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OPINIÓN

A veces, el ego, se cansa…

El acompañante de siempre. Mira hacia el pasado y hacia el futuro. Pero ahora no quiere ser yo.

Alejandra Fonseca

Psicóloga, filósofa y luchadora social, egresada de la UDLAP y BUAP. Colaboradora en varias administraciones en el ayuntamiento de Puebla en causas sociales. Autora del espacio Entre panes
 

Jueves, Marzo 2, 2017

Me saca de apuros; sabe lo que quiere y lo obtiene al precio que sea. Me salva porque me hace consciente y me da cuenta que lleva conmigo desde que nací. Quizá no igual desde el primer momento porque poco a poco se fue construyendo; era de una manera que no recuerdo y en cada paso, fue adquiriendo más cualidades y defectos, más elementos. Sumando y restando; dividiendo y multiplicando. Cada día cambia: por su volátil estado de ánimo, por su etérea energía presente en el momento, por los pendientes que no puede retrasar y presiona para sacarlos adelante, por sentirse tan “yo misma”, que ni el “yo”, ni el “misma” ya son.

Mi ego es esencial: me protege, intercede por mí conmigo misma; me da información, sabe negociar con los “otros”; y me brinda el abanico de emociones y sentimientos totales de los que soy capaz y que son más probables que posibles y van desde la alegría pasando por la felicidad, el enojo… hasta la culpa y el castigo.

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Mi ego es mi memoria. Me ayuda a recordar hasta el más mínimo detalle de experiencias que he tenido desde mi infancia. Y si se estira, me engaña con recuerdos que nunca fueron pero quise que fueran, o bien bloquea los que sí fueron y no quiero que sean. Y eso lo agradezco porque sólo quiero recordar lo que me hace bien, aunque sea mentira, porque me quiero contar la historia que me hace feliz.

Mi ego también intenta adivinar el futuro: quiere saber qué va a pasar y se adelanta al actuar de cierta manera para que las cosas salgan como quiere. Es mi fuerza, la que me sostiene donde quiero estar y me mueve hacia donde quiero ir, para estar como quiero estar.

Pero mi ego, a veces, se cansa… Días que me levanto sin ganas de ser yo. Mañanas que no quiero ser una historia lineal con secuencia. No quiero pasado ni futuro. No quiero recorrer el ciclo siendo la misma, la igual, la idéntica, la semejante; no quiero ser similar ni análoga a nada ni a nadie de lo que he sido ni lo que he querido ser: ya no quiero ser yo, ni la que creo que soy, ni la que quiero ser.

Hay jornadas que me levanto sólo por amanecer, sólo por el salir del sol, y su luz y los ruidos de la calle no me dejan perderme en el sueño de nadie; me despierto sólo porque tengo que hacerlo. Busco mi ego y está abatido. Ya no quiere. Ya no quiere ser yo. No quiere mis problemas, ni mis soluciones, ni mi lucha, ni mis victorias. No quiere mis triunfos ni mis derrotas. Quiere vivir sin esa vida de identidad, de semejanza, de coincidencia o paralelismo. Ya no quiere ser igual, ni afín, ni parecido a nada de lo que antes ya fue ni de lo que deseaba ser. Mi ego se cansó. Se cansó de ser. Ya se cansó de ser ego. Ya quiere ser inexacto, diverso, dispar, desigual, discordante. Incompatible con todo lo que fue. Disímil. No quiere ser historia, quiere soltar el pasado, los recuerdos, los planes y premoniciones. Y no quiero llamarlos “su” o “sus”. No quiere identidad ni funcionamiento, ni memoria, ni información…

Mi ego está cansado. Y en eso andamos…

 

alefonse@hotmail.com

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