“La libertad puramente egocéntrica, que ignora las reglas y constreñimientos sociales así como los imperativos morales, deviene criminal”.
Edgar Morin. Método V. La humanidad de la humanidad, p. 306.
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La noticia fue ampliamente difundida por los medios nacionales. No era para menos dado que se trató de un incidente entre los hijos y nietos de los miembros más prominentes de las élites del poder económico en el país. Me refiero a la batalla campal que se suscitó en la fiesta de graduación del Colegio Cumbres entre los estudiantes que festejaban su egreso de la institución y un grupo del Colegio Irlandés –ambas instituciones educativas dirigidas por los Legionarios de Cristo- que irrumpieron en la fiesta con todo y sus escoltas según se consigna en las crónicas publicadas días después.
En esta pelea salvaje resultaron heridos varios jóvenes, tres de ellos fueron ingresados en urgencias al hospital con múltiples fracturas e incluso contusión cerebral según denunció la madre de uno de los afectados.
El lunes siguiente me tocó incidentalmente escuchar la entrevista que el periodista Joaquín López Dóriga hizo en su noticiario de radio del medio día a Joaquín Quintana, presidente de la organización civil Convivencia sin violencia quien resaltó la gravedad de este hecho y la preocupación que existe por el incremento exponencial de este tipo de incidentes violentos entre los jóvenes debido al consumo desproporcionado de alcohol que es tolerado y muchas veces –según el ejemplo que puso de una graduación a la que le tocó asistir- promovido por los mismos padres de familia.
Ante la pregunta expresa sobre la forma en que habría que actuar para combatir este tipo de actos violentos, el entrevistado fue muy insistente en la importancia crucial que tiene el hecho de que se denuncie ante las autoridades y que los jóvenes involucrados en estas agresiones asuman las consecuencias legales de sus actos, porque la impunidad –promovida por los papás en el ánimo de proteger a sus hijos- es el factor que más incide en la proliferación de este tipo de actos. Si no hay consecuencias, entonces hay incentivos para volver a actuar de la misma manera.
Sin embargo las notas periodísticas de los días posteriores dan cuenta de que finalmente los padres de familia de los agresores y de los agredidos “llegaron a un acuerdo” para “castigar a sus hijos” y no presentar denuncias penales por los acontecimientos, haciéndose cargo además de los gastos por la atención de las lesiones ocasionadas a los agredidos.
Según declaró el presidente del Consejo Nacional de la Abogacía –de acuerdo a Animal político- la pelea “…inició por una tontería, en donde al grado del alcohol, una gente pensó que lo habían insultado en la pista y de ahí se detonó todo…”
Es muy probable que así haya sido, que una tontería potenciada por el altísimo consumo de alcohol haya sido la causa de esta batalla campal. Pero si bien el origen fue una tontería, las acciones que se derivaron de ella no son triviales y no pueden ser minimizadas. Por una tontería que se vuelve una pelea colectiva fueron a dar al hospital al menos tres jóvenes. Por una tontería que se convierte en motor de la violencia irracional pudieron haberse generado muertes.
“Estos asuntos llegan a una conciliación, difícilmente se consignan porque las partes se otorgan los perdones, pero va a haber sanciones de ambos grupos y van a ser serias, porque debemos respetar al seno de la familia…” Estas fueron las declaraciones con las que el abogado antes citado explicaba el por qué no se presentaron las denuncias correspondientes.
Resulta muy preocupante que con la intención de proteger a sus hijos, los padres de familia busquen este tipo de arreglos e impidan que sus hijos asuman la responsabilidad de los actos que cometen. Como bien declaraba el presidente de Convivencia sin violencia, la impunidad es la causa de que las acciones violentas se repitan continuamente en nuestra sociedad. Esa impunidad que los mismos padres de los jóvenes involucrados en la riña colectiva seguramente critican en los gobernantes y en las acciones de la delincuencia organizada y que sin embargo ellos promueven para sus hijos y muy probablemente ejercen en sus propias acciones dado el poder económico que los protege también de las consecuencias de sus actos.
De nada sirve que como informa la nota que puede encontrarse en esta liga:
http://www.animalpolitico.com/2017/06/pelea-cumbres-irlandes-denuncia/ los padres de familia se hayan comprometido a generar campañas para combatir la violencia entre los estudiantes porque estas campañas quedarán en el discurso. Un discurso al que contradicen los hechos. Porque las campañas dirán seguramente frases muy bonitas e impactantes que condenen la violencia, pero los hechos han mandado un mensaje más poderoso a estos jóvenes, a sus hermanos menores y a sus compañeros; el mensaje es: puedes agredir a otros y mandarlos al hospital “por una tontería” y “por culpa del alcohol” que al final todo se puede arreglar y no tendrás que asumir ninguna consecuencia.
Dice un proverbio de los indios de Norteamérica: “lo que haces habla tan fuerte que no puedo escuchar lo que dices”. Este dicho debería servir de reflexión a nuestra sociedad que vive en la contradicción entre los discursos contra la violencia y el fomento a la impunidad que regenera la violencia.
La reflexión debería ser asumida principalmente por los padres de familia, los profesores y los directivos de las instituciones educativas que en su mayoría expresan en sus documentos y discursos la relevancia que tiene la formación ética de sus estudiantes pero que están educando en la libertad meramente egocéntrica, que como dice Morin, ignora las reglas y los constreñimientos sociales, deja de lado los imperativos morales y por ello deviene criminal.