Una cosa es cierta: el discurso oficial sobre la seguridad en Puebla va por un lado…y por otro diametralmente opuesto la realidad.
Si partimos de la extendida aceptación de que percepción es realidad, eso que percibe la gente es lo que se vive, respira y se comenta a diario en la ciudad.
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Y también en amplias zonas del estado, la región huachicolera sobre todo, que se ha ramificado por casi toda la geografía poblana.
No sé con exactitud si sea ya una crisis. Pero seguro que está abajito de serlo.
Más allá de las estadísticas, que como sabemos son con frecuencia un referente que se pone en duda, o al menos con reserva, habría dos fuentes que los gobernantes deberían tomar como brújula.
Una es la información policíaca. Las páginas de los diarios y los noticiarios radiofónicos y portales, dedican extendidos espacios a esta materia. Lo hacen con profusión de datos y abarcan toda la geografía. Algunos medios incluso parece que se solazan a un grado chocante con estas notas.
La otra es el habla de la gente. El ejercicio que pueden y deberían hacer los gobernantes es muy sencillo: peguen el oído a lo que dice la gente. Bajen de los lujosos vehículos, caminen por las calles, hablen con la gente del pavimento, de las colonias.
Hagan un elemental ejercicio: en cualquier reunión, incluso de vecinos o simpatizantes, pidan que levanten la mano las personas que han sufrido un atraco de cualquier índole. O quienes tengan referencia que algún familiar o amigo ha sido víctima de algún delito.
Los resultados son escandalosos. Si eso no es crisis, entonces habrá que buscarle un nombre.
Lo cierto es que los testimonios son abundantes, apabullantes podríamos decir. Amigo lector, hágalo usted ahora mismo: en la reunión familiar o en la mesa de café practique esa inmediata consulta. La realidad que se configura a partir de los comentarios que brotan es irritante.
En el contrapeso de las estadísticas oficiales, hay que agregar ese proceder común tan extendido: el que un elevado porcentaje de víctimas no denuncia el delito. Ese dato, ese número, no llega a las estadísticas.
Y por favor, que no se tome como irresponsabilidad o negligencia. Es una verdad palmaria que el resultado de una denuncia, al menos en más de un 80 por ciento de los casos, es negativo. No conduce a nada, no tiene sentido alguno.
O, lo que resulta más grave y se ha tomado como una verdad indiscutible: llegan a pescar a los delincuentes, y a los pocos días están nuevamente libres y delinquiendo.
¿No es escandaloso saber que hay delincuentes aislados o en banda que acumulan docenas y docenas de robos en las tiendas oxxo?
Esta es una realidad contrastante con el paisaje optimista del discurso oficial.
El alcalde Bank se saca de la manga un decálogo para combatir de emergencia el aceptado incremento de la delincuencia. Y de un día para otro es hecho añicos si se suma la cantidad de asaltos en autobuses, comercios, transeúntes y a casas habitación.
Más el horrendo asesinato de la hija de Simitrio…¡acabáramos!!
La colonia Bella Vista es un auténtico contraejemplo de la seguridad en Puebla. O al revés, un variadísimo catálogo de la inseguridad. Me constan numerosos casos. ¡A la casa de mis padres entró una banda de 5 sujetos a las once de la mañana! Y en esa calle, son más de 12 las casas donde ha habido robos, y suman decenas los hurtos de autopartes.
En esa misma colonia están las oficinas de “La Jornada” y “e-consulta”. El personal de estos dos medios ha acumulado incontables testimonios de robos de todo tipo… y a la fecha no existe un eficaz operativo que prevenga o sancione este tipo de delincuencia.
Pero este es sólo un ejemplo. Está la espantable colonia de San Manuel, Santiago, La Paz, el sur y el norte de la ciudad se hermanan con esta terrible huella del hampa.
Y pasan los días, las semanas, el alcalde empieza giras por el interior del estado para empedrar su futuro político, y la capital poblana que uno suponía su prioridad y único objetivo de su quehacer, está al amparo de la delincuencia… y los baches.
Hablen con la gente, pregunten, pero por encima de todo, ofrezcan resultados. Se trata de funcionarios bien pagados, sus equipos también, tienen elementos humanos, medios y presupuestos… ¡¡¡actúen… den respuestas!!!
Es sabido que la solución no puede ser ni mágica, ni pronta ni total.
Eso se da por sabido. Pero, señores, justifiquen los cargos…!
Articulen acciones, pidan asesoría, vean lo que sí funcionó en otras partes, contraten a profesionales, armen estrategias, supervísenlas, den seguimiento a las instrucciones.
Sean imaginativos, exprímanse el coco.
Todo esto no se ve… y menos se siente.
Por favor: ¡¡respondan con resultados, no con discursos…!!