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OPINIÓN

Convencernos

Los años 60 argentinos fueron la peor época para el tango, se produjo poco, se bailó poco

Miércoles, Julio 4, 2018

Los años 60 argentinos fueron la peor época para el tango, se produjo poco, se bailó poco, pero al final se sobrevivió. Fue en esos años que se dio a conocer a una compositora, poeta y cantante brutal, que en México nos sonará por su hermosa “Honrar la vida” o la letra de la infaltable “Adiós nonino”, estoy hablando de Eladia Blázquez.

Esta cantante de Avellaneda, al sur de Buenos Aires, fue calificada por el machista mote de “La Discépolo con faldas” por el fuerte contenido urbano y social de sus canciones y tangos, y por ser una de las mejores herederas de ese tango político y crítico de los años dorados. Ya hablaré con más profundidad de las mujeres en el tango.

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El género en el que brilló a partir de la década del 70 fue el tango canción, que es aquél que nos es más familiar en México y cuyo representante absoluto es Gardel. Es un tango que no es interpretado para bailarse, sino en el que la orquestación acompaña a la voz, que es la protagonista.

Los años de Eladia Blázquez fueron duros años, la radicalización de finales de los 60 y la dictadura militar que comenzó en la segunda década del 70, sus tangos, por tanto, no podían menos que mostrar ese tránsito de la nostalgia, a la esperanza, al horror y de vuelta.  

Acudí a ella buscando un tango que pudiera expresar lo que este fin de semana he sentido y, creo no sólo yo, sino muchísima gente en Puebla. Encontré dos, uno de aire optimista, que le da título al texto que lees y otro, oscuro que habla del poder y se llama “El precio de vencer”. ¿Con cuál nos quedaremos?

Y es que a pesar de la extraordinaria lección que nos hemos dado como país al salir a volcarnos a las urnas y gritar en ellas el hartazgo que tenemos de la clase política nacional, en lo local la alegría se nos amargó.

Aparentemente en Puebla hay dos frentes: el grupo en el poder, representado por Martha Erika Alonso y por su esposo, Rafael Moreno Valle que, aferrados a una idea del poder, han tolerado la jornada más violenta del país, con 18 balaceras, cinco muertos, sin condenar uno solo de estos actos de violencia, ni ellos, ni los candidatos de su coalición, desafiando lo que fue una constante local y nacional en las urnas. De ese lado también está un apocado gobernador, desdibujado, que acuarteló a su policía y permitió la violencia y que el lunes ya estaba inaugurando calles como si nada hubiera pasado.

Por el otro lado está el peor de los candidatos que Morena pudo ofrecer, Luis Miguel Barbosa, de entre tanta gente valiosa y querida por los habitantes de Puebla, se permitió el arribo de uno que difícilmente iba a ganar de calle y con contundencia. A pesar de ello, el efecto AMLO lo llevó a lo que aparentemente es un empate técnico (con balaceras, cochupos, violencia, de por medio). Y un grupo de candidatos recién llegados a su partido, que arremetió con violencia contra trabajadores no sólo del PAN, sino de gobiernos locales y estatal (estos últimos ¿qué hacían ahí? ¿a qué llegó en estado inconveniente el diputado Eukid Castañón que en la narrativa panista no tenía vela en el entierro?) que aparentemente operaban una mapachera, y aunque Acción Nacional ha desplegado una estrategia de crisis diciendo que eran unos chavos que cotejaban actas, los videos muestran un montón de cosas que merecen ser explicadas, como qué hacían con sábanas que deberían estar colocadas afuera de la casilla, etcétera. Quien debe hacerlo es la Fepade y, en su caso, el tribunal.

Qué caro hay que pagar el precio de vencer.

Mentir para ganar, ganar para perder.
Transar con lo pequeño, dócilmente,
y avanzar sin preocuparnos si pisamos a la gente.
No permitir jamás que nuestro corazón
nos marque un paso atrás, nos haga una traición.
Se ha atado con candado la decencia

y esperar las consecuencias, sin decir que no.

Cuál es el precio, callado y necio,
que hay que pagar para vencer,
salvar el cuero, golpear primero,
ganando siempre, no importa a quién.
¿Cuál es el precio? Matar la rosa,
trampear las cosas y la ley,
tirarse al humo si en el consumo,
cualquier chantún es rey.

Dice el tango, “El precio de vencer” en dos de sus estrofas.

Y en medio, más apretujados, más ignorados, estamos las ciudadanas y los ciudadanos que marchamos el martes no a favor de un candidato, sino contra la violencia en las elecciones. Contra la impunidad que priva frente a todos los delitos electorales que vimos cometerse el domingo y que pusieron en riesgo la vida de cientos de personas que salieron a votar y que estaban operando como funcionarias de casilla: tus vecinos, los míos, los seres queridos de alguien que no tenían por qué sentir miedo de cumplir con su deber civil ante los comandos armados y los tiros al aire. Y además los muertos, la cuota de sangre del poder. Los muertos, carajo, en la tercera elección del siglo XXI.

A un lado, rebasado, un árbitro inútil, pasmado, sometido, el IEE, que no sabe qué hacer frente al desastre que debería estar resolviendo en serio. ¿Qué nos queda, sino exigir que se limpie el cochinero, que intervenga la autoridad nacional, que condenar toda la violencia?
¿Qué nos queda más que defender la alegría que el resto del país siente y que queremos vivir plenamente después de un proceso histórico?

Y ser, al menos una vez, nosotros,
sin ese tinte de un color de otros.
Recuperar la identidad,
plantarnos en los pies
crecer hasta lograr la madurez.
Y ser, al menos una vez, nosotros,
tan nosotros, bien nosotros, como debe ser...


Convencernos un día de veras,
que todo lo bueno no viene de afuera.
Que tenemos estilo y un modo,
que hace falta jugarlo con todo.

Queremos ser, alguna vez,
en el después nosotros.
 

Y vos también, y vos también,
y vos también venite con nosotros.
La realidad es, en verdad,
tratar de ser nosotros.
Y vos también, y vos también,
y vos también quedate con nosotros.
¡No con otros, con nosotros, como debe ser!

Dice el tango “Convencernos”. Con ese me quedo hoy, convencido de que la ciudadanía en este país y este estado es otra diferente a la de hace ocho años.

Los tangos:

Convencernos,

letra y música: Eladia Blázquez y Chico Novarro (1976)

Lo escuchas aquí: https://www.youtube.com/watch?v=S13NrAGGKZ8

El precio de vencer,

Letra y música: Eladia Blázquez (1973)

Lo escuchas aquí: https://www.youtube.com/watch?v=aatZONqtXdw

@elinterno16

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