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OPINIÓN

Morenita

Hacer recordar y soñar a la gente. La vida de los artistas. La gente está hecha de carne y huesos.

Ignacio Esquivel Valdez

Ingeniero en computación UNAM. Aficionado a la naturaleza, el campo, la observación del cielo nocturno y la música. Escribe relatos cortos de ciencia ficción, insólitos, infantiles y tradicionalistas

Martes, Junio 26, 2018

 

─Hola morenita, ya veo que te gusta cantar como a mí. Sí, mi alma, a usted le hablo no se haga la desentendida.

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─¡Hum!

 

─Mira, mira, no diga que fue casualidad encontrarnos en esta fiesta.

 

─¡Por favor! ¿No ve que estoy trabajando?

 

─Pos sí, pero eso no le impide platicar.

 

─Perdón, pero no hemos sido presentados

 

─Pos ni falta que hace, usté ya sabe que vino a tomar mi lugar en lo que yo descanso y no  le reclamo nada, mi alma, entre artistas nos comprendemos.

 

─¿Artista? ¡Usted nomás resopla una partitura!

 

─Pero tiene su chiste, además lo importante es que la gente sienta esas vibraciones que le hagan soñar o recordar ¿No lo cree?

 

─Bueno, eso sí es cierto.

 

─Si viera qué bonito siento que la gente al oírme se ponga a tararear “Cien años” o  al calor de las copas canten conmigo “Viva mi Desgracia”, se muevan con cadencia al escuchar “Sobre las Olas” o gritar con alegría el “Ay, ay, ay, ay” del “Cielito Lindo”.

 

─Es cierto, lo mismo me pasa y hasta me dan más ganas de dar mis mejores tonos en los pasos dobles o los danzones, la gente se pone atenta con “La Llorona”, baila “La Sandunga” o llora de nostalgia con la “Canción Mixteca”.

 

─Sí, mi morenita, es fabuloso hacer sentir a la gente que están hechos de carne y hueso, una piel que se eriza y un corazón que les retumba en el pecho.

 

─Pues bueno, ya casi termino ¿Seguirá usted cantando?

 

─No lo creo, mi actuación ya terminó.

 

─Y también la mía, le comparto los aplausos.

 

─Bien compartidos, morenita, espero nos volvamos a ver y quien quita y hasta cantemos juntos algún día, soy su servidor, el chilango que silva al ritmo de la manivela para alegrar los parques de esta ciudad.

 

─Hasta la vista, señor organillo, usted reciba la calidez de la gente del Grijalva por medio de la amaderada voz de esta marimba.

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