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Jueves, 14 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

La muerte y las lecciones

Un mar de tinta sobre la muerte de la pareja más poderosa de Puebla

Xavier Gutiérrez

Reportero y director de medios impresos, conductor en radio y televisión. Articulista, columnista, comentarista y caricaturista. Desempeñó cargos públicos en áreas de comunicación. Autor del libro “Ideas Para la Vida”. Conduce el programa “Te lo Digo Juan…Para que lo Escuches Pedro”.

Viernes, Diciembre 28, 2018

Hay que tomar distancia de algunas reacciones. Otras, tomarlas con prudencia y sobre una balanza dejar que se enfríen.

El sacudimiento es inaudito. Lo impensable, ocurrió. Lo en apariencia imposible, nos demostró que todo es posible.

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El morenovallismo en Puebla queda virtualmente desmantelado en cuestión de minutos. No era propiamente una corriente política con ideología o principios. Era un grupo. Avasallador por la decisión férrea de su jefe. Con acciones voluntariosas y no negociables. El poder multimodal como meta. El poder patrimonial usando la democracia formal.

Esa fue la historia de Puebla en los últimos 8 años. Hay en Puebla abundantes testimonios de ese estilo de gobernar. Muchos están en la anécdota, en las vivencias. Se cuentan en voz baja. Hay un ensayo biográfico sobre Moreno Valle recientemente publicado. Abarca 20 páginas y está en el libro “Los Gobernadores. Caciques del Pasado y del Presente”.

El autor, Ernesto Aroche Aguilar, hace un retrato del ex gobernador fallecido, aunque se advierte que deliberadamente se queda corto. Es natural, el clima para publicar no era propicio. Se advierte cierto temor en los apuntes. Eso mismo es parte de la historia poblana, donde parecían acomodarse las piezas para un “maximato”.

Como sucede en esta clase de tragedias, hay estupor  y dolor. En la orfandad del morenovallismo hay clamores de beatificación y santificación. Con ecuanimidad, hay que poner los ojos en la historia reciente. Y la historia es de hombres, no de beatos.

Otros van más allá, al extremo. Brotan casos de fanatismo. En las primeras veinticuatro o setenta y dos horas encontraron culpables. Sin prueba alguna se habla de atentado. Brotaron condenas al gobierno federal y al presidente López Obrador. La respuesta inmediata es la oferta y compromiso de una investigación a fondo.

 Y un punto de suma importancia poco advertido: que la familia de los fallecidos sea parte coadyuvante en las investigaciones, con expertos extranjeros.

Pero estamos en México, donde hay personas y grupos con una incredulidad enfermiza. Se podría explicar, en parte, por tanta mentira gubernamental durante tanto tiempo. Pero de eso, a dar entrada a teorías, versiones o hipótesis absurdas es otra cosa.

Esto último obedece a otro caldo de cultivo: ignorancia, analfabetismo informativo voluntario y pereza para razonar con sentido común. Y el fanatismo por supuesto.

Si se trata de no creer en nada, empieza por no creer ni en tu familia. Ni en tu sombra.

La hipótesis del accidente tiene muchos asideros. Pero parte de uno elemental, de primaria: si usted viaja en avión  una o dos veces al año, y un hombre público, como es el caso, lo hace por avión o helicóptero unos doscientos días al año, la probabilidad de accidente es infinitamente superior en el segundo caso.

¡Los propios gobernadores poblanos han sufrido numerosos accidentes con naves aéreas en el pasado reciente!

Pero nadie ha descartado, en este caso, entre tantas probables causas, la de un atentado. Las propias autoridades así lo han dicho. Procede pues, dar paso y tiempo a las investigaciones y que estas sean transparentes y con rigor.

Otras versiones en el campo del absurdo refieren un cambio de identidad de las víctimas. Por favor, dejen de ver televisión, dejen a un lado “Netflix”.

Por otra parte, la vida sigue. Habrá que esperar que el Congreso, con los mejores oficios, designe un gobernador interino de preferencia equidistante de los partidos. Si es con pasta de estadista mucho mejor. Alguien que inspire confianza y tranquilice los ánimos.

En torno al gobierno de la señora Martha Érika se anticipaban días críticos, crisis pues.

Esa crisis ya está aquí.

Y se precisa de sabiduría política y prudencia, dos prendas que no es fácil encontrar, y menos juntas.

Contra el criterio prevaleciente en los últimos ocho años, aquí en Puebla sí hay figuras aptas, capaces y confiables para gobernar. Entenderlo así y actuar en consecuencia deberá ser el primer criterio para recomponer las cosas de fondo. Admitirlo así, es también comprender  parte del problema político que hoy vivimos.

Finalmente, la tragedia enseña lecciones que por antiguas con frecuencia se olvidan.

Nos recuerda que la vida es breve. Muchísimo más breve de lo que pensamos.

Que ni poder, ni riqueza, ni fama ni éxito son la felicidad.

Que las sábanas con las que se amortaja a un difunto no tienen bolsillos.

Que los cargos públicos son para hacer amigos.

Que es mejor vivir su vida que su biografía.

Que por más aprisa con que se quiera caminar no se va a llegar más lejos.

xgt49@yahoo.com.mx

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