El poeta llamado Macperson referiría que en el año de 1759 habría conocido al escritor también escocés M Home y que éste le habría hecho sabedor de la existencia de la antigua tradición oral que conforma “El Poema de Ossian”.
Los estudiosos de la historia de la literatura universal han coincidió de tiempo atrás en aseverar que el referido poema no es en realidad sino una invención que carece de antecedentes en el pasado remoto escocés que pueda dotarle de sustento histórico alguno.
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En el prólogo firmado por V.W. Querol, correspondiente a la peculiar edición fechada en Madrid en 1874, y a la que tras búsqueda de años tuve finalmente acceso gracias a la acuciosidad de un amigo.
Amén de ponderar las virtudes de la traducción de la obra en cuestión atribuida a Antonino Chocomeli Codina, se menciona, sin embargo, la existencia de un estudio que viera la luz en el año de 1805, el mismo que correría a cargo de una academia “hihglandesa” abocada al estudio de antigüedades escocesas.
Estudio de marras que concluiría que el bardo anciano Ossian efectivamente existió en el siglo tercero, y asimismo, en la ocasión, según refiere el ya citado prologuista, que los integrantes de la referida academia habrían encontrado en diversos textos antiguos escoceses pasajes de gran similitud con la versión publicada originalmente en Francés por Macperson.
El Bardo anciano añora los años juveniles del combate en las ruinas del Palacio de Fingal y los días en los que ésta mandaba a sus lugartenientes al ataque.
Rememora en tal sentido la aventura de Gual, hijo de Morny, quien siguiendo los mandatos de Fingal se aventura en las tierras de Morven para demostrar su lealtad cuando las tropas del guerrero Fingal han abandonado ya el teatro de operaciones y queda Gaul solo frente a la acción guerrera de los nativos de Morven que siegan su existencia.
Entonando canciones de amor, de guerra y de muerte, Evircoma, la esposa de Gual, se embarca con su hijo Ogal para ir a perecer al lado de su amante en la tierra de Morven.
En los días que corren se encuentra a disposición del público en la librería “Profética” de la Ciudad de Puebla la novela de mi autoría “La Danza de Giselle”, en la que también se entonan canciones de amor, de guerra y de muerte en relación a viejas historias soterradas de la ciudad así como a la historia centenaria del ejército mexicano al momento de que se ventila ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación la constitucionalidad de una ley que dotaría al país de un régimen de índole militar.
“Pensamientos de guerra, tenebrosos
Recuerdos de los días que pasaron,
Huid ¡cesad ya el bélico ruido
De escudos en la lid entrechocados,
No disputéis la sombra y el reposo
A la vejez tranquila ¡retiraos¡
¿por qué la guerra a mis oídos viene
Cuando mi brazo trémulo y cansado
Se olvidó ya de manejar la lanza?
Sí¡ la lanza de Témora en mi mano
Se ha convertido en báculo de ciego!”
El poema de Ossian me parece de una enorme fuerza vivencial, y después de haberme dado a la inquietante misión de escribir sobre el ejército mexicano al unísono de que la Ley de Seguridad Interior se discute en la Corte y de que el presidente de los Estados Unidos ordena el despliegue de la Guardia Nacional en la frontera, me inclino a pensar que, en realidad, el referido poema no fuese una invención de Macperson, como lo han reiterado los eruditos a lo largo de más de dos centurias y que, acaso, en las notas de V-W Querol pudiese haber algo más que un señuelo tendiente a enganchar a los lectores madrileños para que en el remoto año de 1874 adquiriesen un ejemplar del “Poema de Ossian” a la venta en alguna librería acaso visitada por algún poeta anhelante de encontrar palabras inspiradas para cantar al amor, a la guerra o a la muerte.