Las pasadas elecciones en los estados de México, Coahuila y Nayarit, nos dejan una lección para la reflexión de los partidos políticos y exigencia de los ciudadanos a estas organizaciones políticas, necesitamos implementar la segunda vuelta en las elecciones en México.
Los números no mienten, y tampoco los medios noticiosos serios, la cercanía de los candidatos en primer y segundo lugar, lejos de legitimar una elección, la opacan, dividen a la ciudadanía y nada abonan a la democracia.
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Pongamos de ejemplo al Estado de México, estado con aún cifras del PREP, y con una elección seguramente en la antesala de acciones legales e impugnaciones por parte de Morena, nos demuestran la debilidad del sistema electoral, su estructura arcaica a favor de la ciudadanía, y en pro de la partidocracia.
Los dos candidatos con mayor número de votos son Delfina de Morena y Alfredo del PRI, ambos con menos de tres puntos porcentuales de diferencia entre la preferencia del electorado, ambos, con gastos excesivos de campaña, ambos con acusaciones de corrupción, todos, sin excepción, no representan a la mayoría de los mexiquenses. Aquí es donde se encuentra el principal problema del sistema político electoral, no existe representación efectiva, en consecuencia, triunfos legales pero no legitimidad.
La reforma es necesaria, una segunda vuelta permite que los votos y la intención de los mismos se concentre en los dos candidatos punteros, es decir, en el caso del estado de México, tenemos a los candidatos del PRI y Morena, entonces, los votantes del PAN, PRD y los otros partidos pequeños y candidatos ciudadanos, acudirían nuevamente a las urnas para elegir uno entre esos dos, y el resultado sin lugar a dudas, legitimaría al candidato ganador, pues obtendría más votos, ya sea por simpatía ideología, castigo ciudadano o campaña exitosa. La segunda vuelta es necesaria, y podría aplicarse después del 2018, para evitar suspicacias en los comicios de ese año, y asegurar el piso parejo para las siguientes elecciones.