La llegada al poder de Hugo Chávez en 1998 representó para sus simpatizantes un buen augurio, arribó a la presidencia de manera democrática, derrotando a su contrincante Henrique Capriles con un 54.4% de los votos, un diez por ciento más que su oponente. Chávez hizo modificaciones dentro de la constitución, representaba el socialismo del siglo XXI, las políticas asistencialistas eran populares, nacionalizó los bienes y servicios de la actividad petrolera, era un líder nato, tenía carisma. Sabiendo que el cáncer lo había invadido, dejó en sucesión a Nicolás Maduro quien en ese momento era Vicepresidente de Venezuela y ya había fungido como Ministro de Relaciones Exteriores.
Aunque Maduro fue presidente provisional, llegó al poder formalmente y de manera democrática en 2013, aunque su victoria electoral fue menor del 2%, contra su contrincante Henrique Capriles, quien apostaba una vez más a la presidencia.
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Las cartas de la bonanza económica estaban apostadas al petróleo, en 2014, en tan sólo un año pasó de tener un precio de 110 dólares a menos de 30. La inestabilidad del valor del petróleo es muy grande, y el precio del mismo está a consideración de las grandes potencias como la de Estados Unidos, principal adversario del régimen de Maduro, por si no fuera poco este país creó una nueva forma de extracción lo que provocó que aumentara la oferta y cayera el precio.
Los niveles de inflación son provocados por la escasez de productos; el mismo presidente Maduro ha reconocido que tardarán años en recuperarse de la crisis, sin omitir que ha dejado claro la responsabilidad de Estados Unidos en esta situación, dado el bloqueo económico; a pesar de ello el presidente de Venezuela ha planteado algunas propuestas para salir de esta, como: levantar los impuestos a la importación de bienes de capital, suprimir cinco ceros al bolívar, revisar la ley de cambios y censar el parque automotor para promover el "uso racional" de la gasolina (France 24, 2018). A pesar de que el presidente de este país visualiza que la mejora tardará dos años, los expertos consideran que no será así pues no cuenta con la suficiente ayuda internacional que este problema tan grave requiere, a pesar del respaldo de China (un viejo aliado) que recientemente le ofreció ayuda.
La crisis y escasez de productos alimentarios básicos, así como también las medicinas, ha orillado a que los venezolanos tengan que salir de su propio país como medida de supervivencia, hasta ahora se calcula que han huido más de 2 millones. En las fotos se ven ríos de gente caminando por las carreteras, huyendo de su país, van hacinados en los camiones, los niños llorando. Desde la Revolución Bolivariana la gente comenzó a emigrar, aunque no tanto como ahora.
Aunado al calvario que viven las familias venezolanas, estas han vivido situaciones de xenofobia al huir a otros países como en Brasil: el 18 de agosto 2 mil venezolanos que se encontraban en un campamento en el municipio de Pacaraima fueron desalojados violentamente, sus pertenencias fueron quemadas. El hecho se suscitó después de un presunto asalto por parte de unos venezolanos a una persona del lugar.
Otro hecho violento fue el linchamiento de un venezolano en Roraima (estado fronterizo en Brasil) lo que provocó que un grupo de 104 personas regresara a Venezuela, los migrantes venezolanos temían de represalias xenófobas tras este hecho.
Colombia se ha posicionado como el primer lugar de llegada de los venezolanos por su cercanía geográfica, hasta ahora ha recibido a un millón, esto ha ocasionado que cierre frecuentemente sus fronteras, obligando a los migrantes a buscar salida en otros países como Perú, Chile, Argentina y México.
En segundo lugar de acogidas está Perú, el número de inmigrantes llegó a las 431 mil personas (El Universal, 2018) su política migratoria es un poco más flexible, a pesar de esto, la mayoría no ha regularizado su estancia, el requisito de pasaporte no aplica para mujeres embarazadas, niños, ancianos y enfermos quienes por razones humanitarias pueden seguir entrando al país con tan solo la cédula de identidad.
Las solicitudes de refugio a México por parte de los venezolanos de 2013 a 2017 pasó de 1,296 a 14,596 el año pasado, la cifra más alta de la que se tenga registro (Animal Político, 2018). Venezuela se ha convertido el país con más migrantes que recibe México, sin embargo sólo el 37% tiene el registro de refugiado (El tiempo, 2018).
Los venezolanos escogen México en parte por la afinidad cultural, pero también han creado redes a raíz de asentamientos anteriores de sus familiares o amigos. Pese a todo no es tan fácil su entrada a territorio nacional, sobre todo en los aeropuertos de la CDMX y Cancún, algunos que solicitan la calidad de refugiado al momento de su llegada ni siquiera son tomados en cuenta y son retornados en automático, una cuestión violatoria de los derechos humanos, ya que por ley tienen la garantía de estar en el país mientras el gobierno les da una respuesta. Otros casos documentan que son encerrados en un cuarto por horas, sin alimentos y sin poder comunicarse con algún conocido. La organización de Derechos Humanos “Sin Fronteras” ha hecho un mapa sobre cómo solicitar asilo correctamente.
Las solicitudes de asilo son canalizadas al Instituto Nacional de Migración, sin embargo tardan muchos meses en dar una respuesta, durante el trámite los venezolanos o cualquier migrante que solicite esta calidad migratoria no debe trabajar, durante el largo proceso tienen que arreglárselas para poder comer.
En fechas recientes la cancillería mexicana se ha inclinado por mostrar su opinión en asuntos relacionados a las políticas de otros países, algo cuestionable, ya que la historia de la diplomacia mexicana había tenido como eje central el principio de la “no intervención”, tal como lo dice la “Doctrina Estrada”, la cual promueve la libre autodeterminación de los pueblos.
Violando este principio histórico, el gobierno de México ha dejado claro que no está de acuerdo con lo que está pasado el país sudamericano, Luis Videgaray secretario de Relaciones Exteriores ha criticado en varios foros internacionales al régimen venezolano, en una ocasión expresó que Nicolás Maduro había transformado a Venezuela “en un país que había dejado de ser una democracia funcional” con rasgos “francamente autoritarios” y “que el estallido de la crisis en el país del sur era algo tremendamente peligroso para la región”. La canciller de Venezuela, Delcy Rodríguez, repudió las declaraciones y reviró diciendo “que el narcotráfico, el asesinato de periodistas y problemas sociales convierten a México en uno de los países más peligrosos del mundo” (Proceso, 2018).
Este año la Organización de Estados Americanos (OEA) suspendió a Venezuela y desconoció las elecciones del pasado 20 de mayo, donde Nicolás Maduro fue reelegido como presidente. Esta propuesta fue hecha por Estados Unidos y respaldada por 19 países entre ellos México.
Recientemente se supo que el gobierno de Estados Unidos mantuvo reuniones secretas con algunos militares venezolanos rebeldes con el fin de derrocar a Maduro, sin embargo no se llegó a ningún acuerdo; de los presidentes latinoamericanos el único que salió en defensa de Maduro fue Evo Morales, presidente de Bolivia y gran aliado del régimen, hecho que evidencia la molestia de los presidentes de la región en relación al gobierno de Maduro.
La situación de Venezuela es muy compleja, está claro que los demás países, especialmente los de la región deben de respetar la soberanía de este país, no obstante si pueden brindar su ayuda con políticas migratorias más abiertas o incluso auxilio económico (que lamentablemente está condicionado al cambio de régimen).
Lo que sí es condenable es la política exterior estadunidense dadas sus prácticas intervencionistas, esto no debe ser una solución, ya que si los demás países latinoamericanos avalan esta acción estarán aprobándolo para el resto de la región. Es urgente que se respeten los derechos humanos de los venezolanos y sobre todo que tengan nuevamente una vida digna.