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OPINIÓN

Ni pedo, me tocó…

La influenza estacional. Las molestias. Una dinámica que inmoviliza.

Alejandra Fonseca

Psicóloga, filósofa y luchadora social, egresada de la UDLAP y BUAP. Colaboradora en varias administraciones en el ayuntamiento de Puebla en causas sociales. Autora del espacio Entre panes
 

Jueves, Febrero 1, 2018

Me dio sin fiebre, sin tos, sin estornudos, sin sentirme cansada, sin dolor de garganta, de cuerpo, de estómago o articulaciones. Tampoco de cabeza ni diarrea. Sí me daban calosfríos; tuve la nariz tapada que, o respiraba, o hablaba o comía y, en escasas ocasiones, con goteo. ¡Qué cosa tan asquerosa es salir a la calle, o estar con personas, y que la nariz te goteé. ¡Guácala! ¡De pena ajena! Asquito, digo yo. Por eso no salí por dos semanas, más que en casos muy muy obligados y urgentes.

 

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Tuve influenza estacional. Las otras son graves ya que infectan nariz garganta y llegan hasta los pulmones. Esta es incómoda e incapacita pero la libras. Son los pinches fríos que siguen y, por más que me tapo de cebollita, --capa sobre capa sobre capa de ropa térmica y algodón grueso--, calan hondo. Y tantito te destapas de día o de noche, ahí los escalofríos penetran profundo.

 

Por más que intento saber cómo me contagié, no doy: los virus de la influenza se transmiten por contacto directo de persona a persona; o bien al tocar superficies que tienen gotitas de la tos, estornudos o saliva de personas contagiadas y luego toques tu nariz, boca u ojos, por ahí entran. No llevo registro de tantas cosas.

 

Fui al médico y me recetó antibiótico, antigripales y jarabe para las flemas. No supo el wey: los antibióticos son para bacterias, no combaten virus; los antigripales esconden los síntomas de la influenza. Con nalgas de coladera por tantas inyecciones, tomé suplementos para reforzar mi sistema inmunológico, tengo buena alimentación y tomo mucha agua y jugos, pero no cede la congestión nasal ni las flemas, ¡qué fastidio!

 

El frío sigue y seguirá por un rato; me cubro bien, salgo a la calle con cubre-bocas; lavo con agua y jabón mis manos constantemente y no me toco el rostro para nada. Y para no errar, desinfecto los espacios de mi casa y mi trabajo. Me da mucho asco cuando veo a alguien escupir en la calle, ¡es lo superlativo de repugnante! e infecta nuestros espacios y objetos públicos, y ahí los virus se van al viento. Desde luego no visito a mis amigas embarazadas ni me acerco a niños ni personas mayores. No doy la mano, ni abrazos, ni besos. No comparto alimentos, vasos o cubiertos. No ando en lugares cerrados, sin ventilación o lugares con mucha gente. Estoy enclaustrada en mi casa. Ni pedo, me tocó.

 

alefonse@hotmail.com

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