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Opinión



Novelas policíacas

Sábado, Febrero 9, 2019 - 12:55
 
 
   

Relato que inicia con la remembranza de una fiesta infantil celebrada en la Ciudad de Porlamar

Sade, “el divino marqués” dijera el poeta “maldito” Charles Baudelaire, cuya profunda y verdadera naturaleza intelectual no es otra más que la de un pensador político, se erige en el sustento moral tanto de “El Retablo del Perdón”, como de “La Danza De Giselle”, relatos editados en forma separada que ahora ven la luz en este volumen.

Por lo que hace a “La Marca del Alacrán Blanco” es la evocación de antiguos recuerdos dormidos que irrumpen en la visión de la vida pública del protagonista de manera por demás sorprendente y repentina.

Ante la edición del volumen contendiendo las “NOVELAS POLICÍACAS” de mi autoría, podría muy bien comentarse que, en las historias que se  presentan, los sucesos que han marcado a México por y para  toda una generación, son contemplados desde la perspectiva de los anhelos y las decepciones, los amores y los resentimientos de seres humanos de carne y hueso, cuyas historias se entrelazan en una atmósfera que bien podría rememorar a los grandes clásicos del “cine negreo” norteamericano, o más cercanamente, a su derivación vernácula, tal y como al efecto lo serían las cintas de Roberto Gavaldón,  filmadas sobre la base de los libretos que escribiera a su encargo el gran cronista de nuestra vida social como lo fue en su momento el escritor José Revueltas.

En los relatos que integran el volumen en cuestión, presentados o en su caso revisados por prestigiadas personalidades de nuestra vida cultural como lo son las novelistas Leticia Frías e Inés Récamier y el eminente pedagogo Luis Benavides Ilizaliturri, encontrará el lector las historias subyacentes a acontecimientos revestidos de una importancia por demás singular, y que son abordados a partir de hechos verídicos que , a muchos años de distancia, algunos de ellos incluso con una antigüedad cercana al siglo, conmovieron a la opinión pública sobrecogiendo a los espíritus de su época, rescatados de la memoria por personajes complejos y exuberantes que son víctimas y victimarios, presos como todos los hombre en todos los tiempos de sus deseos más íntimos y oscuros.

Podemos encontrar lo que hace al más reciente de ellos relatos en cuestión, “La Marca del Alacrán Blanco”, algunos elementos acaso de relativa importancia respecto a los sucesos que conmueven en los días que corren la vida pública de Venezuela y con ella del hemisferio entero, o al menos del área del caribe y el Golfo de México.

Relato que inicia con la remembranza de una fiesta infantil celebrada en la Ciudad de Porlamar, en la Isla de Margarita en 1976 y a la que habría asistido el prominente terrorista de extrema derecha Luis Posada Carriles, remonta la referencia de la memoria hasta los días en que Carlos V diera la gobernación de la isla a Doña Aldonza Manrique, en los siguientes términos:

“Entre los compañeritos de escuela de Sebastián y Carlos figuraba un hijo de inmigrantes italianos dueños de un restaurante en Porlamar llamado “Canalete”, en referencia al remo que usaban los pescadores de la isla y cuya hermana mayor, que apenas les llevaba un par de años, habría sido una de los primeros objetos de las fabulaciones sensuales de Sebastián, quien bautizó a Francesco con al agudo apodo de “espagueti”, con el disgusto  predecible de su querido “cuñado de fantasías vergonzantes” y amigo de juegos infantiles y reuniones sabatinas para la realización de trabajos escolares; así como el nieto de un oficial italiano de los “facios di comtimento” de Mussolini ,cuyo padre había nacido en el Brazil, Giovanni de manera inusitada para la época vestía sin calcetines y con la fuerza que manifestaba en medio de su aguda delgadez parecía dispuesto a enfrentar violentamente cualquier reto que se le presentara, había también muchos niños uruguayos, María, incluso, rivalizaba en primacía en las fantasías eróticas que inspiraba a  Sebastián  la hermana de Francesco.

Porlamar y la isla entera habían recibido de golpe una oleada notable de inmigrantes provenientes del Uruguay, y aquel jovenzuelo que era por aquellas fechas Sebastián quedaría desconcertado en una ocasión que escuchó la conversación entre su padre y el papá de María

-Nosotros en la “izquierda unida llevábamos la de ganar”

-¿Qué fue lo que pasó entonces?

-Repentinamente Montevideo, Tacuarembó y todas las principales ciudades del país se llenaron de un afiche que presentaba el muro de Berlín con una leyenda que decía “oriental, no te dejes robar el Uruguay”

-Caray qué fuerte¡¡¡¡¡

Haría poco más de un año en el que, de manera por demás fortuita, Bordaberry había remontado la tendencia electoral que le era adversa por principio, venciendo al candidato opositor de izquierda por un porcentaje escuálido que no alcanzaba siquiera el umbral del uno por ciento.

Muchos años después, por razones de su actividad profesional, Sebastián recibiría información de alto nivel sobre la participación del psiquiatra peruano Carlos Alberto Seguín de la CIA, como diseñador de la denominada “propaganda negra electoral”; pese a ello y por más que se había esforzado al paso del tiempo en comprender, no había encontrado nunca el impacto demoledor que pudiese haber implicado  aquel afiche descrito por el papá de María, conservando el desconcierto del que fuera víctima  siendo prácticamente un niño.

Lo cierto es que Figuereido entró al restaurante en esos momentos con el norteamericano que lo había acompañado a la fiesta de cumpleaños que Simón ofreciera días atrás a Carlos, y. El papá de María se estremeció al ver a Richard Kern Lorden, y se despidió dejando traslucir nerviosismo e inquietud, días después, Giovani, que siempre demostró un especial afecto por Sebastián le comentaría en la escuela:

-Qué casualidad, que conocen ustedes bien a Figuereido

-¿Lo  conoces?

-Claro es paisano de mi papá, dice que es “un buenazo” puro corazón” y que sólo la búsqueda de fortuna lo ha hecho navegar en los más tenebrosos de los mares

-¿Y eso qué significa?

-No se, no me lo quiso explicar, pero conociéndole piensa de Figuereido que, si no fuese por motivos de negocios “carecería totalmente de huevos”; bueno es que nosotros somos una familia educada para el combate.

Al fin de semana siguiente, su padre y un grupo de amigos organizaron un viaje a la isla de Cubagua, el trasporte correría a cargo de un pintoresco comerciante llamado Pedro Marbel que orgullosamente se ostentaba como “contrabandista”. En Cubagua se había asentado siglos atrás “Nuevo Cádiz”, la ciudad construida por los banqueros Welser para el mejor trasiego de las perlas con cuyo monopolio serían galardonados por Carlos V en recompensa por la generosidad de aquellos, manifestada hacía las aventuras expedicionarias de la “corona” en el continente.

El ganancioso tráfico, originado en la ciudad construida por los guardianes de la “soberana orden de Malta”, incrementaría  notablemente sus caudales ,incluso, el legendario halcón de cerámica negro cuyo interior se encontraría pletórico en perlas preciosas, habría tenido que zarpar de sus puertos entre mucho otros embarques prodigiosos, hasta que, algún maremoto, acaso anterior a la presentación de los abruptos oleajes que hicieron naufragar la embarcación  de Carlos Lope de Vega, devastó la ciudad cuyas ruinas ofrecen un espectáculo perturbador.”

Mar Océano de un pasado personal e histórico remoto que se entrelaza con la nota roja de la crónica policial e, incluso, con las acres negociaciones de la geopolítica, sino es que acaso, en momentos de crisis histórica no terminan siendo una y la misma cosa como se alude en “la “NOVELAS POLICÍACAS” ,cuya lectura, abusando de la paciencia y bonhomía del eventual lector, me atrevo a recomendar mediante las presentes líneas

albertoperalta1963@gmail.com


Semblanza

Atilio Peralta Merino

Nací en ésta ciudad, en la sala de maternidad “Covadonga” de la Beneficencia española, “tal vez un jueves como hoy de otoño”, dijera parafraseando a Cesar Vallejo, y de inmediato me trasladé a las islas del Caribe, entre brumas mi primer esbozo de recuerdo es el vapor de un barco que desembarcó en la Dominicana, Isla a la que jamás he vuelto y que no registro en la memoria consciente, desconozco si habríamos arribado a “Santo Domingo” o si todavía sería “Ciudad Trujillo” acababa de tener verificativo la invasión auspiciada por la OEA y, al decir de mi señora madre, era en ese momento el lugar más triste que habría sobre el planeta tierra. Estudié orgullosamente con los jesuitas hecho que me obliga a solazarme en la lectura de james Joyce, y muy particularmente en “El Retrato del Artista Adolescente”, obra que conocí gracias a mi amigo y compañero de andanzas editoriales juveniles Pedro Ángel Palou García, y asimismo orgulloso me siento de mis estudios en leyes en la Escuela Libre de Derecho pese a los acres adjetivos que le endilga a la escuela José Vasconcelos en su “Breve Historia de México” al referirse a otro egresado de la “Libre” como lo fuera el presidente Emilio Portes Gil. Crecí escuchando los relatos de mi abuelo sobre su incursión en los primeros años de su adolescencia en las filas del ejército constitucionalista, sus estudios de agronomía en “Chapingo” junto a los Merino Fernández, su participación en la “Guerra Cristera” al frente de cuadrillas armadas bajo la indicaciones del General Adrián Castrejón quién años después crearía los servicios de inteligencia militar y se convertiría en el gran cazador de espías nazis durante los años de la conflagración mundial, y por supuesto, de los días aciagos del avilacamchismo de cuyo régimen perdería el favor dadas las intrigas que suscitarían su parentesco con el líder obrero Manuel Rivera Anaya. Mi padre por su parte, llegaría a éste país mitad en vieja de estudios, mitad exiliado, habría corrido a su cargo el discurso que en representación de los jóvenes fuese pronunciado ante la multitud reunida en Caracas el 23 de enero de 1958 con motivo de la caída de la Dictadura de Marcos Pérez Jiménez, suceso al que alude Gabriel García Márquez en “El Otoño del Patriarca, matriculándose en la entonces Escuela Nacional de Economía que, muy pocos después, se transformaría en la “facultad” gracias a la brillante intervención de la maestra Ifigenia Martínez. “Soy todas las cosas por las que voy pasando”, he tenido en suerte el haber colaborado, o convivido de alguna manera con hombres cuya actuación ha resultado clave en la historia reciente del país, mencionaré a manera de ejemplo y obligado por la más elemental de las gratitudes a los senador José Ángel Conchello y Humberto Hernández Haddad así como y mi entrañable maestro el constitucionalista Elisur Artega Nava ; transformación que conduce por un lado , a darle cabal cumplimiento al deber bíblico de dar testimonio de los sucesos que corren en el siglo, y por la otra a convertirse en un hombre sencillo como dijera Borges: “ que aprecia el sabor del agua, el caminar pausado y la conversación con los amigos”.

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