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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Pasaportes al infierno

Indiferencia ante la ley de ciudadanos y autoridades. Grave en unos, gravísimo en otros. Impunidad.

Xavier Gutiérrez

Reportero y director de medios impresos, conductor en radio y televisión. Articulista, columnista, comentarista y caricaturista. Desempeñó cargos públicos en áreas de comunicación. Autor del libro “Ideas Para la Vida”. Conduce el programa “Te lo Digo Juan…Para que lo Escuches Pedro”.

Sábado, Julio 8, 2017

El no cumplir con el deber es una característica humana. Ocurre en todas las naciones. Pero sucede más en unos países que en otros.

En el caso mexicano, la falta al deber por parte del ciudadano es algo muy extendido. Pero en el caso de quienes ejercen el poder es potencialmente grave.

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Y lo es por muchas razones: hace daño a terceros, impacta en la economía, relaja la aplicación de la ley, corrompe las relaciones de gobernantes y gobernados, causa muertes y daños en una larga cadena…y pudre a la autoridad.

El hecho de que el ciudadano común no vea ni sienta que desde el poder se cumple, se aplica y se respeta la ley, abre una puerta muy grande para que el orden social esté plagado de faltas, desde leves hasta mayúsculas.

Esto está pasando en el país desde hace muchos años. Y a veces tiene la apariencia de una ola que crece más, y más, y más cada día, y llega a tener dimensiones de un tsunami.

La no aplicación de la ley, o la violación constante de esta tiene caras de una dimensión infinita. No pasa día sin que nos enteremos de sucesos que quebrantan escandalosamente el mínimo orden jurídico, y no pasa nada.

 Bueno, sí pasa: a la siguiente semana se repiten en novísimas versiones, más escandalosas, de mayor impacto. Y las consecuencias o las reacciones de la autoridad son las mismas: nada.

Por citar algo, la explosión de coheterías o puestos de venta de explosivos es una terrible falta ciudadana. Privilegian el negocio burlando la ley y pisoteando elementales normas de prevención de riesgos. Y la autoridad, desde luego, no es nada ajena a esta clase de manejos y accidentes.

 Partimos del hecho de que el comercio  de la pólvora y los permisos para venta emanan de una autoridad, en este caso compete a los tres niveles de gobierno.

Otro caso,  el orden y control dentro de las prisiones. Se admite comúnmente que quienes ejercen ampliamente el poder interno son los reclusos. Autoridades y vigilantes son los beneficiarios de este “orden” relajado, perverso y…explosivo.

Motines y fugas se repiten a cada rato con una estela muy larga de muertos y heridos. Y cuando uno pensaría que el escándalo último es el acabose, se produce otro caso más  violento que rebasa lo anterior.

Los enfrentamientos entre bandas en las zonas violentas del narcotráfico dejan  una estela roja de sangre, que es parte de una cadena que no termina, sino que se reedita cada mes. Esto muestra zonas geográficas del país sin control, ley,  ni gobierno, donde los poderosos de los tres niveles son pasivos espectadores… cuando no cómplices. Y beneficiarios.

Pero en la otra mitad de la cancha el espectáculo no es mejor. Las recientes elecciones en el estado de México, con gobiernos destinando toneladas de dinero a comprar votos, conciencias y funcionarios, más   el papel de connivencia de los órganos electorales, no es nada diferente a  todo lo expuesto antes.

La impunidad ostentosa de los líderes sindicales que mangonean gremios, cuotas y negocios, con la bendición y dinero del presupuesto gubernamental, no deja ejemplo de ética de los gobernantes hacia los ciudadanos.

El reparto de posiciones en los supuestas instituciones ciudadanizadas, por parte de partidos y gobierno, son dinamita pura a la confianza ciudadana.

La recurrente respuesta de floridos y vacuos discursos de gobernantes de toda laya, ante la multifacética cadena delictuosa que no cesa en la geografía mexicana, son palabras al viento.

 Ahí, en las raíces de esta verborrea cotidiana, hay que buscar las acciones directas de justicia por propia mano o linchamientos que se dan cada vez con más frecuencia.

En el solar poblano un caso reciente. Un juez provoca, agrede y es parte central de una riña…¡el colmo de una juzgador..!! Y la autoridad le brinda primero un paraguas de exculpación diciendo que no actuó en calidad de funcionario…¿y la ética? ¿Es la ética aquí un traje que solo se pide a los funcionarios durante las 8 horas de su jornada laboral?

Y da la impresión de que el asunto va en camino de simular un acto de justicia…en contra del joven que defendió a la novia de la perversión del juzgador..¡acabáramos..!!

Aquí, allá y acullá, todo parece mostrar que las autoridades, los poderosos de todo nivel, extienden a diario pasaportes al infierno para la sociedad mexicana.

xgt49@yahoo.com.mx

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