“Para Lalo y Gaby,
porque su paraíso de vida,
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siempre se conserve”
Cada pedazo de tierra de este hermoso país es una belleza, tanto natural como de personas, tradiciones y costumbres.
Xcalak no es la excepción, enclavado en la costa caribeña del sur de Quintana Roo, es una comunidad de pescadores en donde se encuentran los arrecifes que forman parte de una barrera coralina considerada como la segunda barrera más grande del mundo en la que coexisten muchas especies de coral, peces, moluscos, crustáceos, equinodermos y muchos más organismos marinos.
Sus habitantes, la mayoría ejidatarios, trabajan el turismo ecológico y lo hacen con grandes esfuerzos y escasos apoyos y en donde empresas estadounidenses son su competencia, porque han ido comprando terrenos ejidales a lo largo de esta costa y se están posesionando de esas hermosas tierras. Llegan al exceso de no admitir en sus negocios a mexicanos y en sus promocionales se lee: empresa auténticamente estadounidense.
En un escenario de playas paradisíacas y de aguas transparentes aún sin contaminar, los pobladores hacen esfuerzos importantes por cuidar a la fauna marina originaria del lugar, y en donde el buceo, el snorkel, el paseo en kayak o en lancha son una delicia.
A una hora y media o dos horas máximo de la costa de Xcalak, se llega al arrecife de coral del “Chinchorro”, uno de los más bellos lugares con diversos ecosistemas marinos; también puedes observar a los manatíes que viven y se reproducen y que son afortunadamente especie protegida y también puedes observar cómo los pescadores cuidan los criaderos de mantarrayas; sin embargo, como comentan los pescadores, aun en ese paraíso hay que tenerle respeto al mar, porque en un momento esas aguas tranquilas de diversos tonos de verde y azul, se pueden convertir en un cielo gris con torrenciales lluvias, con olas furiosas y salvajes y con corrientes marinas peligrosas.
Varios de sus habitantes han emprendido proyectos turísticos con paseo en lancha y con degustación de comida casera para después de los viajes. Puedes saborear un ceviche de caracol, una deliciosa langosta y un pez recién pescado acompañado de una salsa habanera propia del lugar. El joven guía del paseo en lancha nos comentó: “aquí cuando tenemos dinero, comemos carne y pollo, pero cuando no tenemos comemos langosta, caracol y pescado… pobremente”
En la sobremesa de la comida, nos enteramos que el personal de la Capitanía del Puerto del lugar ha salvado muchas vidas, especialmente por la imprudencia o por el desconocimiento de las reglas de seguridad indispensables para salir a alta mar: no haber comido demasiado, no usar chaleco salvavidas, ingresar cuando se avecina una tormenta o ya llegada la tarde, lanzarse al mar cuando no sabes nadar; sobrepasar la cantidad de personas que se pueden transportar en las lanchas, etc.
Desgraciadamente hay situaciones que te indican que es una comunidad pobre que requiere de mucho apoyo: falta de servicios básicos, vialidad, alumbrado, agua potable, electricidad, colección de basura y en donde hay todo por hacer. Los jóvenes estudian pero terminan migrando porque no hay fuentes de empleo en sus comunidades de origen. Habría que apoyarles para que ofrezcan al turismo aventurero, tanto nacional como al extranjero, servicios de calidad protegiendo y difundiendo las bellezas naturales que se pueden encontrar, además de asegurar que todas esas tierras no se vayan convirtiendo en territorio extranjero por la cantidad de estadounidenses que están comprando los ejidos. ¿Quién y en qué circunstancias está permitiendo que esto pase en Xcalak?
Llegué a ese paradisiaco lugar a invitación de mi amiga Yolanda Loria en búsqueda de un lugar en donde existiera variedad biológica en el mar porque cada vez es más difícil y cada vez más escasa la oportunidad de observarla, porque la mano depredadora de los seres humanos va destruyendo sin contemplaciones lo que la naturaleza nos brinda; pareciera que una turba destructora inunda de manera inconsciente cualquier destino paradisiaco con el que aún contamos.
Ojalá y esto no pase en Xcalak, ojalá y que se logre conservar para seguir disfrutando el paraíso marino que aún nos brinda.