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OPINIÓN

La historia de Marco, un adolescente migrante

Historias de la mixteca poblana. Saber inglés, ¿discriminable? Anhelos de familia. Docentes.

María Teresa Galicia Cordero

Doctora en Educación. Consultora internacional en proyectos formativos, investigadora social, formadora de docentes e impulsora permanente de procesos de construcción de ciudadanía con organizaciones sociales. Diseñadora y asesora de cursos, talleres y diplomados presenciales y en línea. Articulista en diferentes medios.

Sábado, Marzo 25, 2017

Carlos Fuentes, en la “Frontera de Cristal” escribe  que la frontera México-Estados Unidos es una enorme herida sangrante, un cuerpo enfermo habitado por hombres y mujeres que luchan por sobrevivir. La familia de Marco, un alumno al que entrevisté hace algunos años en una Junta Auxiliar de Izúcar de Matamoros,  forman parte de esos  sobrevivientes por muchas razones, no solo la económica.

 

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La familia de Marco  se ha mantenido unida ante el desprecio de los vecinos y habitantes de la misma población, ya que   en contraste con los centros urbanos, aquí en su pueblo originario, parece ser  discriminatorio hablar inglés,  como lo aseguraron Blanca y Paty, hermanas de Marco y la propia experiencia de este adolescente mixteco.

 

Según sus  hermanas y su mamá de Marco, allá  en Nueva York aunque  había una   gran variedad de culturas e idiomas representados en sus compañeros no los molestaban  por ser distintos; sus condiciones de vida eran diferentes  y sus relaciones escolares eran buenas. Aquí, su vivienda no tiene las condiciones de infraestructura adecuadas para vivir, Marco no termina de relacionarse bien ni siquiera con sus compañeros porque sus aprendizajes no son reconocidos ni estimulados y la percepción que tienen los maestros en su escuela es que es un alumno introvertido y difícil.

 

El proceso de escolarización de Marco según su relato, fue muy amable en “Puebla York”, nombre coloquial que usan los  migrantes poblanos para referirse a esa ciudad cosmopolita, empezando porque su mamá,  doña Mago, no tuvo ningún problema para inscribir a sus hijos, en el sistema educativo norteamericano:

 

“.Me dijeron que si,  que no había ningún problema,  que  lo que quiere el gobierno de allá es que estudie el niño,  no importa que sea americano o que sea de otro lado, entonces  lo inscribieron.  Me encontré a una maestra muy buena gente que  hablaba español. También ya ve que allá en Nueva York, en esa época,  eran pocos  que hablaban español, no, no me acuerdo , la verdad no, ahora no .Ella hablaba con el director de allá y  pues con ayuda de ella nos comunicábamos. Nosotros también y  poco a poco fuimos  fueron resolviendo  todo. De mis niñas, una entró a tercero y otra entró a cuarto de primaria. Marco entró a prekinder,  porque allí  le nombran a prekinder  primero...”

…”Los maestros  todos eran buenas gentes y no había eso, la discriminación,  todo era igual. Yo   no me  podía comunicar  con ellos porque no hablaba inglés, pero algo que no le entendía  llamaba a una maestra Mary  y ella se arrimaba y   lo que me decía la maestra pues me lo decía a mí y ella yo le decía lo que yo le tenía que decir a la maestra, ella era nuestra intérprete...”

 

Las hermanas de Marco, Paty y Blanca  recuerdan a la escuela a la que asistían muy diferente a las que existen en su comunidad, especialmente en infraestructura, materiales, apoyos, actividades y actitudes de los maestros En el relato de Marco, también se vislumbra esa percepción:

 

Porque era grande, con muchos espacios, enseñan bien y yo aprendía, en la escuela había computadoras, había muchas bibliotecas, uno como cine donde nos pasaban películas diferentes, deportes, como reportajes, muchos maestros y donde comíamos. La escuela de  acá no puede parecerse  tanto, porque no se puede;   pero tal vez,  si  enseñaran más bien los  maestros, fueran más buenos  es decir, que sepan muy bien lo que enseñan, que nos ayuden cuando no entendamos o nos retrasemos y que también nos dieran  las cosas que necesitamos para que   aprendamos mejor..”

 

Las experiencias de Marco, no sólo con sus maestros, también con sus compañeros no han sido buenas, su comportamiento era percibido como arrogante y conflictivo, solo  le gustaba jugar fútbol y  poco se integraba con sus compañeros:

 

Su maestra de inglés comentó que era difícil, de esos niños que nada les gusta y que siempre están a la defensiva, que nunca está atento y que era agresivo. En el transcurso de la investigación se fue descubriendo que la maestra no dominaba el inglés y que Marco en clase, intentaba corregirle. 

 

Marco relata su experiencia los primeros días en la escuela de su comunidad:

 

“Desde que llegué todo estuvo mal,  pues fue como si mi cabeza no quisiera entender, nadie me hacía caso, estaba alejado de todos y no podía ni platicar con los otros niños,  de hecho tuve que aprender español porque yo sabía inglés. Pero nadie me ayudó, los  maestros me decían que  tenía que mejorar si no iba a reprobar y  regresar a segundo de primaria, Por eso, de allá extraño muchas cosas, en la escuela estaba más seguro, no  acá no, me siento algo  mal,  todavía hasta ahora algo. Allá los maestros me trataban bien, si, en todos los años”.

 

Por  lo  acontecido en   su experiencia personal y escolar, explica de alguna manera  la expectativa de Marco de regresar  allá, como su mamá lo afirma:

 

“Pues yo lo único que le puedo decir ahora es,  mira hijo,  pues sigue estudiando y ya algún día y a la mejor creces y tú te puedas ir. A la mejor tu si regresas porque todavía  estas chamaquito,  va a llegar el día que  vas a crecer y  a la mejor regresas. Él me contesta que no, que mejor ahora,   no le gusta aquí, aquí  se pegan y recuerda  que allá no le permiten eso,  y dice  que eso le molesta. Allá  los hacen creer que son como familias que no se deben de pegar y  que no se deben de hacer maldades,   yo creo que eso es  lo que extraña”

 

Tal vez, como justificación a la falta de adaptación de Marco a la vida escolar mexicana, la señora Margarita sigue tocando el tema de la actitud de los maestros de manera reiterada:

 

“El  maestro me decía que  pues nada más se me queda viendo o se queda viendo a los niños y que no  escribía nada. Fui a hablar  con el maestro y le dije: -Maestro, yo lo acabo de traer de Estados Unidos  y el niño no sabe nada de español, sabe hablar algo, pero no le sabe escribir-. Hasta ahí fue cuando  el maestro le ayudó algo también y si aprendió.  Ahorita gracias a Dios,  le entiende algo más, aunque sea algo para que no repruebe en la escuela, le cuesta  todavía  y el inglés no.

 

Lo que confirma lo que la maestra en otro momento me comentó, las dificultades que se tienen  en la enseñanza del inglés al interior de las escuelas de la región. Al usar el inglés en la vida cotidiana, el uso comunicativo y funcional  en la enseñanza de una lengua se cumple, pero  no  al interior de las aulas.

 

Las familias de los  estudiantes de la comunidad son quizás las mejores evaluadoras de la calidad de nuestro sistema educativo, sobre todo cuando están relacionados con  los aprendizajes significativos  que reciben. En  la familia de Marco existe inconformidad ante lo que se les ofrece, como si no fuera posible cambiar las cosas de la educación que reciben aquí en su país, porque ya todo está hecho y sigue igual. Para Marco,  la única perspectiva para mejorar es volverse a ir, como sea, pero irse nuevamente para allá.

 

La vida de Marco es  sólo una,  entre las muchas que podemos encontrar en la región, es cierto que bien  poco podemos hacer para cambiar su vida familiar, sobre todo en lo relacionado a su contexto  socioeconómico, pero no encuentro ningún obstáculo para el diseño de estrategias educativas pertinentes para atender de manera significativa a este estudiante.

 

La historia de este adolescente mixteco  es la historia de sus relaciones personales  escolares, en donde su experiencia traspasa los muros escolares. Sobresale en esta historia de vida,   la importancia que tiene para los  adolescentes poblanos  la vida cotidiana en sus escuelas,  las relaciones que se dan  con sus maestros y la manera en las que se presenta la enseñanza y el aprendizaje en las aulas regionales.

 

Es sólo la muestra de un grupo altamente vulnerable que resiente de manera directa las consecuencias de la migración, en donde,  entre los cambios generados por esté fenómeno en las familias mixtecas,  los más perjudicados son los niños, adolescentes y jóvenes de familias migrantes.

 

Además, marcado por lo que los psicólogos denominan ambiente familiar, el desarrollo escolar de Marco no es el deseado, porque ese “ambiente familiar” que respiran todos los días los convierte en individuos inquietos e irritables y reduce sus niveles de sensibilidad, solidaridad y participación en las actividades de aprendizaje, que se  relaciona con el concepto comentado  en la investigación de Claudia Ramírez (2002)  hipótesis ambiental, que  sostiene que los niños  que siempre han vivido en la pobreza y cuyos padres tienen los recursos financieros más escasos, viven en ambientes familiares poco estimulantes.

 

Aunado a lo anterior, también se destaca el papel relevante que tiene el maestro en la formación de la autoestima de los niños o niñas en el aula escolar.  El relato de  Marco habla de la urgente necesidad  de  formar colectivos en las escuelas para tratar el tema de la migración, sus efectos y necesidades; así también de la ausencia de una reflexión colectiva de los maestros acerca de las problemáticas que viven los alumnos y que se refleja en los aprendizajes en sus escuelas relacionados  directamente con sus expectativas personales.

 

En el discurso  político educativo mexicano  se viene afirmando desde hace tiempo  que es necesaria la enseñanza del inglés desde los niveles básicos, pero paradójicamente hasta ahora, el hablar inglés no es motivo de aprecio o de admiración en los  medios  rurales, al contrario, es motivo de discriminación y de señalamiento por sus compañeros en las escuelas o por las personas de las comunidad.  El sistema educativo en su conjunto  sigue siendo ajeno a las demandas específicas de este  tipo de población migrante. La oferta educativa no es diferenciada lo que  reproduce  aún más las desigualdades escolares y sociales.

 

Esta experiencia local si bien es única, puede ser el punto de partida para pensar y repensar en el diseño de un programa de formación y profesionalización de educadores que trabajen con alumnos migrantes, que vinculen la escuela, la comunidad y  los padres de familia, para que a partir de experiencias locales se  generar una cultura de intercambio e información para conocer las problemáticas de los alumnos.

 

Espero que esta breve historia,  contribuya a remover los corazones y las conciencias de los decidores de la política educativa, pero sobre todo, el corazón de los maestros, ya que como Sylvia Schmelkes lo ha expresado muchas veces: “en el logro de la calidad educativa,  la diferencia puede ser el maestro”.

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