Los debates siempre muestran talantes y talentos, por ello enriquecen la vida democrática ya que permiten a los electores contrastar ideas, propuestas, actitudes, capacidades y hasta reacciones ante lo inesperado. Ahí es donde se da esa comunicación mágica (conexión simbólica) entre quien habla y quien escucha. Para eso sirven estos ejercicios que, desde luego, también se tornan por momentos aburridos cuando se entra en el maremagno del dato, las cifras y los números.
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Paola Migoya, quien vivió en primera persona esa experiencia del ya merito te tocaba, habló del MORENA y de la gente que rodea a la candidata Rivera Vivanco. Se dijo harta de los políticos de siempre, señaló una y otra vez los peligros del populismo y de las ocurrencias, habló de cómo el MORENA gobierna con corrupción y opacidad en Tláhuac y en Texmelucan con la bandera del PT su aliado. Es un peligro para México, postuló. Y no sólo eso, le sacó a la candidata morenista sus trapitos al sol y hasta le regaló la ley de responsabilidades para que le eche ojo y se dé una empapada del asunto. “Quien es ratero en lo poco, es ratero en lo mucho”, le dijo a la jovencita.
Deloya y Víctor Gabriel también tuvieron sus escarceos pugilísticos; mientras éste quería volver pueblos mágicos a Canoa y la Resurrección y centro de atracción turística a San Francisco Totimehuacán, aquél le corrigió el procedimiento para dichos nombramientos y estatus. Casi casi le dijo: Hay que conocer de lo que se habla. Lo que sí fue una historia de añoranza fue cuando Víctor nos contó cómo él y su hermano se iban de su casa en transporte público a jugar futbol y regresaban a las siete de la noche sin ningún problema. Esos años idos ahora querría que regresaran para garantizar el tejido social y la seguridad.
En lo personal me sorprendió el candidato de Compromiso por Puebla: Citó a Isaiah Berlin y hasta a Albert Camus y El mito de Sísifo. Desde luego, fuera de lugar y sin el contexto debido, sin duda pensó que en algún momento alguien le iba a preguntar por los tres libros que han cambiado su vida o que ha leído en los últimos meses. Eso sí, defendió a los ambulantes como si fueran su plataforma de lanzamiento.
Eduardo Rivera, de entre todos ellos, aunque la Vivanco quiso vincularlo al morenovallismo (argumento ajeno a una lectura de filigrana), sabemos que es un proyecto y un talante diferente, y lo que varios ven como un entreguismo, en realidad se trata de meter un pie en la puerta de la política activa: logró arrebatar una de las posiciones relevantes que ya alguno de los morenovallistas más acendrados la saboreaba. Ese argumento del morenovallismo, en el caso de Eduardo Rivera es una falacia vista en rigor. Que tenga que trabajar, surfear y sobrevivir en medio de él es otra cosa.
De todos los candidatos y candidatas, además de su formación politológica y de su sólida especialización en la administración pública, ha tenido la experiencia de ser dirigente partidista, por tanto, logrado capacidad de negociación. Ha sido diputado local y federal, por tanto, obtenido capacidad de consenso y coordinación de trabajo en equipo, conocimiento legislativo, procedimiento de leyes, reglamentos, circuitos legales. Y sobre todo, y para el caso, lo más relevante, ha sido presidente municipal sin romper lanzas con el entonces violento, autoritario, veleidoso y arrebatado exgobernador. Siempre cuidó la institucionalidad del ayuntamiento y por todos los medios evitó que corriera un hilillo de sangre en el palacio municipal. Eso es una virtud, una capacidad y una habilidad que se llama respeto a la investidura, a la institucionalidad y, a nivel personal, magnificencia.
En el debate, además de responder las acusaciones directas, mostró talento de alguien que se sabe preparado, que sabe que es honesto (que las acusaciones del congreso fueron un garrote político que no lo amilanaron), que tiene capacidad para conducir al ayuntamiento de la capital, la principal ciudad del estado y la cuarta del país, y quizá lo que falta delinear es precisamente su equipo de trabajo. Ahí es donde nos daríamos cuenta cómo gobernaría en la vida ordinaria, en el quehacer del día a día. Esperemos que pronto vaya dando nombres, más que perfiles.
En suma, el debate, si bien corto de formato, acartonado y hasta aburrido, siempre nos permite ver de alguna manera quién es quien para comunicar objetivos claros, resultados contundentes, tiempos precisos, pericia y capacidad. Eso que en otros momentos he denominado la Tierra prometida: Puebla, la que deseamos, la que buscamos, la que queremos vivir ya desde ahora y mejorar para nuestros hijos y sus hijos.