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OPINIÓN

El "abuelo" de Pérez Galdós y el huachicol

Analogía del teatro y el escenario político. Políticos y artistas. PEMEX

Atilio Peralta Merino

Abogado por la Escuela Libre de Derecho. Premio Nacional de Periodismo “Ricardo Flores Magón” en la categoría de Artículo de Fondo. Compañero editorial de Pedro Ángel Palou; y colaborador cercano de José Ángel Conchello y del constitucionalista Elisur Arteaga Nava.

Domingo, Mayo 21, 2017

“El Abuelo” de Benito Pérez Galdós, se erige en uno de los relatos en todo el ámbito de la lengua castellana con mayor capacidad de profundizar en la psicología de los personajes que protagonizan su trama.

Pérez Galdós habría alcanzado en la ocasión un formidable “estudio de caracteres” como dicen los conocedores de las artes escénicas, el cual, aunado a una intrincada gama de situaciones, mueve de inmediato a su representación escénica.

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 El relato de “El Abuelo” se extiende en el tiempo de manera por demás prolongado, motivo por el cual Pérez Galdós no lo escribió como pieza teatral, toda vez que, en dicho trama, no se conformaría la  unidad de “acción, lugar y tiempo” que  Aristóteles  habría establecido en la “Poética” como  imperativo a seguir y canon  estético  de toda  trama escénica.

“El Abuelo” ha sido llevado a la pantalla grande de celuloide al menos en tres ocasiones, en la versión mexicana llama la atención la construcción del personaje que hace el actor  Julio Villarreal, quién a no dudarse realiza la mejor de las interpretaciones del mismo incluso, muy por encima de la que protagonizarían dos enormes actores en España como lo habrían sido tanto Fernando Rey como Fernando Fernán Gómez.

  La cinta mexicana resulta, sin embrago, a la postre, francamente mala, entre otros motivos por la designación para protagonizar  situaciones que el autor pensó a cargo de  niñas pre adolescentes, a cargo de mujeres hechas y derechas tal y como eran las actrices  Rosario Granados e Hilda Krüger.

Elenco que sin embargo resulta interesante de escudriñar al paso del tiempo atendiendo a que Hilda Krüger, amante del entonces secretario de gobernación Miguel Alemán Valdés sería una de las figuras claves del espionaje nazi en México; el otro, lo sería un oficial  de aviación del ejército mexicano llamado Roberto Trawitz, contactaba a Maximino Ávila Camacho con Gonzalo N. Santos en el traslado de opiáceos que terminaron financiando la denominada “Quinta Columna Nazi “.

Trawitz llegó a filtrarse en la reunión sostenida entre los presidentes Franklin Delano Roosevelt y Manuel Ávila Camacho, reunión  en la que  habría desempeñado el papel de  traductor e interprete, traducción a la que, por lo demás,  el propio Rudolf Hess habría tenido acceso inmediato.

En los días que corren, el general León Trawitz se encuentra comisionado de la seguridad de los ductos de la empresa productiva del estado “Petróleos Mexicanos”, y Roberto Trawitz se habría desempeñado como secretario de turismo del estado de Puebla durante la pasada administración, habiendo recibido el apoyo al fin de la  misma para presidir el colegio de economistas de la entidad.

En tanto se dirigen acusaciones de ida y vuelta  entre las esferas de competencia de gobierno de cara al inicio por la sucesión presidencial y ante  la crisis desatada a raíz del robo de combustibles, la imagen fantasmal de un abuelo, que como el personaje de Pérez Galdós acaso se haya condolido por un mundo en extinción aunque por motivos del todo diferente, se entrecruza entre los que hoy por hoy se lanzan  acusaciones cruzadas.

albertoperalta1963@gmail.com

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