El domingo pasado se declaró ganador de la elección presidencial en Brasil al polémico Jair Bolsonaro del Partido Social Liberal; un líder de ultraderecha, ex militar y evangélico. Algunos lo llaman el “Trump tropicalizado” por su discurso racista, homofóbico y misógino; es más él se declara admirador del presidente estadunidense y promete hacer un “Brasil grande” como este presidente “lo está logrando” con Estados Unidos. Su retórica radical, lo ha hecho blanco de ataques, uno de ellos físico: fue víctima de una puñalada un día de campaña en septiembre pasado, sin embargo se recuperó rápidamente y continuó firme en su objetivo.
Su contrincante más fuerte fue Fernando Haddad del Partido del Trabajo, partido que ha gobernado Brasil en los últimos años, seguido por Ciro Gomes del Partido Democrático Laborista, existieron otros cinco candidatos, incluyendo una mujer: Mariana Silva del Partido Red de Sostenibilidad, un partido ecologista, que quedó en último lugar de votación.
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Pero su triunfo genera muchas interrogantes ¿por qué ganó? Si su discurso es hostil para la más de la mitad de este país, unos 97, de 191 millones del total de brasileños, son “mulatos” y “negros” (El Mundo, 2011) y qué decir de la población femenina que representa el 50.8% de su población total. Además la comunidad gay ha sido altamente violentada en Brasil, pues se calcula al menos una agresión diaria, además quienes alientan a esta violencia son algunos de los miembros de las iglesias evangélicas, algunas de las que apoyan a este personaje. El mismo Bolsonaro declaró que “sería incapaz de amar a un hijo homosexual, “prefiero que muera en un accidente de coche” dijo alguna vez. Y también a una diputada le dijo “Yo a usted no la violaría porque no se lo merece” (El país, 2018)
A pesar de ello, Bolsonaro se posicionó en Brasil. Muchos analistas apuntan a que esto se debió al hartazgo del Partido del Trabajo, no se trata de partidarios de Bolsonaro, sino defensores del cambio, quienes encontraron en este personaje un aire de esperanza. La mayoría de ciudadanos votaron en contra de los más de 13 años de gobierno del Partido del Trabajo y creen esperanzadamente que mejorará la seguridad y la economía brasileña. Existe un rechazo generalizado a la violencia que ha azotado a este país en los últimos tiempos, el año pasado, en 2017 este país batió su propio récord de homicidios por tercer año consecutivo: 63,880 fallecidos, más que los países en Guerra (El País, 2018)
Para algunos brasileños las izquierdas en este país perdieron sus orígenes, pero para otros Lula da Silva sigue siendo el político más popular, a pesar de que está cumpliendo una condena en la cárcel debido a las acusaciones por corrupción. La encuesta “Datafolha” lo posicionaba en diciembre del año pasado como uno de los favoritos para contender con Jair Bolsonaro. Un logro significativo de Da Silva, entre 2003 y 2010 fue sacar a 30 millones de brasileños del umbral de la pobreza y sumarlos a la economía de mercado (BBC, 2017) Durante su mandato también hubo mejoras en el sistema educativo y en el otorgamiento de becas. Cuando Lula terminó su mandato había un auge económico. Sin embargo fue acusado por recibir una casa por parte de la constructora OAS a cambio de contratos de Petrobras y se encuentra encarcelado. Pero su detención se debe más bien a una persecución política, según las palabras de su sucesora: Dilma Rousseff, Lula fue encarcelado para impedirle su participación en la reciente elección, porque aún lo consideran un líder popular, Lula es inocente y no dejarán de luchar para demostrarlo, fueron las palabras de la ex presidenta (El Mundo, 2018).
Algunos de votantes de Bolsonaro no son ni racistas, ni misóginos, ni homofóbicos, son simplemente anti Partido del Trabajo y están a favor de un cambio. Un ejemplo de ello es David Trabuco, de 26 años, gay y de profesión maquillista, quien está más preocupado por la salud y la seguridad en las calles, que por el razonamiento de Bolsonaro (El Clarín, 2018).
Dentro de la primera vuelta, el sector que mayor votó por él fue el de los ricos y blancos, así lo evidencia un artículo del periódico “El País” muestra que 95% de los municipios en los que ganó tienen estas características mencionadas, arrasó en las 10 ciudades más ricas de Brasil, entre ellas: Curitiba, Santos, Florianópolis, etc. Mientras que Fernando Haddad del Partido del Trabajo (su contrincante más fuerte) ganó en los pueblos y ciudades con mayor tasa de analfabetismo y pobreza, ganó en el nordeste donde existe el programa “Bolsa familia”, creado por el gobierno de Lula Da Silva para las personas con el salario mínimo.
La otra pregunta es ¿por qué Brasil apuesta por un militar? Bolsonaro defiende la dictadura que duró de 1964 a 1984 y no le gusta que se le llame así, asevera que el error fue que “hubiera muchas torturas y no asesinatos”. Una encuesta realizada en 2017 por la “Fundación Getulio Vargas” asevera que la institución que más respetan los brasileños son las Fuerzas Armadas. El 56% piensa positivamente respecto a estas. El 43% apoya una intervención militar provisoría en el país. La dictadura que se vivió en Brasil fue menos cruenta que en la de los otros países sudamericanos, según el informe de la Comisión Nacional de la Verdad, los muertos fueron 434 mientras que en las de Argentina y Chile, (países más pequeños) las muertes fueron varios miles. Las fuerzas armadas brasileñas crearon obras de infraestructura (Infobae, 2018). Esto hace que esta institución tenga mayor confianza que el resto de sus contrapartes en los otros países del cono sur.
Lo que preocupa para muchos es una escalada armamentística, pues se augura que habrá una liberalización de las armas. Aún sin si quiera haber ganado, pero si liderando las encuestas se triplicaron las acciones de la empresa de armas “Taurus”. Y es que como se mencionó anteriormente, la violencia en Brasil se ha elevado y muchos ven como solución llevar un arma consigo.
Muchos intelectuales latinoamericanos se han pronunciado en contra de este personaje como el escritor mexicano Juan Villoro, quien dijo que es un riesgo para América Latina, lo mismo dijo la escritora Alma Guillermoprieto: “es peligroso no sólo por su práctica de generar odio sino por su política económica”. Para el escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez los rasgos de Bolsonaro son peligrosos, elogia al autoritarismo militar y “la violencia verbal es la más cínica que ha visto en Latinoamérica” aseveró el colombiano (El País, 2018).
Los artistas en Brasil se encuentran preocupados, como Caetano Veloso quien dice que se viene una ola de miedo y de odio. “En Brasil se luchó por ponerle fin a una dictadura militar, las elecciones de Fernando Henrique Cardoso (1994) y de Da Silva (2002) fueron simbólicas” dijo el cantante. Para el cineasta brasileño Walter Salles será el fin de la agenda ambiental de Brasil, las puertas estarán abiertas para la destrucción de la selva Amazónica.
Hace mucho no se veía un político tan radical en nuestra América Latina. Tal vez valga la pena una vez más la comparación con Donald Trump quien parecía más extremista en su discurso como candidato, pero cuando llegó a la presidencia ha tenido que suavizarlo; un ejemplo es el tema del muro fronterizo, estaba convencido que nuestro país lo pagaría y últimamente ya no ha tocado el tema y hasta ha elogiado al presidente electo, tal vez sea una cuestión de coyuntura política o tal vez le ha hecho caso a sus asesores, pero es un hecho que ha aligerado su actitud. Ojalá esto pase con Bolsonaro, esperemos que la decisión del pueblo brasileño no sea la equivocada por el bien de esa nación, que, como nuestro país tiene altos índices de pobreza y problemas de violencia, la intolerancia no debe ser admitida y menos si se trata del presidente de una nación, cuyo papel siempre será el de conciliar.