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Opinión



Todavía hay remedio

Lunes, Abril 29, 2019 - 07:08
 
 
   

“Nunca es triste la verdad. Lo que no tiene es remedio”

“Nunca es triste la verdad. Lo que no tiene es remedio”.

Joan Manuel Serrat. Sinceramente tuyo.

https://www.youtube.com/watch?v=mHeHJs6V70o

“No escojas solo una parte/ tómame como me doy/entero y tal como soy/ No vayas a equivocarte…”

La semana pasada se aprobó en la cámara de diputados el dictamen que contiene las modificaciones constitucionales relativas a la nueva reforma educativa que abroga la que el gobierno federal y muchos actores políticos han denominado “mal llamada reforma educativa” del 2013.

Sin embargo es importante considerar que el proceso legislativo aún no termina, puesto que los cambios aprobados pasarán al análisis y revisión que tiene que hacer la Cámara de Senadores y de ahí será necesaria la aprobación en la mayoría de los congresos estatales para que los cambios en la Constitución sean oficiales y después de estos cambios a nivel de la Carta Magna se tendrán que elaborar y aprobar las leyes secundarias que serán las que definan los detalles que orientarán el funcionamiento de la educación nacional en los próximos años.

La aprobación suscitó reacciones inmediatas que eran de esperarse puesto que la modificación del marco legislativo que normará al sistema educativo nacional es un tema de enorme relevancia que definirá la formación de los futuros ciudadanos y con ello pondrá algunas de las bases más importantes para lo que será el porvenir de nuestro país.

Muchas de estas reacciones toman sólo una parte del documento aprobado y a partir de ello hacen juicios de valor para defender o criticar las nuevas definiciones y estructuras normativas para la educación.

Tomar sólo una parte puede hacer, como dice la letra de esta canción de Serrat, que nos equivoquemos en la valoración y que nuestros juicios sean sesgados por nuestras filias o fobias respecto a lo que se ha llamado la cuarta transformación.

Para hacer una valoración justa y lo más objetiva posible de la nueva reforma o contra-reforma educativa de este sexenio será necesario escoger no sólo una parte sino el documento entero y revisarlo cuidadosamente. Esto será posible con más precisión cuando se tenga ya la reforma entera, es decir, cuando se haya aprobado en definitiva la reforma constitucional y se hayan también aprobado y publicado las leyes secundarias que harán operativa esta reforma.

Un análisis preliminar del documeto completo permite decir en primer lugar que se trata de una propuesta mucho mejor que la que originalmente había enviado el presidente al congreso porque fue enriquecida en el proceso de diálogo en el que se escucharon y recibieron propuestas de diversos sectores del sistema educativo, principalmente la que construyó un grupo de investigadores educativos nacionales expertos en política educativa agrupados en la iniciativa RED (Red, Educación y Derechos).

Este enriquecimiento que hay que valora, logró que en la práctica se revirtiera la idea inicial de destruir todo lo que se había propuesto en la reforma del sexenio anterior hasta que como dijo el diputado Mario Delgado “no quedara ni una coma”.

“Cuéntale a tu corazón/que existe siempre una razón/ escondida en cada gesto del derecho y del revés/ uno siempre es lo que es /y anda siempre con lo puesto…”

A pesar de que el documento contiene elementos positivos como la construcción de un Sistema para la Carrera de las Maestras y los Maestros que prácticamente sustituye al Servicio Profesional Docente que lamentablemente desaparece y como la construcción del Centro Nacional para la Revalorización del Magisterio y la Mejora Continua de la Educación frente a la lamentabílisima desaparición del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, víctima de la politización excesiva del tema de la reforma educativa y como el hecho de que se mantiene aunque modificada la evaluación docente –ahora con mayor énfasis formativo y quitando lo (falsamente) punitivo de la evaluación hoy vigente- se introducen elementos ambiguos que son preocupantes para quienes consideramos como un grave peligro el retorno del viejo sistema de control, venta y herencia de plazas por parte de los líderes sindicales del magisterio.

En efecto, el artículo 16 transitorio deja abierta la puerta a interpretaciones que eliminen la selección y promoción de los docentes por concurso y el retorno de las viejas prácticas negativas. Por otra parte, el planteamiento del nuevo instituto con “autonomía técnica” y no con plena autonomía constitucional también serían síntomas de retroceso en lo poco que se había avanzado hasta ahora en términos de gobernanza del sistema educativo.

Las sospechas y temores de que se entregaría de nueva cuenta el manejo de las plazas a los sindicatos tienen fundamento. Porque “existe siempre una razón escondida en cada gesto” y el hecho de que hayan desaparecido mágicamente las protestas y bloqueos de la CNTE que mantuvieron paralizada la Cámara de Diputados en las semanas previas en las que se planteaba discutir la reforma, parecen un signo de que hubo ya una negociación con sus líderes. Porque “uno siempre es lo que es” y es evidente que la coordinadora no ha podido cambiar de un día para otro en sus ambiciones y demandas de control de plazas y recursos en el sistema educativo nacional.

“Y no es prudente ir camuflado/eternamente por ahí/ni por estar junto a ti/ni para ir a ningun lado…”

A estas alturas del país resulta claro que “no es prudente ir camuflado eternamente por ahí” diciendo como la CNTE que pelea por una mejora de la educación y en contra de la supuesta privatización de la educación pública cuando resulta evidente que sus intereses están centrados en el control político y económico de la educación a través del manejo discrecional de las plazas que se tenía en el pasado.

“Nunca es triste la verdad”

Aún es tiempo de que los senadores replanteen el artículo 16 transitorio y realicen una redacción clara y consistente que mantenga la Rectoría del Estado sobre el sistema educativo, terreno en el que se había avanzado en la reforma anterior. Aún es tiempo de que se reconsidere la desaparición del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación y se plantee al menos que el nuevo instituto tenga la misma autonomía constitucional que tuvo el INEE para construir una auténtica gobernanza del sistema educativo. Aún es tiempo de pulir todos los elementos que podrían implicar un retroceso para la educación de nuestro país y poner en riesgo los mínimos avances que estaban empezando a instrumentarse.

Ojalá haya en los senadores la sensibilidad política y el compromiso con las nuevas generaciones de mexicanos para evitar que se mantengan las ambigüedades que puedan implicar en las leyes secundarias la legalización del retroceso de la educación nacional. Todavía hay remedio.


Semblanza

Martín López Calva

Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala, maestro en Educación superior por la misma universidad y en Humanismo universitario por la Universidad Iberoamericana Puebla. Ha sido dos veces “Lonergan Fellow” por el Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007). Fue coordinador del doctorado interinstitucional en Educación y enlace de la UIA Puebla en el campo estratégico de “Modelos y políticas educativas” del sistema universitario jesuita (SUJ) desde agosto de 2007 hasta marzo de 2012 y académico de tiempo completo en esta universidad desde abril de 1988 hasta marzo de 2012 donde obtuvo el reconocimiento de académico numerario e imparte hasta la fecha cursos de licenciatura y posgrado en el área de Educación. Tiene experiencia docente a nivel de licenciatura, posgrado y formación de profesores en la UIA Puebla, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla, Universidad de las Américas Puebla, Universidad Anáhuac y otras desde 1988. Actualmente es Director académico de posgrados en Artes y Humanidades de la UPAEP. Ha publicado diecisiete libros sobre temas educativos (los más recientes: Educación humanista –tres tomos- en Ed. Gernika y Gestión curricular por competencias en educación media y superior, en coautoría con Juan Antonio García Fraile), diez capítulos en libros colectivos y alrededor de 45 artículos en revistas de educación.

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