El asesinato de Meztli Sarabia Reyna, ocurrido hace tres semanas, se asocia en el imaginario social a la trayectoria de la Unión Popular de Vendedores Ambulantes 28 de Octubre, (UPVA-28). La agresión, lo dejaron muy claro los homicidas, fue acompañada de una severa advertencia a Rubén Sarabia, “Simitrio”, padre de la víctima y líder de la agrupación.
El artero ataque cimbró la vida cotidiana de la ciudad de Puebla, provocando zozobra en la población y en la clase política poblana. No es para menos, la agresión ocurrió en la sede de dicha organización, ubicada en uno de las zonas comerciales más importantes de la ciudad y fue en contra de una agrupación pública, muy activa en la lucha social. Un evento de dicha naturaleza y la impunidad con la que actuaron, trae como efecto dejar en la más completa indefensión a cualquier ciudadano sea actor político o no.
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La 28 de octubre, como bien lo han reconocido analistas nacionales, es la agrupación urbana independiente de comerciantes más importante del país. Su larga existencia, 43 años, la voz crítica hecha pública en este tiempo, el papel jugado en la esfera pública y su relevancia en la comercialización de productos perecederos, la convirtieron en actor político con reconocimiento expreso de interlocución. Incluso, no es ocioso señalar que, a contracorriente de interpretaciones interesadas, dicha organización ha sido bastante significativa en la modernización de la ciudad en los últimos 40 años.
Vale recordar que el impacto económico de la firma automotriz alemana en la ciudad, provocó un aumento en el consumo. La ciudad, sin ningún plan para enfrentar esa condición vio venir desde finales de la década de los sesentas, el crecimiento de vendedores en la calles de la ciudad.
La quietud social barroca del centro histórico poblano se escandalizo. Los ambulantes “afeaban” la ciudad. Los varios intentos de desalojo dieron origen a la “28 de Octubre”. Su crecimiento en membresía, la expansión en las calles, su actitud crítica e independiente de la esfera gubernamental y del PRI, fue tema de agenda en el gobierno de Guillermo Jiménez Morales.
La prioridad de la autoridad fue el desalojo, no la modernización.
Sin saberlo, pues el PRI pre-transicional nunca se caracterizó por ser ducho en desarrollo urbano, menos por recurrir a expertos para ello, el desalojo de comerciantes, paradójicamente dio origen a una suerte de proyecto de descentralización comercial, que significó la expansión del crecimiento urbano.
Los siete mercados de apoyo, así les denominaron, detonaron los actuales centros comerciales en los cuatro puntos cardinales de la ciudad. Sin ser esa la intención, el virreinal esquema comercial alrededor del zócalo de la ciudad fue sustituido exitosamente.
El desalojo de comerciantes ambulantes y su instalación en los mercados, no sin fuerte resistencia y elevados costos para la agrupación, dada la naturaleza autoritaria y violenta del régimen, se convirtió finalmente en un proceso concertado. Las negociaciones, capacidad de interlocución y acuerdos con la 28 de Octubre permitieron que la dinámica comercial se extendiera en una extensión geográfica que trascendió con mucho el centro histórico de la ciudad capital.
Basta ver lo que hoy constituye el vasto corredor comercial donde se asienta el mercado Hidalgo o bien los ambiciosos proyectos de desarrollo inmobiliario y de servicios que empezaron a establecerse después del funcionamiento del mercado Independencia, en el sur de la ciudad. En el transcurso, fueron factibles los planes gubernamentales de remodelación del casco central de la ciudad y su incorporación como patrimonio cultural de la humanidad el 11 de diciembre de 1987.
En los orígenes fueron más dudas que certezas. Para las elites significó ganar una apuesta, echar a las orillas a quienes se habían apropiado de la majestuosidad del centro histórico y que por sus orígenes étnicos y condición socioeconómica (los pobres de la urbanidad) afeaban las calles y demeritaban la imagen urbana. Para los comerciantes establecidos, significó suprimir una competencia desleal. Nunca imaginaron que la descentralización re potenció el comercio y que ahora tendrían que competir en serio, al detonar en el mediano plazo, la apertura en toda la ciudad de diversas plazas comerciales. En la otra cara, para los comerciantes ambulantes significó dar un salto al vacío. Los mercados construidos significaron partir de cero: propaganda negra en contra, sin vialidades, sin rutas de transporte, con diversos problemas en su estrenada infraestructura.
El desalojo fue presentado como un triunfo: Puebla barroca lucía en su esplendor. Se echó toda la carne al asador. Los programas no dejaron pasar la oportunidad transfiriendo buena parte de obra pública para el remozamiento y obras en el perímetro central de la ciudad. Mientras los nuevos mercados lucían en el abandono, con una sensación de derrota social popular. La UPVA no quitó el dedo del renglón, las movilizaciones continuaron. Parte de las demandas han sido satisfechas, otras no. A pesar de todo, amagos de por medio, no regresaron a las calles.
Por ello es condenable la despiadada agresión. Es un valor social la interlocución con la UPVA 28 de Octubre y es inaceptable para la sociedad, que intereses particulares y oscuros socaven un largo e intrincado proceso de diálogo y acuerdos.
Por elemental sentido de justicia y por la urgente condición de detener la violencia en nuestro país, las instancias correspondientes no deben dejar de lado las investigaciones para encontrar y castigar a los culpables. El asesinato de Meztli Sarabia no debe ser un factor que enturbie el frágil equilibrio social abonando malestar social.
La impunidad no debe enseñorearse en nuestra sociedad. Las agresiones, amenazas e intimidación deben ser frenadas. Es una vorágine donde nadie gana y perdemos todos.
gnares301@hotmail.com