Jueves, 21 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Ecos históricos de una elección extraordinaria en la gubernatura de Puebla

Suele pensarse que hubo otras elecciones extraordinarias en los complejos periodos de 1911-1937

Israel Arroyo y Felipe Ramírez

Israel Arroyo

Doctor en historia por el Colegio de México. Especialista en historia política de Mpexico y América Latina. Profesor investigador dela maestría en ciencias políticas, BUAP.

Felipe Ramírez

Maestro en Ciencias Políticas por la BUAP y profesor en la licenciatura de Sociología de la misma institución. Actualmente hace estudios de doctorado en el Instituto de Ciencias Sociales Alfonso Vélez Pliego de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla

Viernes, Mayo 10, 2019

Autores:Felipe A. Ramírez Hernández

Israel Arroyo García

El proceso atípico de la elección extraordinaria que vive la entidad para elegir al poder ejecutivo no ha sido el único que ocurrió en Puebla. En 1867 hubo una elección extraordinaria con el fin de elegir al nuevo gobernador en el contexto de la restauración de la República Restaurada.

Suele pensarse que hubo otras elecciones extraordinarias en los complejos periodos de 1911-1937 o de 1960-1975. Sin embargo, en ninguno de los diversos cambios que se dieron en estos momentos se dio una elección extraordinaria. Lo que hubo fueron “remplazos” interinos o provisionales designados tanto por autoridades federales o los congresos estatales.

En 1867 la situación fue diferente. Se convocó a una elección extraordinaria de orden constitucional. Fue también excepcional, porque introdujo el voto directo de la ciudadanía, cuando lo que dominó a lo largo del siglo XIX fue el procedimiento indirecto.

En la elección participaron muchos candidatos; pero sólo cuatro de ellos consiguieron el mayor número de votos: Juan N. Méndez, 61 204; Rafael J. García, 22 862;  Ignacio Romero Vargas, 20 681; Fernando Ortega, 6 582; y otros candidatos, 14 939.

El Congreso local era el encargado de computar y calificar las elecciones. Resolvió que ningún candidato había conseguido la mayoría absoluta de los votos efectivos, lo que en la época implicaba obtener el 50 por ciento más uno de la votación (en este caso, se requerían 63 134 votos). Le faltaron a Méndez poco menos de dos mil votos para obtener la mayoría referida. Entonces, el poder legislativo local, en su calidad de colegio electoral, procedió a elegir al gobernador entre los cuatro candidatos más votados en la elección.

El Congreso dio una voltereta legal, pero con un alejamiento respecto el voto popular. En forma “económica”, eligieron a Rafael J. García por nueve votos a favor contra dos por Méndez. Seis diputados no votaron, pues abandonaron el recinto del Congreso poco antes de la votación.

Es interesante que tuvieron que pasar 152 años para que volviera ocurrir una elección extraordinaria en el estado de Puebla. Las razones, evidentemente, son distintas. En el caso histórico, el motivo fue el triunfo del juarismo en contra de la intervención francesa. La República requería restaurar los órganos de gobierno locales y federales. En cambio, en el segundo caso fue la muerte trágica de la gobernadora electa, Martha Erika Alonso, lo que desencadenó el proceso político que vive Puebla. Vivimos en el interinato de Guillermo Pacheco Pulido, precisamente electo por el Congreso del estado actual. Y estamos a la espera de los resultados que se generaran el próximo 2 de junio de 2019.

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