Durante décadas quienes han reivindicado su militancia en la izquierda han reproducido prácticas que le han significado calificativos de dogmaticos, sectarios, intolerantes, autoritarios y violentos. Para quienes encontraron un determinismo histórico, contradicciones, inconsistencias e inaplicabilidad, la izquierda se convirtió en un discurso hueco, retórico, con conductas antidemocráticas pasando a ser iluminados demagógicos o utópicos melancólicos, la izquierda como opción política ligada a las ideas de cambio, igualdad y equidad social se ha visto hundida en el desprestigio, la incredulidad y falta de confianza, por tanto en la negación de su propia identidad con los principios que le dieron origen.
Se ha dicho reiteradamente que ser de izquierda o estar a la izquierda - independientemente de sus luchas intestinas -sigue significando hoy en día un contenido concreto, congruencia efectiva respecto a ciertos fines y valores universales que la distinguen como corriente filosófica, política, económica y social, siendo los principales: el respeto a la dignidad humana, la equidad social, pluralidad, tolerancia, igualdad, justicia distributiva, libertad, democracia, solidaridad y defensa irrestricta de los derechos humanos.
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La izquierda partidaria desde la fundación del PRD, ha dado tumbos hacia el vacio con una caída estrepitosa, el patrimonialismo, la corrupción, el canibalismo político, desorden y falta de institucionalización partidaria, pragmatismo sin escrúpulos los ha llevado a la ruina electoral. El éxodo, transfuguismo, desbandada de dirigentes y militancia lo están convirtiendo en un “partido cascaron”, con riesgo a dejar de ser un “partido bisagra” “partido cacha votos” a un “Robusto Partido Bonsai”….triste derrotero del partido que significo una alternativa viable de izquierda para conducir al país a través de una revolución democrática pacifica.
En el marco de los adjetivos de la diversidad de izquierdas en el país, ha emergido el “Partido Movimiento”, que germino en la lucha política de AMLO, con el objeto de cambiar de rumbo con una propuesta alternativa de nación que se diferencia de la que han impulsado el PRI-PAN y que han traído como consecuencia una mayor polarización social por las asimetrías entre ricos y pobres.
Hoy el “partido movimiento” se ha convertido en Partido Político Nacional MORENA (Movimiento Regeneración Nacional) su lucha por el cambio verdadero encabezado por su líder moral y dirigente nacional (AMLO), le han generado simpatías crecientes en el electorado, así como criticas acidas a lo que se le ha denominado “candidatura anti sistémica”, “mesianismo populista”, “caudillismo autoritario” y demás epítetos negativos..
Esta condición, reflejo de una tendencia nacional, hasta ahora, coloca a MORENA, en puntero de las preferencias electorales rumbo al 2018. En esta perspectiva actores políticos de diferentes filiaciones partidarias, por la vía de los hechos manifiestan sus simpatías, trayendo consigo dos cuestionamientos centrales: que no puede recibir a “personalidades políticas” con pasado poco honorable por sus prácticas corruptas, en segundo término a quienes en su oportunismo rampante buscan ocupar puestos de representación política.
Los dirigentes de MORENA, han abierto sus puertas a todos aquellos que se pronuncien y luchen con honestidad por “un cambio de régimen, por la prosperidad del pueblo y el renacimiento de México”.
Al margen de lo que es la vida institucionalizada de MORENA, plasmada en su declaración de principios, programa y estatutos, que toda la militancia y dirigentes debe respetar, se cierne un verdadero peligro:
¿Mediante que mecanismos podrá detectar las infiltraciones que desde las elites de poder nacional, estatal y municipal han realizado y seguirán realizando para fracturar y dividir desde sus entrañas a este instituto político?
¿Qué distinción existe entre militante, simpatizante, aliado, para ocupar cargo de representación popular?
¿Qué hacer con todos aquellos políticos “desprestigiados” “oportunistas”, “chapulines”, “vividores” que toquen sus puertas con su costal de mañas a cuestas”.?
¿Bajo qué criterios definirán una política de alianzas que le permita ganar la elección presidencial?.
¿Tendrá que sumergirse en un dogmatismo y sectarismo para conservar su identidad de izquierda y ganar por si solo la elección presidencial ?.
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