Puebla está, tristemente, entre los primeros 5 lugares en pobreza, Inseguridad y desempleo en el país…esto, hasta podría justificar el abstencionismo y la apatía registrados el pasado 2 de junio durante la elección extraordinaria a gobernador de la entidad.
Ya en pasadas colaboraciones habíamos mostrado nuestro temor acerca del abstencionismo, si los candidatos no lograban despertar el interés del electorado e inyectar esperanzas sobre una mejoría en la situación social y económica de la entidad.
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Desafortunadamente el temor se convirtió en realidad, pues hasta el cierre del PREP por parte del Instituto Nacional Electoral, el abstencionismo fue de alrededor del 67 por ciento, lo que equivale a que de cada diez poblanos con derecho a votar solo 3 lo hicieron.
De acuerdo a cifras del INE el candidato ganador, Miguel Barbosa Huerta, del partido en el gobierno federal, había obtenido 682 mil 245 votos, cifra muy por debajo de la que obtuviera el pasado 1 de julio de 2018 en la elección a gobernador; mientras que, como también lo habíamos pronosticado, el candidato del PAN logró 507 mil 492 votos y el PRI,281 mil 874 votos.
Vemos, con tristeza y enojo, que los improvisados “actores políticos” han empezado a filtrar en los medios de comunicación su “actuación”. Quieren hacerle saber al candidato ganador que su triunfo se debió a su brillante participación. Se han dividido el estado, como sí este les perteneciera. Se asumen dueños de las regiones y sus habitantes. Pretenden que sus precoces mensajes obliguen al ganador a generar compromiso con ellos.
Los que se adjudican regiones, deberán buscar la respuesta más inteligente y audaz para informar por qué razón imperó el abstencionismo y la apatía.
Fue una jornada limpia sin mayores contratiempos, cuando las cosas salen bien parecieran fáciles y no se aprecia el trabajo serio, profesional, comprometido y respetuoso de un gobierno que supo sortear una de las etapas políticamente más complicadas del Estado.
Los ganadores en esta elección no fueron los partidos políticos, no fueron las encuestadoras y hasta podríamos aventurarnos a decir que no fueron los candidatos, fueron simple y llanamente el abstencionismo y la apatía.
El candidato ganador, quizá por la euforia del, por fin, triunfo logrado, como escolapio o deportista antes de su actuación, “dedico” su triunfo al presidente de la república.
Sin escatimar el triunfo, urge un análisis serio y objetivo de los resultados electorales, todos tenemos una tarea a realizar: los partidos políticos deberán darse a la tarea de entender y proponer alternativas que permitan una mayor participación de la sociedad. Los ciudadanos entender que solo con la fusión y entendimiento gobierno-gobernados lograremos mejorar nuestra situación.
Y como priista tengo que admitir que el partido estuvo muy lejos de actuar como tal, de entrada, no hay explicación que puede aclarar el por qué la presidenta, Claudia Ruiz Massieu, haya pedido licencia al Senado de la república para dedicar su tiempo completo a la conducción del PRI, pero en las 7 campañas pasadas se echó de menos su presencia.
A manera de respuesta, comparó los resultados del proceso electoral con “la detención de una hemorragia”. Habría que recordarle que un exitoso tratamiento para sacar a un “paciente” de su enfermedad requiere; diagnóstico, tratamiento y cuidados.
Ambas situaciones, la de Puebla y la del PRI, me recuerdan a un coordinador de prensa de una poderosa política, que, aunque los medios le pusieran una soberana zapatiza a la titular, su respuesta era de antología: “jefa y eso que logré atenuar los golpes”.
No caigamos en esa fácil tentación. ¿Usted qué opina?