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Opinión



Cazadores de psicólogos

Viernes, Mayo 24, 2019 - 14:33
 
 
   

Hablaremos de estos personajes, que me parece que ya es hora de comenzar a tipificarlos

A propósito del día del Psicólogo que pasó hace poquito, viene este artículo a colación. El perseguidor de psicólogos es un personaje  con ciertos rasgos parecidos a los de los asesinos seriales, aunque, como podemos imaginar, no necesita de su muerte para satisfacer sus necesidades de reconocimiento e identidad maniatada en su infancia. Muchas veces una de las tareas más difíciles en la vida es terminar de saber quiénes somos. Hablaremos de estos personajes, que me parece que ya es hora de comenzar a tipificarlos, primero porque no son tan esporádicos como pensamos, es decir, son mucho más comunes de lo que podemos imaginar,  y presentan una serie de características peculiares desde las que podemos comenzar a definir una tipología particular y característica. La primera característica es que viven en su fantasía una amenaza sustitutiva, es decir, donde ellos son reemplazados en lo real y en lo imaginario por alguien más o por el deseo de alguien más que es peor, por supuesto, ese reemplazo tremendamente angustiante es la mi pérdida para el otro y tiene que ver con el originario cariño paterno o materno. Profundicemos un poco, la fantasía es un espacio que todos tenemos donde suceden los pensamientos o las ideas, donde podemos planear algo o incluso crear algo como uno novela, etcétera. Cuando esta fantasía está cargada de recuerdos dolorosos, de asuntos inconclusos y de frustraciones infantiles, cierto tipo de eventos de la realidad pueden activar estos pensamientos paranoides, ¿por qué paranoides? Porque tienen la condición de ser persecutorios, están vinculados a una culpa temprana de transgresión de lo establecido dentro de la familia.  Los cazadores de psicólogos no soportan, simplemente no toleran la idea paranoide de ser encontrados en esa transgresión infantil flagrante de la que siguen huyendo.

Por supuesto, como podrán imaginar, vienen de familias disfuncionales lógicamente, y no sólo disfuncionales, sino transgresoras en el sentido de instituir la maldad como forma de relación, de esta manera crecen sabiendo que agredir, destrozar o aniquilar son hechos no solamente normales, sino que también necesarios para la vida. En su demanda primaria e infantil de afecto, insatisfecha en todos los sentidos por estos comportamientos de mamá o de papá, los pequeños, que en muchos casos son niños con recursos económicos y que suelen escuchar que serán mandados al psicólogo para que “los cure”  (¿ me curen de qué? Se preguntan ellos mientras ven la enfermedad en todo su sistema familiar de relaciones), es lo que conocemos los psicoterapeutas como el típico caso del chivo expiatorio que mandan a terapia cargando con todo el síntoma familiar.

Y aquí es donde encontramos la relación con los asesinos seriales que tratan de matar mujeres, muchas de ellas prostitutas, y no sólo por la facilidad de encontrarlas por el hecho de ofrecer un servicio que tiene un bajo costo, sino porque el prostituirse es lo que las relaciona con esta madre perversa que transgrede la norma moral y se prostituye de la misma manera. El asesino ama a su víctima tanto como la quiere matar y destruir porque ella (en el imaginario) ha destruido su vida para siempre, destruyó su infancia, su inocencia, su nobleza, su credibilidad, etcétera. La solución es el mismo problema, la paradoja psicotizante está ahí, la comunicación esquizofrénica es esa que me dice ámame y mátame al mismo tiempo. Es lo mismo que juntar libertad y prisión en una misma lógica. En el perseguidor de psicólogos ocurre los mismo, te necesito con toda mi alma y al mismo tiempo te destruyo porque no soporto que seas quien me diga qué es lo que me está pasando, no soporto que me hables de esta realidad de la que todos los días estoy huyendo, y no sólo te detesto porque me hayas diagnosticado algo, sino porque creo que me lo podrías diagnosticar y eso no lo soporto. El psicoterapeuta no es un personaje real, insito, vive dentro de la fantasía paranoide de su desesperado cazador.

A más número de traumas infantiles más necesidad de odios potenciales y violencias consecutivas les merecen las fantasías relacionadas con los psicoterapeutas. Y es importante dejar en claro esto, no es este un estado que se presenta así de esta manera en todos los casos,  primero tenemos que decir que hay grados, grados de irritabilidad contra los psicólogos, hay algunos que los atacan y tratan de destruirlos, hay otros que no les dicen nada pero los detestan sinceramente a sus espaldas y se ríen de los chistes que fastidian a los psicólogos, no dejan de ser mustios pero suponemos que no tienen el grado de afectación de los primeros. Digamos que un tercer grupo estaría entre quienes no rechazan al psicólogo pero consideran que no lo necesitan porque ellos le van a echar ganas y van a dar su cien para salir adelante.

Es importante comentar que la psicoterapia tampoco es un hábito de muchas personas, si bien sabemos que es algo más utilizado por las clases pudientes por sus altos costos y que muchas personas de escasos recursos la llegan a encontrar en instituciones públicas como el DIF por ejemplo. También tenemos que  mencionar las críticas de la sociología norteamericana a la psicoterapia en el sentido de juzgarla como individualizante y retrógrada, el asunto es que la entendemos como una manera de sentirnos mejor y de superar ciertos asuntos personales que no logramos superar echándole ganas o dando nuestro cien por ciento en lo que hacemos.

Dentro de los rasgos del perseguidor de psicólogos encontramos la psicopatía, una combinación de narcisismo e irrealidad en sus ideas, qué quiero decir con esto, su contacto con el entorno no es lo que podemos llamar del todo normal, nos son necesariamente antisociales pero su relación es osca y muchas veces despiadada. Su narcisismo alimentado principalmente con cosas materiales y superfluas, les hace pensar que son capaces de todo sin correr riesgo alguno de ser aprendidos, de hecho, suele suceder que les importa un rábano lo que opinan los demás de ellos, los demás son parte de una chusma a la que llaman con frecuencia Perrada. Insito, se creen capaces de destruir a cualquiera, se envalentonan en ciertos momentos y en ciertas situaciones, sus puestos por ejemplo, les hace pensar que tienen derecho destrozar a los demás de la manera que se les dé la gana, pero si estamos hablando de un psicólogo, su sadismo se alimenta con sus fantasías paranoides. El Dr español Iñaqui Piñuel, ha desarrollado esta tipología en sus estudios relacionados con el Moobing, es autor del primer libro en español sobre el tema. Se le llama Moobing al maltrato y al acoso laboral en el que “gota a gota” se va destrozando la vida de una persona dentro de su trabajo, quizá trate este tema en específico más adelante. Pero vuelvo al tema, el cazador de psicólogos es un personaje altanero pero al mismo tiempo es tremendamente vulnerable, en cuanto lo enfrentas huye como un perrito cobarde con la cola entre las patas, no es capaz de sostener sus argumentos ni sus perjudiciales actitudes, insisto, su fantasía es fundada en experiencias inconclusas infantiles propias de familias disfuncionales y perversas.

Es importante decir que dependiendo del medio cultural donde se desenvuelven estos personajes pueden incluso ser vistos como simpáticos o como populares por sus comentarios, podrías atrevernos a generalizar con una muy grande cantidad de entornos en Puebla tienen estas características, muchas veces descalificar la psicología es un derroche de simpatía desbordante, provocar un contagio relacionado con el rechazo a la psicología casi siempre es bien visto en ambientes específicos poblanos, sobre todo, aquellos que están más propensos a ser criticados de corruptos y/o de indecentes. No obstante, en ambientes de ciudades más desarrolladas, donde las personas tienen un mayor nivel cultural y leen libros completos con más frecuencia, la conciencia de la necesidad de un especialista en el comportamiento humano es muchísimo mejor vista e incluso difundida en mayores escalas pensando que un mayor número de personas pueden ser atendidas. Ubiquemos a los perseguidores de los psicoterapeutas, démonos cuenta de quienes son, sepamos que son personas que están sufriendo mucho, sé que es muy difícil decirlo pero acerquémonos a ellos para darles alivio y cobijo desde nuestra cercanía, tratemos de entenderlos y, si nos es posible, hacerles conciencia de su necesidad de recibir ayuda profesional seria y científica.

Saludos a todas y todos, gracias.


Semblanza

Abelardo Fernández

Dr. en Psicología. Coordinador de Desarrollo Humano y docente de la Escuela Libre de Derecho de Puebla (ELDP) Psicoterapeuta Gestalt, Musicoterapeuta, autor del libro: Desarrollo Humano para Abogados.

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