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OPINIÓN

Dolor

Para que el ser humano perciba el dolor se ponen en juego diversos mecanismos fisiológicos

Guadalupe Carrasco

Licenciatura en Psicología de la Universidad de Londres. Psicoterapeuta en consulta privada, Orientadora Educativa

Miércoles, Enero 10, 2018

Cuando tenemos dolor acudimos al médico, quien averiguará nuestros signos y síntomas, lo evidente cuantificable o medible con aparatos o estudios y nuestro dicho, lo que percibimos , para realizar un diagnóstico.  Muchas veces acudimos al doctor porque tenemos dolor como consecuencia de una enfermedad o el dolor en sí mismo es la enfermedad.

Para que el ser humano perciba el dolor se ponen en juego diversos mecanismos fisiológicos: receptores del dolor, médula espinal, neurotransmisores, corrientes eléctricas, tálamo, corteza cerebral, etc.

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El dolor nos alerta que algo está mal o requiere reparación.  Por ejemplo, si tenemos caries en una muela y no la atendemos, avanzará y lesionará la pieza dental, provocando dolor. Al percibirlo debemos tomar acción e ir al dentista, si es que no habíamos acudido cuando la caries no había causado dolor.  Con afán profiláctico, si visitáramos a nuestro dentista regularmente la caries no se instalaría en la pieza dental o sería detectada a tiempo y no tendríamos que sufrir un dolor de muela, una infección, una reparación, una endodoncia o la perdida de la pieza.

A los mexicanos nos duelen muchas cosas. Nos duele la corrupción y la impunidad, nos duelen los feminicidios y la delincuencia, nos duele la trata de personas y las muertas de Juárez, nos duelen los 43 de Ayotzinapa, nos duele que la calle sea para los delincuentes, nos duele el salario mínimo y las pocas oportunidades de trabajo, nos duele la baja calidad en la educación, nos duelen las ladies y los lords, nos duele la discriminación y la pobreza extrema, nos duele el enriquecimiento ilícito y la Casa Blanca, nos duele el gasolinazo y el Fobaproa, nos duele mucho.

Pero, de qué sirve que sintamos dolor y que seamos capaces de decirlo si no acudimos al médico, no buscamos la fuente, no estamos dispuestos a tomar el tratamiento y mucho menos, buscar el especialista que nos puede diagnosticar y por tanto, medicar de la forma correcta, eso sí, pagando el precio. Nos conformamos con que nos quiten el dolor, o lo adormezcan, o con la técnica de película de la Época de Oro del Cine Mexicano, nos lo aguantamos con un tequila o un mezcal. O con distractores para facilitar el aguante, por qué no, con las redes sociales, las telenovelas o las bioseries. O bueno, con una despensa, un huesito en el gobierno, o aunque sea un empleo mal pagado. Qué decir si nos regalan boletos para eventos o nos organizan fiestas con mariachi, ¡y a cantar se ha dicho pues también de dolor se canta! O que venga el papa y haga un recorrido, millones de fieles siguiendo la transmisión o siguiendo el papamóvil, olvidando a los Duarte o a los exgobernadores prófugos de la justicia. Tomamos ácido acetilsalicílico o paracetamol sin receta médica y esperamos mejorar, aunque sea para terminar el día de trabajo y no tener que ir al servicio médico a esperar por horas una probable consulta en la cual sólo nos recetarán ácido acetilsalicílico o paracetamol por falta de medicamentos o nos mandarán a hacer el estudio para el cual habrá cita disponible en dos o tres meses amén de que sirvan los aparatos. Eso también duele porque en las cámaras de diputados y senadores se aprueban muchas leyes pero, o no se ejecutan, o no se supervisan, o sólo favorecen a algunos cuantos. Paliativos para el dolor, pero el mal no lo eliminamos de raíz. No estamos dispuestos a hacer lo necesario. O tal vez no nos alcanza para tener un buen servicio médico, mucho menos para tomar el dolor “por los cuernos” y elegir una intervención quirúrgica que no sea de emergencia. Nos conformamos con monederos electrónicos de propaganda electoral que nos sirvan para comprar unas cuantas golosinas que nos llenen la panza y nos endulcen la boca y nos hagan olvidar el sabor amargo de la vida política, económica y social de nuestro México.

Parece que vivimos en una familia con violencia intrafamiliar: nos pegan, nos dan hasta con la cubeta, nos dejan maltrechos y en lugar de denunciar o buscar la separación, esperamos que la pareja cambie como por obra de magia, del espíritu santo o de la rosa de Guadalupe… y nada pasa, nos dan una rosa, una lágrima o un perdón, y ahí estaremos, hasta la siguiente tunda, la que quizá nos lleve al hospital con más dolor o hasta huesos rotos, internados con la necesidad de una intervención quirúrgica para salvar la vida o peor aún, muertos.

¿Y de qué sirvió sentir dolor y percibirlo? ¿De qué utilidad fue tener un mecanismo fisiológico encargado de enviar las señales del dolor y responder a ellas, si al final nos vamos a aguantar? Puro desperdicio de las bondades de la naturaleza, la selección natural, la evolución y la genética. Tal vez generaciones futuras evolucionadas nacerán si receptores del dolor, total, no nos sirven de nada.

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