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OPINIÓN

Las políticas migratorias en la era Trump

En su campaña Trump catalogó a los mexicanos de “violadores” y “criminales”

Laura Carreto Tirado

Licenciada en Relaciones Internacionales, Maestra en Ciencias Políticas ambos grados por la BUAP. Especializada en temas migratorios y en la Relación México-Estados Unidos. Ha investigado y escrito al respecto en libros y revistas 

Miércoles, Enero 16, 2019

Desde que Trump era candidato a la presidencia no tuvo recato en mostrar su verdadera personalidad, incluso ahora como presidente su actitud no ha cambiado, tal vez por momentos se ha aligerado. Ha insistido innumerables veces sobre la construcción del muro, lo hizo desde su primera visita a México, aún sin ser presidente, EPN lo invitó a “Los Pinos” en agosto de 2016 y ahí de frente le reiteró que México lo pagaría, lo cual fue un grave error de la cancillería y del ex presidente quien se mostró pasivo.

En su campaña Trump catalogó a los mexicanos de “violadores” y “criminales” (El País, 2016) a decir verdad, el discurso antiinmigrante o antimexicano de Donald Trump no es novedad, pues desde el ataque a las “Torres Gemelas” en 2001, esta retórica no sólo se radicalizó, sino se escondió tras un discurso de seguridad, el cual ha tenido como metas frenar la migración y el terrorismo. Los republicanos más radicales de aquella época también exigían que se cerrara la frontera ante la posibilidad de otro ataque terrorista y de los grandes contingentes de migrantes de México y Centroamérica; desde ese momento ya se incluía a los “Maras” como parte de la supuesta preocupación.

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Los presidentes estadunidenses anteriores a Trump no tuvieron una postura tan radical, además de que consideraron a México un aliado, no como un enemigo. En la presidencia de George W. Bush se impulsó un plan de seguridad conjunta llamado Plan Mérida (2008), a pesar de ser republicano, su postura era moderada: Bush veía a México como un aliado ante los problemas como el terrorismo y tráfico de drogas, se trató a la seguridad como un plan regional. Con Obama, la relación fue muy cordial, pero daba señales confusas respecto a las políticas migratorias, la llamada “Reforma Migratoria”, nunca se aprobó, esta legalizaría a millones de mexicanos en aquel país. Además se endurecieron las políticas migratorias, que a partir de ese momento obligaron a los trabajadores de cualquier sector estar registrados en una plataforma especial para saber su estatus legal, además de convertir el reingreso indocumentado en un delito federal. Sin embargo sí otorgó una amnistía a los jóvenes migrantes que llegaron a Estados Unidos siendo niños, a los llamados “dreamers” lo cual les permitió seguir viviendo en este país. Donald Trump está lejos de considerar a México como un aliado, para los ojos del actual presidente de EE.UU nuestro país es uno más, tal vez lo que lo distingue es la frontera en común.

Con ideas inflexibles, Donald Trump gobierna un país donde la mayoría son inmigrantes. Nadie podrá debatir que la construcción y desarrollo económico de Estados Unidos se basa en los migrantes. Los mexicanos son pieza fundamental en la historia de los estados sureños y su trabajo es clave en el sector de la construcción, como en el hogar, jardinería, etc.

Esta perspectiva del presidente de EE.UU, le ha hecho perder de vista temas importantes, como los mencionados “dreamers” que son jóvenes que nacieron en otros países (muchos de ellos mexicanos) pero que son estadunidenses dado que crecieron en este país y que se consideran como tales, a quienes les fue otorgada una amnistía en el gobierno de Obama, gracias a su comportamiento intachable (buenas calificaciones y sin récord carcelarios) sin embargo este beneficio estuvo en la cuerda floja en el gobierno de Donald Trump, pues quería expulsar a los 800, 000 jóvenes, y negociar con los demócratas su legalización a cambio del muro. Finalmente en noviembre de año pasado, una corte permitió seguir con el plan DACA que protege a este sector tan importante (CNN, 2018).

No se puede dejar de mencionar la política “Tolerancia cero” (2018), que se separó a más de 2000 niños de sus padres, cuando estos intentaban ingresar de forma indocumentada a EE.UU. Muchos de los padres (la mayoría de origen centroamericano) ya no podrán ver a sus hijos, dado que la justicia estadunidense considera que no son aptos para su cuidado; otros aún enfrentan juicios para poder verlos. La burocracia estadunidense no previó los efectos de estas separaciones, además atentó contra los derechos humanos de los infantes y de los padres.

Donald Trump ha dejado claro que sus políticas migratorias son y seguirán siendo estrictas y que ha reforzado la frontera debido a los miles de centroamericanos que han llegado hasta Tijuana dentro de las Caravanas. Este año promete declarar “Emergencia Nacional” y no considerar al Congreso de este país para la realización de su proyecto (mejor dicho obsesión).

La actitud del presidente de EE.UU es incierta, hasta para los políticos de su país; los demócratas han sido los principales opositores al muro fronterizo y gracias a ellos se han podido frenar algunas medidas antiinmigrantes.

En esta nueva etapa de las relaciones México-Estados Unidos, nuestro país, que tiene como prioridad de nueva cuenta la relación con EE.UU, deberá tener una estrategia integral que se enfoque a defender nuestra autonomía (algo que en el anterior sexenio no sucedió); además revisar las prácticas de los consulados, para que los derechos humanos de los mexicanos sean respetados en este país. Respecto a las Caravanas Migrantes, México debe crear una política especial para los centroamericanos de estos contingentes, si es posible pensar esto como un proyecto binacional con Estados Unidos. Existe un plan a largo plazo para frenar la migración, que es la inversión en estos países, pero debe existir uno a corto plazo para quienes están en nuestro territorio buscando asilo, y esto es urgente, ante la llegada de más caravanas.

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