis estudios en leyes en la Escuela Libre de Derecho pese a los acres adjetivos que le endilga a la escuela José Vasconcelos en su “Breve Historia de México” al referirse a otro egresado de la “Libre” como lo fuera el presidente Emilio Portes Gil. Crecí escuchando los relatos de mi abuelo sobre su incursión en los primeros años de su adolescencia en las filas del ejército constitucionalista, sus estudios de agronomía en “Chapingo” junto a los Merino Fernández, su participación en la “Guerra Cristera” al frente de cuadrillas armadas bajo la indicaciones del General Adrián Castrejón quién años después crearía los servicios de inteligencia militar y se convertiría en el gran cazador de espías nazis durante los años de la conflagración mundial, y por supuesto, de los días aciagos del avilacamchismo de cuyo régimen perdería el favor dadas las intrigas que suscitarían su parentesco con el líder obrero Manuel Rivera Anaya. Mi padre por su parte, llegaría a éste país mitad en vieja de estudios, mitad exiliado, habría corrido a su cargo el discurso que en representación de los jóvenes fuese pronunciado ante la multitud reunida en Caracas el 23 de enero de 1958 con motivo de la caída de la Dictadura de Marcos Pérez Jiménez, suceso al que alude Gabriel García Márquez en “El Otoño del Patriarca, matriculándose en la entonces Escuela Nacional de Economía que, muy pocos después, se transformaría en la “facultad” gracias a la brillante intervención de la maestra Ifigenia Martínez. “Soy todas las cosas por las que voy pasando”, he tenido en suerte el haber colaborado, o convivido de alguna manera con hombres cuya actuación ha resultado clave en la historia reciente del país, mencionaré a manera de ejemplo y obligado por la más elemental de las gratitudes a los senador José Ángel Conchello y Humberto Hernández Haddad así como y mi entrañable maestro el constitucionalista Elisur Artega Nava ; transformación que conduce por un lado , a darle cabal cumplimiento al deber bíblico de dar testimonio de los sucesos que corren en el siglo, y por la otra a convertirse en un hombre sencillo como dijera Borges: “ que aprecia el sabor del agua, el caminar pausado y la conversación con los amigos”.

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