Logo e-consulta

Viernes, 15 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Viejas luchas para nuevos tiempos

“Transformar es convertir una cosa en otra mediante un proceso determinado”

Marcelino León Ochoa

Politólogo. Maestro en Gestión Pública. Coordinador de asesores del grupo de regidores PAN.

Catedrático en UPAEP. Ex regidor del Ayuntamiento de Puebla 2011-2014

Viernes, Noviembre 30, 2018

Retomo la escritura en un momento clave en la historia de nuestro país. Han sido muy pocos los momentos de paz y estabilidad en México y  estamos a unos días de presenciar un punto de quiebre en la política nacional.

Después de la elección del 1 de julio los equilibrios políticos desaparecieron. Como una ley del péndulo, la mayoría de las y los mexicanos optaron por otorgarle todo el poder a un personaje que regresa del pasado para cobrar revancha de la historia.

Más artículos del autor

Y no llega solo: de manera natural Andrés Manuel López Obrador ha conformado un equipo con sus contemporáneos (en su mayoría). Jóvenes del 68 que 50 años después dirigirán los destinos de un país con una población cuya edad promedio es de 27 años.

A reserva de analizar al grupo que llegará al poder y sus semejanzas con Trump, -que las hay, por eso se congratuló con la victoria de AMLO-, situación que abordaré en otro momento, permítanme hacer un poco de historia comparada:

Cuando el PRI perdió la mayoría en la Cámara de Diputados, en aquel histórico año de 1997, se rompía la hegemonía que durante décadas controló los poderes Ejecutivo y Legislativo federales. Este paso significó el tan ansiado equilibrio de poderes, que en ese momento se convirtió en el nuevo paradigma de la política nacional.

La llegada al poder de Vicente Fox significó un gran avance democrático. Abría la posibilidad de una transición que no pasó de una simple alternancia en el Ejecutivo Federal. Fox ganó con un gran respaldo ciudadano pero los votantes no le dieron la mayoría en el Congreso de la Unión. La oposición, representada entonces por el PRI y el PRD le negaron la posibilidad de aprovechar su bono democrático. Pero no solo se lo negaron a él sino al país entero.

Los constantes bloqueos y rechazos a las denominadas “reformas estructurales” le costaron al país más de 10 años de cambios y transformaciones y oportunidades de inversión incalculables. Cuando finalmente Peña Nieto concretó esas reformas ya era tarde porque los precios de los hidrocarburos estaban depreciados y México no fue capaz de capitalizar ese sector.

Lo positivo de los altos precios del petróleo -que rondaba los 100 dólares el barril los primeros años del sexenio foxista- permitieron una distribución inmensa de recursos. Lo malo fue que se hizo sin reglas claras y sin transparencia, a los estados del país.

Ya empoderados los estados y sin una Presidencia fuerte como en la época del priato surgió la Conferencia Nacional de Gobernadores (CONAGO) en el 2002, como una especie de contrapeso a un Ejecutivo que jamás intentó someter a los poderes estatales. Con Fox quedó intacto el pacto federal hasta hoy conocido y no modificó de fondo la estructura de la Administración Pública Federal ni pasó por encima de los otros Poderes.

Lo cierto fue que con un Congreso en contra, Fox no logró convencer a las y los mexicanos de las bondades de la alternancia.

En el 2006, una elección cerrada obligó a Felipe Calderón a ceder espacios de poder y a pagar altos costos por el apoyo recibido en la búsqueda de la Presidencia. Poco cambió en materia política pues los poderes fácticos siguieron gozando de cabal salud y la estructura de la Administración Pública Federal tampoco se modificó.

Irrumpieron con fuerza el Ejército y la Marina para realizar labores de seguridad y combate al crimen que, de acuerdo con la Suprema Corte, no estaban apegadas a derecho.

Al finalizar la Presidencia de Felipe Calderón concluyó una etapa en México, que si bien fue buena en términos económicos, no cambió de raíz la política nacional.

Esto trajo como consecuencia el regreso del PRI, un partido que nos dijeron había aprendido de sus derrotas y llegaba renovado. El nuevo PRI concretó grandes reformas pero resultó muy malo para llevarlas a buen término.

La popularidad y legitimidad de Enrique Peña Nieto se fueron esfumando y pasará a la historia como el Presidente peor evaluado en la historia moderna del país.

La incapacidad del PAN y el PRI para ofrecer alternativas de solución a los grandes problemas del país (inseguridad, corrupción y pobreza) dieron como consecuencia lo que tanto evitaron: la llegada al poder de López Obrador. Eso era impensable para estas fuerzas políticas desde el 2006 y doce años después es una realidad.

¿Qué se puede esperar de la Presidencia de Andrés Manuel López Obrador?

Si bien la política es el arte de lo incierto como dice Edgar Morin, la ruta de vida de Andrés Manuel y los meses de transición nos dan indicios de por dónde va: una transformación profunda, en serio, del país.

Por eso hice alusión a los tres ex Presidentes (Fox, Calderón y Peña), que si bien impulsaron cambios no trastocaron de raíz la estructura administrativa ni mucho menos el pacto federal.

Andrés Manuel no se anda con cuentos: él sí modificará la forma de hacer política, haciendo uso de las instituciones y aprovechará lo que los tres ex Presidentes no tuvieron: un Congreso de la Unión a modo.

Desde mi punto de vista, las viejas banderas ideológicas de los 60’s y 70’s se instalarán en México en forma de planes, programas y reformas legislativas. No hay mejor tiempo que este para llevarlas a cabo. 30 millones de mexicanas y mexicanos le otorgaron a Andrés Manuel todo el poder y no lo va a desaprovechar.

La confianza depositada la verán reflejada así:

*Una Presidencia fuerte, absoluta.

*Una centralización y manejo político de los recursos federales, para mermar poder a los gobernadores.

*Una economía que muy probablemente tienda a cerrarse, a privilegiar la inversión pública por encima de la privada (ojalá me equivoque).

*Una idea de progreso dirigida desde el Estado.

*Una policía militarizada o una milicia policiaca. Como sea, habrá orden y progreso mediante el uso de la fuerza (perdón, me remití a Porfirio Díaz).

*Amenazas al pacto federal por intentos de un modelo centralista.

*Una provocadora división entre ricos y pobres. Por supuesto, las clases pobres serán beneficiadas, las ricas ignoradas y la clase media, aplastada.

*Una Constitución Moral que será la guía ideológica de la nueva República.

El paso de AMLO por la Jefatura de Gobierno del entonces Distrito Federal fue solo un ensayo. La Presidencia de la República será el lugar de consumación de los ideales y sueños de la generación que en los 60’s vio truncados sus planes.

Nunca es tarde, dirán algunos. Nunca es tarde para emprender una transformación que como tal no es buena ni mala, simplemente cambiará el estado de cosas en el país.

Lamentablemente veo que en este proyecto de transformación los municipios quedan rezagados. Una vez más la centralización política y financiera los volverá a olvidar.

Ojalá me equivoque y México comience una nueva etapa de innovación, crecimiento y desarrollo económico, igualdad, respeto e inclusión en todo el país.

Ojalá me equivoque pero la historia nos enseña que las venganzas nunca son buenas…

César Marcelino León

Politólogo y maestro en Gestión Pública

Vistas: 568
AL MOMENTO
MÁS LEIDAS

Blogs