Cada vez que llueve abundantemente y año tras año, la banqueta se inunda y el agua se estanca en el arroyo vial formando un enorme charco lateral en la Avenida Reforma y el Boulevard Norte que en las noches deslumbra a los peatones con las luces de los vehículos, el charco abarca gran parte de la avenida, el agua es oscura y sin suficiente alumbrado en la acera no se alcanza a distinguir si existe algún espacio firme para pisar, entre tanto, los peatones deben cuidarse de los vehículos particulares y de transporte público que circulan intencionalmente a gran velocidad para empaparlos y de los vehículos que salen y entran al estacionamiento por la acera, cuando el charco no es grande los peatones pasan uno a uno a la orilla de la banqueta.
Las ingeniosas soluciones peatonales para sortear el charco son diversas:
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En el día el charco se convierte en una gigantesca fuente danzarina con el vaivén de los automóviles, en un juego disparatado de conductores particulares y de transporte público para salpicar agua sucia a los peatones y ciclistas.
Las preguntas de los peatones son simples: ¿Qué mente retorcida diseñó y construyó esto?, ¿qué ha hecho la tienda de moda y la tienda multinacional para coadyuvar a subsanar esto?, muchos de sus clientes pasan por allí; un edificio del Ayuntamiento está muy cerca, ¿acaso no se han dado cuenta?, ¿cuál es la solución?
En este lugar el charco refleja la ciudad al revés como la mayoría de su traza e infraestructura urbana y para los adentros de muchos peatones retumba la idea y las voces de aquellos que les dicen: ¡necesitas un carrito! Aunque la ciudad se conoce y se vive mejor a pata, ser peatón en esta ciudad es un suplicio que se agrava cuando llueve.
Hace un par de meses el Colectivo A Pata lanzó la convocatoria #ReflejosdelaCiudad para descubrir cómo es que la ciudad se transforma a partir de la lluvia, cuestionar la infraestructura para caminar en temporada de lluvias, y principalmente para reconciliarse con los charcos y encontrar en ellos, no un obstáculo, sino una opción para disfrutar nuestros caminos y generar reflexiones de la ciudad a través de la interacción con los charcos. El jurado estuvo integrado por un Director de Teatro, una antropóloga y coleccionista de charcos, una urbanista experta en agua y un fotógrafo escénico.
El charco deslumbrante de Reforma es un espejo de muestra para leer la ciudad, la imagen capturada con el viejo celular de una peatón en una noche fría, oscura y lluviosa obtuvo mención honorífica en el concurso #ReflejosdelaCiudad.
Los peatones somos los arquitectos funcionales de la calle, los urbanistas a modo y los planeadores estratégicos de tiempos y recursos, los maestros de la cátedra de movilidad, sin embargo, no somos considerados en asuntos de diseño urbano.
anateyssi@gmail.com